“Hay estadísticas que hablan de que un tercio del personal de atención primaria (AP) en España está afectado de forma severa por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) denomina síndrome del burnout (médico quemado)”, sostiene el médico rural Enrique Gavilán, en una entrevista a EL MÉDICO, coincidiendo con una conferencia ofrecida el miércoles en el Colegio de Médicos de Bizkaia al hilo de la publicación de su libro “Cuando ya no puedes más”, que con poco más de un mes en la calle esta ya en una segunda edición en marcha. El libro es un sincero relato de la crisis personal vivida por un médico de pueblo.

Hace cuatro años, indignado por el maltrato que recibe la sanidad pública decidió contar su historia, “que permaneció tres años en un cajón, hasta ahora”. A lo largo de 236 páginas narra su historia personal y sus vivencias como profesional sanitario, adobado todo en el caos organizativo y en los efectos de los recortes… que le llevaron a tomar la drástica decisión de abandonar su puesto de trabajo, “después de tantos años de estudios, de esfuerzos, de sacrificio”.

Como otros profesionales que no lo cuentan, cada jornada de Gavilán como médico de familia en dos pueblos de Extremadura donde los pacientes se sucedían como un río continuo uno detrás de otro, era un auténtico calvario. “No tenía tiempo de mirarles a los ojos, de prestarles la atención que necesitaban ni de ofrecerles todo para lo que  me había preparado”, reconoce.

La vocación y el entusiasmo iniciales, el deseo de poner a los pacientes por delante de todo, de rechazar las presiones de las farmacéuticas… “Todo eso de repente se truncó; el sistema -los recortes, privatizaciones, caos organizativo, deshumanización de la sanidad- acabó por derrotarme”. Pero él, a diferencia de otros profesionales, tuvo la fuerza necesaria para pedir ayuda y superar su hundimiento personal y su desamor con la medicina; y luego tuvo la valentía de contar su dolorosa experiencia.

¿Cómo se le ocurrió la idea del libro? ¿Qué narra en él?

Para mi, escribirlo fue una auténtica liberación; fue como mi tabla de salvación. Necesitaba ordenar mis ideas tras varios años de quemazón a nivel profesional. Me ayudó a contar lo qué había pasado en el trabajo; a dejar constancia por escrito, para no volver a caer en esa situación. Además, ante el ninguneo que someten las Administraciones públicas a la atención primaria (AP ), muchos compañeros comenzaron a rebelarse y eso me animó también. Los facultativos de AP nos sentimos decepcionados y abandonados.

Deja claro su viaje hasta el desamor hacia la figura del médico de familia.

-Sí. Acabé decepcionado, desilusionado… Estaba haciendo todo lo contrario de aquello para lo que me había formado; el día a día en la consulta me sobrepasó. Afortunadamente he conseguido revertir la situación y mis sentimientos hacia la profesión médica.

Médico por accidente, sin embargo enseguida la vocación se apoderó de usted.

Sí. Pero la triste realidad es que el sistema sanitario actual no cuenta con los médicos de AP, y menos con los rurales; las condiciones laborales cada vez son más complicadas de asumir; estamos sobrecargados y con menos recursos. Esto se vio claro en la crisis. Los recortes en AP fueron drásticos; la atención hospitalaria los sufrió pero en muchísima menor medida. Sin embargo, cuando empieza a haber un flujo económico vuelven a ignorar a la atención primaria, destinando todos los recursos a los centros hospitalarios.

Pero a los directivos y a los políticos se les llena la boca hablando maravillas de la AP e insistiendo en que es la clave para la sostenibilidad del sistema

En los últimos años han estrangulado la AP a nivel de presupuestos y los mantienen inamovibles como hace una década. La brecha entre la AP y la atención hospitalaria se agranda año a año.  Sí queremos apostar por un sanidad pública, que sea sostenible, lógico es invertir en la base del edificio, que es la AP. Eso no se está haciendo; las declaraciones políticas están vacías de contenido; no se cumplen.

Si tuviera poder de decisión, ¿qué haría para que el abatimiento de la AP rural se eliminara o al menos se suavizara, ¿más medios económicos, mejor dotación de personal…?

Hay muchos factores a tener en cuenta. El exceso en el cupo de pacientes que  tienen muchos compañeros, la frustración por no poder poner en marcha todo aquello para lo que estás preparado… Las últimas movilizaciones de los compañeros ya indicaban a las Administraciones sanitarias por dónde iban las reivindicaciones. Yo no soy gestor, soy médico; los políticos son los que tienen que tomar las medidas para que la sanidad funcione, porque en definitiva son decisiones políticas las que hay que tomar para que la atención primaria recupere el lugar que le corresponde dentro del sistema.

Calvario, pesadilla en el día a día… ¿Ejercer de médico de AP puede llevarte a padecer tal sufrimiento?

Sí. Lo sufrí cuando tuve que abandonar mi trabajo porque no podía más; yo llegué a atender en un día a 60 pacientes; otros compañeros han visto a más. Ahora estoy feliz y reconciliado con mi profesión, porque pude abandonar ese calvario, pero muchos profesionales siguen así.  El colectivo de AP continúa desmovilizado, aunque poco a poco está despertando y reivindicando nuestros derechos.

¿Cómo se vuelve a enamorar de la profesión después de haber pasado por un calvario?

Fue muy duro porque me tuve que ir a trabajar a otra Comunidad sin mi familia, pero al final los amigos, el libro -que me ayudó a sacar la quemazón que había interiorizado- hizo que mi historia haya tenido un final feliz. Ahora estoy contento escuchando a mis pacientes en un pueblo pequeño, de gente trabajadora. Me siento útil; tengo unos compañeros estupendos y he vuelto a enamorarme de mi profesión. Aunque mi situación laboral ha mejorado soy consciente de la situación de deterioro de la AP y no puedo olvidarme de los compañeros que están “quemados” en la misma situación por la que atravesé. Están formando una legión de profesionales altamente cualificados y entregados que acaban quemados, desmoralizados y despersonalizados. Es una vergüenza.

¿Qué le gustaría conseguir con su grito ‘Cuando ya no puedes más’ ?

A mi me sirvió para salir del pozo en el que me había hundido. Si me he animado a publicarlo es porque hay gente que está pasando por el mismo trance que tuve yo. Por otro lado, pienso que es positivo que la sociedad sepa esta realidad; que se hable de ello, que se conozca, porque nosotros los médicos somos personas también vulnerables que necesitamos comprensión y respeto, porque en definitiva somos personas. Hay que romper esa barrera y hablar de estos temas que nos atañen a toda la población.

¿Se acaba de creer el éxito de su publicación?

No termino de creérmelo. Soy médico y no me veo en el papel de escritor; aunque el editor tuvo claro que el libro sería un éxito en un sector reducido. Pero lo que cuento no solo atañe a los médicos, es una problemática que puede afectar a otro tipo de profesiones porque trasciende a lo que es meramente sanitario.