“Al paciente en fase terminal se le atiende, no hay limitaciones del esfuerzo terapéutico; en bioética no hay protocolos. Hay que conjugar los conocimientos científicos con la experiencia y la prudencia; en bioética los protocolos son para quienes no saben”, destacaron los doctores Jacinto Bátiz y Carlos Ramos, miembros del Grupo de Bioética de la SEMG.

En el XXVIII Congreso que la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), que se está celebrando en Bilbao, los dos especialistas analizaron la toma de decisiones difíciles en tiempos de COVID-19 desde el ámbito asistencial.

En la pandemia, lo peor fue la soledad del paciente”, explicó Carlos Ramos. “Se corrieron muchos bulos sobre la desatención a los pacientes que  hizo que se generara una gran desconfianza. Lo cierto es que todas las personas fueron atendidas”.

“La pandemia fue el reino de los bulos; la edad no fue un criterio único para asistir al paciente. Nuestra premisa fue/es no abandonar al enfermo; nuestro enfoque fue tratarles por igual a todos”, recalcó Bátiz.

Los especialistas reconocieron que, durante la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, los facultativos tuvieron que hacer frente a situaciones muy difíciles en su práctica diaria, situaciones con las que nunca se habían topado.

Situaciones difíciles

El doctor Ramos, del Grupo de Bioética de la SEMG

El doctor Ramos, miembro del Grupo de Bioética de la SEMG.

“La ética de toma de decisiones sufrió un cambio de planteamiento por las circunstancias especiales que se dieron en la segunda y tercera ola de Covid-19 con respecto a la época pre-pandémica”, reconocieron.

Los médicos de AP se encontraron con más de 18 guías bioéticas para la toma de decisiones difíciles “de las cuales no sabíamos cuáles teníamos que aplicar”, explicó Ramos. “Tratamos de racionalizarlas y los dos planteamientos más utilizados fueron el utilitarismo y el asistencial”, apuntó Ramos.

En este sentido, se refirió al enfoque mal llamado utilitarista, “donde no prima lo económico”, sino la proporcionalidad, “aplicando el bien común en términos de años ganados y calidad de vida tras un tratamiento intensivo”.

La presencia de comorbilidades, enfermedad actual muy graves serían criterios e contra, pero todo ello sería “objetivado”, mediante diferentes escalas.

Juicio clínico

Por otro lado, la aproximación asistencial, como explicaron los dos especialistas, se centraría en el juicio clínico y, en ella, los criterios de triaje se definen como la evaluación caso a caso, basada en la condición clínica del paciente, teniendo en cuenta otros factores, como la urgencia, la gravedad de la comorbilidad, el pronostico y la voluntad del paciente (testamento vital).

“Los médicos hacemos triaje todos los días; no es algo que ha llegado tras la pandemia”, sentenciaron.
"El enfermo en fase terminal, o pacientes con deterioro cognitivo o funcional muy avanzado, no serían susceptibles de ingreso en UCI, pero quedarían a cargo de cuidados paliativos".

“La premisa es no abandonar al paciente”, sentenciaron, al tiempo que advirtieron sobre los beneficios de que las personas realicen el testamento vital, para que su voluntad sea tenida en cuenta si les llegan situaciones complicadas.

Caso a caso

Desde el punto de vista de la ética, los doctores explicaron que la toma de decisiones en el paciente Covid se tendría que llevar a cabo caso a caso, teniendo en cuenta a la covid como una enfermedad más”.

El doctor Ramos subrayó que el análisis que han llevado a cabo desde la SEMG en la toma de decisiones difíciles por la pandemia se ha centrado en la segunda y tercera ola. “A pesar de tener más conocimiento, la mortalidad y los ingresos aumentaron más que al inicio de la crisis sanitaria".

Batiz y Ramos responsables del Grupo de Bioética de la SEMG

Los doctores Carlos Ramos y Jacinto Bátiz.

Ante esta situación excepcional, tanto los pacientes como los familiares se sintieron perdidos y asustados. “A pesar de que la mayor parte de los ingresados eran dados de alta, la mortalidad también era alta. A esto se sumó la amplificación que se hizo desde los medios de comunicación. Esto incrementó la angustia de los familiares”, sostuvo.

Empatía

Desde el grupo de Bioética de la SEMG piensan que hay que aprender de las situaciones excepcionales vividas. Para ello creen que una buena estrategia es la de intentar “ofrecer información a los pacientes, no solo con trasparencia y exactitud, sino también con empatía y humanidad”.

Para lograrlo, abogan por la designación de facultativos que informen a las familias de forma reglada y para realizar las anotaciones en la parte de la historia clínica que puede ver el médico de AP, quien recibiría muchas de las preguntas de los familiares.

El estrés del profesional

Bátiz recordó también el estrés y el sufrimiento padecido por los profesionales de AP a los que se les dejó solos. “Se encontraron cerca de la muerte de sus enfermos y lejos de sus propias familias, ya que muchos no iban a sus casas para evitarles el riesgo”.

Bátiz apostilló que la soledad vivida por los sanitarios les importó poco a los responsables de la administración sanitaria; unos profesionales que se esforzaron al máximo “y se encontraron solos y abandonados”.