Cada vez más personas viven solas y las que lo hacen en familia, ya no cuentan con los mismos miembros de antes. Esta cuestión supone también un reto a la hora de abordar los cuidados informales y por tanto, pone a estas personas en un mayor riesgo ante la falta de recursos para la dependencia.

Sobre esta cuestión se ha debatido durante las XXXVIII Jornadas de Economía de la Salud en Las Palmas de Gran Canaria, en la que se ha dado a conocer que una reciente investigación del Grupo de I+D+i en Economía de la Salud de la Universidad de Cantabria (GIECONPSALUD) resalta la importancia de la soledad como nuevo riesgo asociado a las enfermedades crónicas, que ocasionan un 70% por ciento del gasto sanitario.

Al respecto, Fernando Sánchez, del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Murcia, insistía en la idea de que  en un contexto de envejecimiento de la población y de reducción del número de componentes de las unidades familiares, “cada vez menos personas estarán en condiciones de ser cuidadores informales” .

Por ello, y sobre todo ante el incremento de personas mayores que viven solas, ve “cada vez más necesario” un apoyo institucional y de desarrollo de servicios públicos en estos campos e insta a las comunidades autónomas a “plantearse” el “volver a reactivar” el gasto en dependencia para “dotar de más recursos” no sólo en lo estrictamente asistencial, sino también en aspectos como la atención domiciliaria o los centros de día.

Una inversión y no un gasto

Los diferentes expertos en Economía de la Salud participantes en este foro coincidían en remarcar que las políticas de atención a la Dependencia deben ser vistas  como una inversión en salud e instan al nuevo Gobierno a aprovechar el nuevo ciclo económico para incrementar los recursos para el desarrollo efectivo de la Ley de Dependencia, que quedó aparcado con la crisis.

En concreto, Álvaro Hidalgo, de la Universidad de Castilla-La Mancha, ha advertido de que “la dependencia va asociada a la cronicidad y al envejecimiento”,  y ha subrayado que habrá “muchísima” población de más de 65 años en 2050. Por ello recomienda  inversiones en salud pública, prevención o los programas de educación en hábitos saludables, que permiten “retrasar” las enfermedades crónicas y disminuir la tasa de dependientes, objetivos que contribuyen por un lado a aumentar la calidad de vida y por otro a ayudar a que el sistema sea sostenible.