Un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de East Anglia (Reino Unido) han hecho un importante descubrimiento sobre el modo en que nuestro cerebro procesa las sensaciones del sonido y el tacto.

Su investigación, publicada este miércoles en la revista científica Cerebral Cortex, muestra cómo los diferentes sistemas sensoriales del cerebro están estrechamente interconectados, con regiones que responden al tacto y que también intervienen cuando escuchamos sonidos específicos asociados a objetos táctiles.

Descubrieron que estas áreas del cerebro pueden diferenciar entre escuchar sonidos como el de una pelota rebotando o el de un teclado escribiendo.

Aplicaciones del estudio

Se espera que la comprensión de esta área clave de la función cerebral pueda ayudar en el futuro a las personas neurodiversas o con enfermedades como la esquizofrenia o la ansiedad. Además, podría conducir a desarrollos en la computación inspirada en el cerebro y la IA.

“Sabemos que cuando oímos un sonido familiar, como el de una pelota rebotando, esperamos ver un objeto concreto. Pero lo que hemos descubierto es que también lleva al cerebro a representar lo que podría sentirse al tocar e interactuar con ese objeto. Estas expectativas pueden ayudar al cerebro a procesar la información sensorial de forma más eficiente”, ha comentado el líder del estudio, Fraser Smith.

Desarrollo de la investigación

El equipo de investigación utilizó un escáner de resonancia magnética para recoger datos de imágenes cerebrales mientras 10 participantes escuchaban los sonidos generados al interactuar con objetos. Entre ellos, botar una pelota, golpear una puerta, aplastar un papel o escribir en un teclado.

Mediante una técnica especial de obtención de imágenes llamada RMN funcional (fMRI), midieron la actividad cerebral en todo el cerebro. Utilizaron sofisticadas técnicas de análisis de aprendizaje automático para comprobar si la actividad generada en las primeras áreas táctiles del cerebro (corteza somatosensorial primaria) podía distinguir los sonidos generados por diferentes tipos de interacción con objetos (rebotar una pelota, frente a escribir en un teclado).

También realizaron un análisis similar para sonidos de control, parecidos a los utilizados en las pruebas de audición, para descartar que cualquier sonido pueda ser discriminado en esta región cerebral.

“Nuestra investigación demuestra que partes de nuestro cerebro, que se creía que sólo respondían cuando tocábamos objetos, también intervienen cuando escuchamos sonidos específicos asociados con el tacto. Esto respalda la idea de que una función clave de estas áreas cerebrales es predecir lo que podríamos experimentar a continuación, a partir de cualquier flujo sensorial disponible en ese momento”, ha comentado una de las autoras de la investigación, Kerri Bailey.