Colaborar es la palabra más repetida por todos los expertos cuando se les pregunta por el camino que se debe seguir una vez termine la fase de contención de la actual pandemia. Sin embargo, pese a este convencimiento general, no faltan las voces que apuntan a que existen reticencias geopolíticas que son difíciles de salvar. Un primer paso en ese camino de la colaboración es la creación de la Unión Europea (UE) para la Salud que pueda liderar una respuesta conjunta frente a los futuros desafíos sanitarios.

Se trata de un proyecto ambicioso en el que ya se está trabajando en el seno de la Eurocámara, así lo ha adelantado Dolors Montserrat, eurodiputada y miembro de la  Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo (ENVI).

“Esta Unión Europea para la Salud debe contemplar la dimensión tanto social como sanitaria”, ha señalado la representante española. “Gracias a la pandemia, en Europa hemos sido capaces de tener un plan conjunto de vacunación. Es la primera vez que tenemos un plan de salud comunitario, se ha reforzado la Agencia del Medicamento y vamos camino de la transformación de los sistemas sanitarios”, ha añadido.

Integrar lo social y lo sanitario

En este escenario Montserrat ha subrayado que hay que buscar un equilibrio que incluya sistemas sostenibles, con acceso a la innovación y que pongan al paciente en el centro de la estrategia europea de prevención y promoción de la salud. Para ello, la eurodiputada considera que es fundamental integrar en un mismo sistema lo social y lo sanitario para dar una respuesta conjunta.

Para la puesta en marcha de la futura Unión Europea para la Salud se debe tener la capacidad de coordinar las competencias en estas materias de todos los países miembros. “Algo que por desgracia no hemos sido capaces de hacer con la vacunación”, se lamenta.

Montserrat ha hecho estas afirmaciones en el foro internacional para periodistas que ha organizado por MSD y que ha contado con la participación de académicos, legisladores y representantes del sector biofarmacéutico. El objetivo del encuentro era debatir sobre las lecciones aprendidas que nos deja la pandemia y el camino que se debe seguir en el ámbito de la salud pública.

Unión Europea para la Salud

En el seno del mismo foro, el profesor Jeffrey Lazarus, jefe de Investigación en Sistemas de Salud del Instituto de Salud Global de Barcelona, ha respondido a la pregunta de cómo vería la creación de un departamento de salud europeo.

El especialista ha explicado que ya lo tenemos en cierto sentido con el centro de control de enfermedades y otras entidades. Pero lo esencial es poder dar respuestas a problemas importantes de salud como una pandemia y para ello es fundamental la colaboración interestatal. No podemos tener ese departamento para luego no hacerle caso, ha indicado, “es necesario que todos los países colaboren”.

El clínico ha destacado que la Unión Europea tiene una oportunidad única de tomar el liderazgo y hablar con otros países para crear algún tipo de estructura o departamento que gestione estos problemas. Como modelo de un sistema organizativo y colaborativo a imitar, el portugués apuntó a la OTAN que nació después de la Segunda Guerra Mundial con los esfuerzos coordinados de todos los países.

Falta voluntad de colaborar

A este respecto, el doctor Ricardo Baptista-Leite, miembro del Parlamento portugués y experto en enfermedades infecciosas, ha resaltado que el reto político es que todos comprendamos que necesitamos trabajar juntos, pero “no todos están dispuestos ha hacerlo”.

Lazarus también ha subrayado –aludiendo a su anterior experiencia en la OMS– que él considera que sí que estábamos preparados para esta pandemia. “Teníamos los medios, teníamos la tecnología y el conocimiento para hacer vacunas rápidas, test de detección, etcétera, pero nos faltó la voluntad de colaborar y actuar rápidamente”.

A su juicio, existe falta de visión y de solidaridad que es precisamente lo que nos ha llevado a no tener unas estrategias globales claras.

Cooperación público-privada

Por su parte, la doctora Julie Gerberding, vicepresidenta ejecutiva y directora del área de pacientes de MSD, ha destacado que si algo debemos aprender de la pandemia es que somos buenos dando una respuesta pero no después en la correspondencia.

También ha destacado la interdependencia que tenemos, en ese contexto, a su juicio, es necesario aprovechar los mecanismos existentes. Incluso, “algunos deberán ser reforzados “como es el caso de la relación de la OMS con las diferentes autoridades sanitarias, pero también se necesitan nuevas redes que se puedan concentrar en otros aspectos como la bioseguridad”, ha dicho.

De hecho, la representante de la industria farmacéutica explicó que “una de las cosas positivas  de la pandemia es que los gobiernos van a reconocer que la bioseguridad está a la altura de la seguridad nacional y que hay debemos invertir en ella con la misma filosofía”. Una inversión destinada a crear contramedidas para las familias de patógenos que podrían aparecer en un futuro.

Para ello, –ha continuado– en la industria también tenemos que aprender a cooperar con los gobiernos para suministrar medicamentos y vacunas que esperemos que no tengamos que utilizar nunca. “Esto no lo va a poder soportar el mercado, por lo que necesitamos un mecanismo que asegure el capital para poder disponer de estos medicamentos en el caso de que fuera necesario”.

El sistema Netflix de financiación

Por su parte, el miembro del parlamento portugués ha añadido que con la tecnología somos eficientes, pero que debemos repensar los procedimientos de desarrollo. A su juicio, en la logística básica estamos muy atrasados “como ha puesto de manifiesto el desarrollo de la vacuna donde la investigación y el desarrollo ha sido lo más rápido”.

Como respuesta a estas debilidades, Baptista-Leite ha sugerido que también se deben revisar las fórmulas de financiación para que todos los países puedan acceder. En este sentido ha aludido a la tecnología de Netflix como una opción a tener en cuenta.

Dicho sistema se basa en el pago de una suscripción por la que habrá quien decida no ver nada o estar las 24 horas del días pegado a la pantalla. “Se puede usar tanto como se quiera, pero la realidad nos dice que la mayoría de la gente la utiliza poco o de forma moderada por lo que es un trato justo para la compañía”.

Buscar modelos similares pueden ser beneficiosos y justos buscando el poder usar esas tecnologías frente a las crisis sanitarias. Y coordinar ese sistema es uno de los grandes retos, ha concluido.