La enuresis infantil (escape involuntario del pis durante el sueño) “más que una enfermedad es un síntoma que manifiesta otras realidades subyacentes”, según ha manifestado la especialista Magdalena Ureta en el transcurso de un curso sobre este tema organizado por el Colegio de Enfermería de Vizcaya.

Según los últimos estudios, entre el 12 y 15 por ciento de los niños menores de seis años tienen enuresis infantil, predominantemente nocturna. La edad ideal para que el niño controle la micción es entre los dos y los tres años, y se considera que existe enuresis si existen problemas de control de la micción en niñas por encima de los cinco años y en niños mayores de seis, ya que se da un poco más de margen madurativo a los niños. Como mucho, se puede prolongar “debido a circunstancias especiales”, hasta los cuatro; si el niño no controla este aspecto después de esta edad, puede ser un indicador de que algo ocurre.

En el momento en que los padres observan el problema de la enuresis en su hijo, lo primero que se tienen que preguntar es qué puede estar fallando en su conducta con el niño, o buscar también posibles circunstancias ambientales que estén interfiriendo en el normal desarrollo del pequeño.

Cuando un niño no ha alcanzado un rol propio de la edad, “como es orinar de forma adecuada, en los momentos adecuados y en los sitios adecuados”, se considera que realmente hay causas que le han impedido madurar este aspecto o aprenderlo bien. Y es que, “cuando se analizan las causas de este problema, puede existir una predisposición genética, pero se considera que más que una enfermedad es un síntoma que manifiesta otras realidades subyacentes”, explicó Ureta.

Varias causas

Este trastorno obedece a varias causas. Entre ellas puede ocurrir que el niño esté estresado justo en la edad en la que aprende a controlar la micción, a los dos años o tres años. Hay que tener en cuenta que los niños se estresan con mucha mayor facilidad de la que normalmente se suele suponer, por presiones de los padres, expectativas paternas desproporcionadas a la edad madurativa del niño, castigos en el medio escolar, etc.

En algunos casos el origen del problema reside en un exceso de protección de los padres, que consideran que el niño no sabe o no puede controlar sus sensaciones corporales.

Tal y como afirmó Magdalena Ureta, castigar a los niños no suele conducir a nada. Además, cuando son castigados, los niños “reaccionan y en ocasiones castigan también a los padres, a su manera, como puede ser a través de la orina”.