Una nueva investigación indica que existe un mayor riesgo de muerte prematura entre los pacientes con cáncer de orofaringe cuando no es causado por el virus del papiloma humano (VPH), frente aquellos cuyos tumores son positivos para el virus, según publica ‘Cancer‘, la revista de la Sociedad Americana de Cáncer.

La evidencia reciente ha demostrado que aproximadamente el 75 por ciento de estos cánceres se deben a la infección con el VPH, un virus de transmisión sexual que se puede prevenir principalmente mediante la vacunación.

Un equipo dirigido por Danielle N. Margalit, del Centro de Cáncer Dana-Farber/ Brigham & Women’s y la Escuela de Medicina de Harvard en Boston, en Estados Unidos, diseñó un estudio para comprender mejor las causas y los riesgos de muerte prematura entre pacientes con cáncer de orofaringe y para determinar cómo difieren estos riesgos en pacientes con y sin tumores relacionados con el VPH.

El análisis de los investigadores incluyó información sobre 4.930 pacientes estadounidenses diagnosticados con cáncer de orofaringe no metastásico de 2013 a 2014, incluidos 3.560 cuyos cánceres fueron positivos para el VPH y 1.370 negativos. El seguimiento se llevó a cabo durante una media de 11 meses.

En comparación con los pacientes cuyos cánceres fueron negativos para el VPH, aquellos que fueron positivos para el papilomavirus tuvieron un menor riesgo de morir por cualquier causa en dos años y un menor riesgo de morir por cáncer de cabeza y cuello. Los pacientes que tenían cáncer de orofaringe con VPH positivo también tenían un menor riesgo de morir por otros tipos de cáncer además del cáncer de cabeza y cuello.

“El estudio es realmente revelador cuando se trata del alto riesgo de muerte entre pacientes con cáncer de orofaringe con VPH negativo –destaca la doctora Margalit–. La información puede ser útil para los médicos que atienden a los pacientes después del tratamiento, atentos no solo sobre la recurrencia del cáncer de cabeza y cuello, sino también sobre la detección de otros tipos de cáncer y las comorbilidades no cancerosas que pueden influir en el riesgo temprano de muerte del paciente, y deberían aconsejar sobre cómo abordar los factores de riesgo modificables”.