Las enfermedades renales están directamente relacionadas con las enfermedades cardiovasculares. De este modo, los factores de riesgo cardiovasculares clásicos (diabetes, hipertensión arterial, obesidad, colesterol, tabaco, etc.) son también factores de riesgo para los enfermos renales, según los expertos.

La relación entre el riñón y el corazón es fundamental, ya que la enfermedad renal forma parte de la cardiovascular y viceversa. La Enfermedad Renal Crónica (ERC) es un factor de riesgo más para los pacientes cardiacos con insuficiencia cardiaca, enfermedad coronaria, infarto agudo, etc. Del mismo modo, está comprobado que el enfermo renal tiene en un 95 por ciento de los casos HTA, en un 85 por ciento afectación cardiaca y el 53 por cinto  mueren con ERC.

Según el Dr. José María Morales, nefrólogo del Hospital 12 de Octubre de Madrid, "la enfermedad cardiovascular, más concretamente la enfermedad coronaria, es la primera causa de muerte de nuestros pacientes. Por lo tanto, en los enfermos con trasplante renal es fundamental mejorar el perfil de riesgo cardiovascular".

A pesar de que se ha logrado optimizar la supervivencia del trasplante renal a corto plazo, mejorando la técnica quirúrgica y con la aparición de nuevos fármacos inmunosupresores, la supervivencia a largo plazo del riñón trasplantado no ha mejorado sustancialmente, debido, entre otros factores, a la tasa de mortalidad cardiovascular del paciente trasplantado renal.

"Los factores de riesgo cardiovascular clásicos (HTA, hiperlemia, diabetes y obesidad), potenciado por algunos aspectos específicos del trasplante renal (la situación de insuficiencia renal y el uso de fármacos inmunosupresores), son los verdaderos responsables de que el paciente trasplantado renal sufra eventos cardiovasculares que amenacen su vida", señala el Dr. Morales.

Asimismo, "los resultados del trasplante renal han mejorado en los últimos años en España, siendo la nefropatía crónica del injerto y la muerte del paciente con trasplante funcionante las dos principales causas de pérdida del injerto".

Por todo ello, "la intervención precoz y un enfoque médico global del paciente trasplantado son las armas idóneas para mejorar la calidad de vida y disminuir la mortalidad de origen cardiovascular en este enfermo", subraya.