La Sanidad Penitenciaria sigue siendo una de las grandes desconocidas, no solo para la población general, sino incluso para los propios profesionales. Sin embargo, la realidad es que las personas que son atendidas en las cárceles españolas son las mismas que antes y después de esta etapa de su vida visitarán las consultas de los médicos de Atención Primaria. Al fin y al cabo los centros penitenciarios no son lugares estancos, sino lugares de paso.

Aunque las personas y las patologías pueden ser las mismas, la Sanidad Penitenciaria tiene sus peculiaridades y sus ventajas. En concreto, el hecho de que sea una población más controlada, permite que muchas patologías se detecten y traten de forma más eficiente. Cabe recordar que según el artículo 214 del Reglamento Penitenciario “todos los internos, a su ingreso en el Establecimiento, serán examinados por un médico”. El reconocimiento se llevará además a cabo durante las primeras veinticuatro horas a partir del ingreso. Por otra parte, el mismo artículo establece que “del resultado se dejará constancia en el Libro de ingresos y en la historia clínica individual que deberá serle abierta a todo interno”, para su seguimiento.

Sin embargo, lo más destacado no es solo el acceso a los pacientes, sino la estructura de la propia Sanidad Penitenciaria, que se basa en una serie de programas muy sistematizados, que no todos los profesionales conocen, y que han sido protagonistas de una de las mesas de debate del 41 Congreso Nacional de Semergen.

Programas sanitarios específicos

Como explicaba Federico Pérez Agudo, facultativo de Sanidad Penitenciaria del Ministerio del Interior, “las patologías que tratamos en la Sanidad Penitenciaria son las mismas que trata el médico de Atención Primaria”. Pese a ello, los programas de asistencia sanitaria se centran especialmente en aquellas patologías más prevalentes de esta población, como  las enfermedades infecciosas, las enfermedades psiquiátricas, toxicomanías o afecciones cardiovasculares. “Se trata de programas sanitarios muy potentes y específicos”, aporta Pérez Agudo.

Respecto al inicio de los mismos, es destacable que “a todos los pacientes, cuando entran en un centro penitenciario, se le hace una determinación analítica, serología de VIH, de hepatitis B y C, ITS, etc., son pruebas de screening que permiten un rápido diagnóstico y que hace que se inicie de forma precoz un tratamiento que ya alcanza un índice de curación del 97 por ciento”, siendo especialmente eficaces los programas de hepatitis C, que han conseguido mejores cifras de curación que la población general, precisamente por la capacidad diagnóstica.

Asimismo, según datos del Grupo de Estudio del SIDA de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Gesida),  se  espera alcanzar en 2020 el objetivo 90-90-90 propuesto por ONUSIDA, que consiste según el experto,  “en tener el 90 por ciento de la población diagnosticada, el 90 por ciento con tratamiento antirretroviral y el 90 por ciento de supresión viral”. Por el momento, según los datos de las Naciones Unidades, el 82 por ciento de la población española con VIH estaba diagnosticada, el 92 por ciento ya recibía tratamiento y la supresión viral se alcanzaba en el 88 por ciento de los casos. “En la población penitenciaria estas cifras están superadas, alcanzando el 95-90-88, es decir, mucho más de la media nacional y aún más de lo propuesto por ONUSIDA”, continúa Federico Pérez Agudo.

Una desconexión en la atención sanitaria

Por otra parte, no hay que olvidar que este paciente que ha sido tratado en la Sanidad Penitenciaria vuelve a su vida fuera de la cárcel y sigue siendo un paciente del Sistema Nacional de Salud,  por lo que tiene que continuar igualmente los tratamientos iniciados. Pese a ello, uno de los grandes hándicaps es la desconexión actual entre la Sanidad penitenciaria y la Sanidad de estos pacientes cuando están en libertad.  Más allá de las diferencias que existen entre los propios profesionales, gran parte de la problemática es que ni si quiera los sistemas sanitarios están conectados.

“Muchas veces encontramos dificultades, por ejemplo, ante un paciente  que estamos tratando de una patología mental, para poder dar ciertas pautas o información sobre su seguimiento a su centro de salud de referencia”, cosa que sí ocurre por ejemplo entre niveles asistenciales, como Atención Primaria y Hospitalaria, insiste el facultativo de Sanidad Penitenciaria.

En este sentido los expertos concluyen que el paciente siempre pertenece al mismo sistema sanitario, y que simplemente es atendido por diferentes organismos, pero que toda la información del mismo debería estar siempre conectada entre sí, para poder ofrecer la mejor calidad asistencial posible.