Redacción.- La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que un tercio de la población mundial, unos mil novecientos millones de personas en el planeta, puede ser portadores del bacilo de la tuberculosis, y se calcula que en España el el 29 por ciento de la población está infectada. Cada año se producen en todo el mundo unos ocho millones de nuevos enfermos de tuberculosis, cifrándose en tres millones el número de muertes anuales a causa de la citada enfermedad.

Hasta tal punto inquietan estas cifras, y, lo que es peor, su progresión de año en año, que muchos expertos, como el doctor Rafael Vidal Pla, miembro del área de trabajo sobre tuberculosis de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), consideran a este germen como "el más mortífero de todos cuantos hayan existido antes, superior incluso al que causa el sida". "Y es que, según Vidal Pla, ni siquiera en el siglo XIX, cuando la tuberculosis pareció ocasionar más estragos en el mundo, la enfermedad llegó a alcanzar la dimensión actual, ya que a causa del crecimiento de la población mundial, nunca había habido en el mundo tantos enfermos tuberculosos como ahora."

Es frecuente creer que el fuerte resurgir de la tuberculosis está directamente relacionado con el sida. Sin embargo, esto sólo es así en parte. En España, concretamente, "sólo el 50 por ciento del incremento de los últimos años es atribuible al virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)", ha señalado el doctor Vidal Pla. El resto, añade el experto de la SEPAR, "se debe al relajamiento de la política de control sobre esta enfermedad infecciosa durante décadas, cuando se pensaba que estaba prácticamente extinguida, y también, aunque quizá en menor medida, a que los tratamientos son muchas veces administrados por médicos que desconocen cómo tienen que actuar frente a esta enfermedad."

Otros factores que, en opinión del citado especialista, influyen considerablemente en la diseminación del bacilo de la tuberculosis es que generalmente ataca a población marginada, poco dispuesta a acatar la larga pauta de tratamiento que exige la curación y a las fuertes corrientes migratorias desde países pobres con alta prevalencia, hacia otros que ya tenían más controlada la enfermedad.

Según indican los expertos, el tratamiento convencional de la tuberculosis suele tener una duración de seis meses en todos los países desarrollados, desde 1980. Durante este período de tiempo se utiliza una combinación de tres fármacos antituberculosos durante los dos primeros meses, y sólo de dos de ellos, el resto del tiempo.

Si la terapia se realiza correctamente y no aparecen resistencias, puede decirse que la curación del paciente está garantizada casi en el cien por cien de los casos. Sin embargo, si el tratamiento no se continúa de principio a fin, la enfermedad no se cura y, lo que es peor, el afectado se convierte en un foco de contagio para los demás, e incluso puede provocar la aparición de resistencias a alguno de los medicamentos, y contagiar un tipo de tuberculosis resistente, más grave y difícil de tratar.

Recomendaciones de la OMS

En este sentido y para conseguir un mejor cumplimiento, la OMS está recomendando y potenciando la utilización de una nueva estrategia terapéutica preventiva conocida por las siglas DOTS (tratamientos directamente supervisados, con personal sanitario que observa la toma diaria de la medicación).Sus destinatarios son determinados grupos de pacientes, tales como marginados sociales o pacientes con VIH, o potenciales incumplidores.También es importante tomar medidas preventivas en algunos grupos de personas predispuestas, principalmente en los que han estado en contacto continuado e intenso con enfermos.

No obstante, y como señala el doctor Vidal Pla, "es preciso insistir que estas pautas terapéuticas recomendadas por la OMS tienen como fin prevenir pero no curar la tuberculosis, para lo que se necesita un mínimo de seis meses de tratamiento".