Bruselas (2-12-09).- Un 30 por ciento de los pacientes oncológicos participantes en una encuesta realizada en nueve países europeos “incluido España” refirieron sufrir una infección durante el curso de la quimioterapia. Casi la mitad de estos casos (46 por ciento) se asoció con neutropenia o neutropenia febril.

El estudio, titulado “Prevenir la neutropenia febril, mantenerse en la vía de la quimioterapia”, fue presentado en Bruselas y ha mostrado también que el 37 por ciento de los pacientes que sufrieron infección tuvieron por ello que retrasar su tratamiento con quimioterapia o cambiar el régimen de administración. En el estudio, patrocinado por Amgen, también participaron enfermeras: nueve de cada diez coincidieron en que la protección y prevención contra la neutropenia febril y la infección son muy relevantes para lograr los desenlaces clínicos deseados cuando el paciente recibe quimioterapia.

En total, se encuestaron a 300 pacientes y 157 enfermeras de Austria, Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Suecia, Reino Unido e Irlanda además de España. Los resultados definitivos serán presentados a principios de 2010. Como explicó el editor asociado de Annals of Oncology Matti Aapro, la neutropenia febril es una enfermedad causada por un nivel anormalmente bajo de neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco presente en el torrente sanguíneo. “Es un efecto adverso común y potencialmente peligroso de la quimioterapia mielosupresora, aumentando el riesgo infección y, en ocasiones, poniendo en peligro la vida del paciente oncológico”, advirtió. Los síntomas de la enfermedad incluyen fiebre por encima de 38º, sudoración excesiva, tos, úlceras bucales, diarrea y sensación de quemazón al orinar, entre otros.

Kay Leonard, enfermera participante en el estudio, incidió en el hecho de que la práctica clínica varía en Europa, a lo que debe sumarse la provisión limitada de fármacos para prevenir la infección neutropénica. Además, “no todos los pacientes con infección fueron vistos por su hematólogo o por su oncólogo: el 42 por ciento de los encuestados refirió que fueron visitados por otros profesionales sanitarios”.

Falta de información

Leonard señaló también que no se valora el impacto de la neutropenia en estos pacientes, con porcentajes que alcanzan el 43 por ciento de encuestados “que no recuerdan que se les haya dicho el riesgo de sufrir la enfermedad” “Los pacientes creen que no siempre se les da toda la información que podrían necesitar sobre cáncer e infección”, subrayó.

El tratamiento de la neutropenia febril se ha basado tradicionalmente en el uso de antibióticos. Sin embargo, como recordó el doctor Aapro, existe el peligro al utilizar estos fármacos de desarrollar resistencias. “En cualquier caso, la profilaxis está asociada con la reducción significativa de la neutropenia febril y la mortalidad relacionada con la infección”, aclaró.

Como recordó el experto, “otros agentes, como el factor estimulador de colonias de granulocitos (G-CSF), estimulan a la médula produciendo más neutrófilos. Debe tenerse en cuenta también que son fáciles de administrar, porque una única inyección durante todo el ciclo de quimioterapia previene el descenso de los glóbulos blancos”.

Datos de diferentes estudios han demostrado la eficacia de G-CSF como pegfilgrastim, reduciendo la gravedad y duración de la neutropenia febril en un 46 por ciento. “Una revisión estadística de 15 ensayos en los que participaron 3.182 pacientes confirmó que utilizando el fármaco aumenta también la intensidad relativa de la dosis de quimioterapia en una revisión”, concluyó Aapro.