E.P., Madrid.- La gota está lejos de ser una enfermedad extinguida. Pese a la creencia de que es una dolencia más propia "de otros tiempos", la realidad es que su prevalencia está aumentando en Occidente, engrosando una lista de enfermos que, en muchos casos, alivian sus síntomas sólo con antiinflamatorios y quedan fuera de un tratamiento adecuado. Según ha asegurado el doctor Fernando Pérez Ruiz, miembro de la Sociedad Española de Reumatología, los enfermos tardan una media de ocho años en llegar a las unidades de Reumatología y el 27 por ciento de los casi 500 pacientes que ha estudiado y tratado ya presentaba lesiones articulares o piedras de ácido úrico.

Los últimos estudios epidemiológicos arrojan que en torno al uno por ciento de la población adulta occidental padece gota. Esta prevalencia, basada fundamentalmente en población inglesa y estadounidense, es casi con toda probabilidad superior a la española, donde, según explicó Pérez Ruiz, al comer globalmente de forma más saludable, el riesgo de padecer gota es menor.

Aunque en España no existen datos epidemiológicos de gota, ya que no se puede diagnosticar con certeza sin realizar una punción de la articulación, Pérez Ruiz es rotundo al asegurar que las unidades de Reumatología española están viendo desde hace unos años muchos más casos.

Sobre este particular, este especialista lamenta que los enfermos estén mucho tiempo tratándose únicamente con antiinflamatorios y tarden años hasta que acuden a un especialista. "Se calcula que en España pasan una media de ocho años hasta que los enfermos de gota llegan a una unidad de Reumatología. Cuando lo hacen, una cuarta parte de ellos ya presenta lesiones articulares o piedras de ácido úrico", explicó.

Pérez Ruiz asegura que en la actualidad, con el tratamiento adecuado, esta dolencia se cura en prácticamente todos los casos y que en la mayoría de los casos las lesiones articulares mejoran "mucho". La pauta para estos enfermos, paralelamente a los antiinflamatorios para el dolor, son fármacos que bajen el nivel de ácido úrico de manera que los cristales se puedan disolver.