La dinámica de transmisión de la COVID-19 tras el periodo pandémico es el objetivo de un grupo de investigadores del Departamento de Inmunología y Epidemiología de la Harvard TH Chan School of Public Health, de Boston (EEUU) ya que se considera urgente entender el futuro de la transmisión del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2), o COVID-19, y para ello han llevado a cabo una investigación en la que realizan estimaciones de estacionalidad, inmunidad e inmunidad cruzada a partir de datos de series estacionales en EE. UU, de manera que se pueda establecer un modelo de transmisión de SARS-CoV-2.

El SARS-CoV-2 pertenece al género betacoronavirus, que incluye el coronavirus SARS-CoV-1, el coronavirus MERS y otros dos coronavirus humanos, HCoV. Los coronavirus SARS-CoV-1 y MERS causan enfermedades graves con tasas de letalidad aproximadas de 9 y 36% respectivamente, pero la transmisión de ambos se ha mantenido limitada.

Si bien las investigaciones sobre el espectro de enfermedades causadas por el SARS-CoV-2 están en curso, la evidencia reciente indica que la mayoría de los casos experimentan una enfermedad leve a moderada con una ocurrencia más limitada de infección grave de las vías respiratorias inferiores . Se estima que las tasas actuales de letalidad de casos de COVID-19 oscilan entre 0.6% y 3.5% lo que sugiere una gravedad menor que el SARS-CoV-1 y el MERS, pero una gravedad mayor que HCoV-OC43 y HCoV-HKU1. La alta infecciosidad cerca del comienzo de los síntomas, a menudo leves, hace que el SARS-CoV-2 sea mucho más difícil de controlar con intervenciones basadas en casos como pruebas intensivas, aislamiento y rastreo, en comparación con los coronavirus SARS-CoV-1 y MERS.

En este estudio, Stephen M. Kissler y su equipo de investigadores de la Harvard TH Chan School of Public Health,  identifican factores virales, ambientales e inmunológicos que en combinación determinarán la dinámica del SARS-CoV-2.

Utilizaron datos de Estados Unidos para crear un modelo de transmisión de betacoronavirus en regiones templadas y para proyectar la posible dinámica de la infección por SARS-CoV-2 hasta el año 2025. Después integraron los hallazgos en un modelo matemático para proyectar escenarios posibles para la transmisión del SARS-CoV-2 a través de los períodos de pandemia y pospandémica e identificaron los datos clave necesarios para determinar qué escenarios se desarrollarán.

Los autores examinan la dinámica de transmisión de COVID-19 con una variedad de esos posibles escenarios de transmisión  hasta 2025 y evaluan intervenciones no farmacéuticas que podrían mitigar la intensidad del brote actual.

Los resultados de este estudio aparecen publicados en la revista “Science” e indican que si la inmunidad al SARS-CoV-2 disminuye de la misma manera que los coronavirus relacionados, es probable que ocurran brotes recurrentes durante el invierno en los próximos años. La incidencia total de SARS-CoV-2 hasta 2025 dependerá de manera crucial de esta duración de la inmunidad y, en menor grado, de la cantidad de inmunidad cruzada que existe entre otros coronavirus humanos y SARS-CoV-2.

Los esfuerzos únicamente de distanciamiento social pueden empujar el pico epidémico del SARS-CoV-2 hasta el otoño, lo que puede exacerbar la carga de los recursos de cuidados intensivos si aumenta la transmisión durante el invierno. El distanciamiento social intermitente podría mantener la demanda de cuidados críticos dentro de los umbrales actuales, pero se requerirá una vigilancia generalizada para cronometrar las medidas de distanciamiento correctamente y evitar exceder la capacidad de cuidados críticos, afirman los autores.

Nuevas terapias, como vacunas, podrían aliviar la necesidad de un distanciamiento social estricto para mantener el control de la epidemia. En ausencia de tales intervenciones, la vigilancia y el distanciamiento intermitente pueden necesitar mantenerse en 2022, lo que representaría una carga social y económica sustancial.

Nuestros hallazgos indican datos clave necesarios para conocer la dinámica de transmisión de COVID-19 y saber cómo se desarrollará el brote actual de SARS-CoV-2. Lo más importante es que los estudios serológicos podrían indicar el grado de inmunidad de la población, si la inmunidad disminuye y a qué velocidad. En nuestro modelo, esta tasa es el modulador clave de la incidencia total de SARS-CoV-2 en los próximos años, afirma Stephen M. Kissler, autor principal del estudio, del Departamento de Inmunología y Enfermedades Infecciosas, Harvard TH Chan School of Public Health 

Los tratamientos o vacunas para el SARS-CoV-2 reducirían la duración e intensidad del distanciamiento social requerido para mantener el control de la epidemia. Los tratamientos podrían reducir la proporción de infecciones que requieren cuidados críticos y podrían reducir la duración de contagio.

Una vacuna aceleraría la acumulación de inmunidad en la población, reduciendo la duración total de la epidemia y evitando infecciones que podrían haber resultado en la necesidad de cuidados críticos
En resumen, la incidencia total de la enfermedad COVID-19 durante los próximos cinco años dependerá de manera crítica de si entra o no en circulación regular después de la onda pandémica inicial, que a su vez depende principalmente de la duración de la inmunidad

La intensidad y el momento de los brotes pandémicos y pospandémicos dependerán de la época del año en que se establezca la infección generalizada por SARS-CoV-2 y, en menor grado, de la magnitud de la variación estacional y el nivel de inmunidad cruzada que existe entre los betacoronavirus.

El modelo tendrá que adaptarse a las condiciones locales y actualizarse a medida que se disponga de datos más precisos. Se requieren urgentemente estudios serológicos longitudinales para determinar el alcance y la duración de la inmunidad al SARS-CoV-2, y la vigilancia epidemiológica debe mantenerse en los próximos años para anticipar la posibilidad de resurgimiento, concluyen los autores.