La Organización Mundial de la Salud define a la depresión como el más común de los trastornos mentales. En nuestro país, de acuerdo con los datos de un estudio realizado por Lilly, se calcula que cerca de dos millones de españoles padecen depresión, de los que el 73% (casi 1 millón y medio) son mujeres.

La depresión es una enfermedad psiquiátrica caracterizada por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad de una persona para trabajar, estudiar, comer, dormir y disfrutar de lo que fueron actividades placenteras.

El término “depresión” se utiliza habitualmente como sinónimo de un trastorno depresivo mayor (TDM), que difiere de las experiencias emocionales normales de un estado de ánimo de tristeza, ya que sus síntomas son lo suficientemente persistentes y severos como para interferir con la capacidad de una persona para realizar actividades de la vida cotidiana.

Origen multifactorial

A lo largo de la vida de las mujeres y de los hombres existen etapas más proclives a padecer depresión. Durante la niñez apenas existen diferencias entre los dos sexos pero, a partir de los 15 años, la mujer tiene el doble de posibilidades de padecer depresión a lo largo de su vida.

En concreto, la depresión afecta a una de cada cinco mujeres y a uno de cada diez hombres. La mayor prevalencia se produce entre las mujeres de 65 a 74 años, con un 14,70% de casos, frente a sólo el 4,93% de varones afectados a esa edad.

Las causas que originan esta enfermedad tienen un origen multifactorial basado en factores genéticos, bioquímicos, hormonales, psicológicos y sociales. Los expertos aseguran que la mayor proporción de depresión entre las mujeres se debe a las situaciones de estrés que deben afrontar, como las responsabilidades del hogar, el trabajo, ser madre en solitario, el cuidado de niños y la atención a padres ancianos. Además, acontecimientos como el embarazo, el ciclo menstrual, la infertilidad, la menopausia o el puerperio generan fluctuaciones en el estado de ánimo, pudiendo alcanzar el estado de depresión.

En cuanto a los hombres, el informe asegura que tienen menos probabilidades estadísticas de padecer depresión y son más proclives a ocultarla. En el caso de mostrarla, es frecuente que la manifiesten con ira, desaliento o irritabilidad, en lugar de tristeza o desamparo. Por edades, aproximadamente un 10% de los ancianos padecen síntomas depresivos y un 2% una depresión grave. En los últimos años, el crecimiento de la población inmigrante en España ha supuesto también un aumento de los cuadros depresivos por desarraigo.

Los gallegos, los más afectados

En España es Galicia la comunidad autónoma con una mayor prevalencia de este trastorno, con un 10,33% sobre el total de la población, seguida de Asturias y Extremadura. En el lado opuesto están el País Vasco, Cantabria, La Rioja y Madrid. En general, el menor índice de depresión se registra en ciudades con más de un millón de habitantes y el porcentaje más alto se manifiesta en las poblaciones de menos de 2.000 habitantes.

¿Tristeza pasajera?

La depresión no es una tristeza pasajera, un signo de debilidad personal o una situación que se pueda mejorar con fuerza de voluntad; por el contrario, es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona y requiere tratamiento.

Los síntomas aparecen en forma de episodio que puede durar varios meses y presentarse más de una vez en la vida. Los más comunes se dividen en tres categorías, aunque actúan de forma conjunta: emocionales, ansiosos y físicos (o somáticos). En los primeros -emocionales- se engloban la tristeza, la anhedonia (incapacidad para sentir placer o felicidad en respuesta a actividades comúnmente placenteras), pérdida de interés, sentimientos de culpabilidad, síntomas de ansiedad, disminución de la capacidad de concentración y pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.

En los síntomas ansiosos, la mayoría de los pacientes deprimidos tienen cierto componente de ansiedad; presentan síntomas como irritabilidad, falta de concentración, fobias y/o alteraciones psicomotoras.

En cuanto a los síntomas físicos o somáticos, las manifestaciones orgánicas de la depresión pueden aparecen en forma de alteraciones del sueño y/o del apetito, fatiga o falta de energía. Otros síntomas físicos son dolor de cuello, hombros y espalda.