Expertos reunidos durante el Encuentro Digital Profesionales ¿Cómo mejorar la asistencia sanitaria en la pandemia?, organizado por la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), con la colaboración de Janssen, han analizado las dos olas de la pandemia. Entre las conclusiones están que en esta segunda el número de pacientes está siendo similar a la primera, aunque con un crecimiento que no es exponencial. Otra apunta a que, a pesar de la mejor adaptación y organización, esta ha tenido un componente demasiado grande de improvisación, destacando como tareas pendientes la predicción y preparación para el siguiente brote o pandemia, así como la investigación en fisiopatología y manejo de la infección.

Así, y como destacaba en el encuentro, Miguel Sánchez García, jefe de Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Clínico San Carlos, “en la primera ola, nos enfrentamos a una demanda nunca conocida, que puso a prueba la capacidad de adaptarnos, mientras que en la actualidad muchos menos pacientes están ingresando y contamos con más disponibilidad de camas”.

Tal y como ha señalado, de hecho, el número de pacientes está siendo similar a la primera ola, “pero la situación es diferente, ya que en la actualidad el crecimiento de casos no es exponencial y nos permite adaptarnos mejor. Esto hecho, junto al aprendizaje adquirido, está repercutiendo en una mejor organización”.

Momentos muy duros en Urgencias

Por su parte Luis Díaz Izquierdo, del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Severo Ochoa, afirmaba que “en la primera ola, sufrimos momentos muy duros porque no teníamos capacidad para atender a todos los pacientes, las medidas de protección con las que contábamos eran insuficientes, los protocolos estaban alejados de la realidad y teníamos sobre presiones con relación a los criterios que utilizaban para hospitalización y traslado a cama UCI”.  Tal fue la situación, que este experto explica que, en su hospital, “el 26 de marzo tuvimos 326 pacientes en Urgencias, cifra que triplicaba la capacidad de Urgencias del centro”.

En la actualidad, Luis Díaz Izquierdo hace hincapié en que “nos hemos ido adaptando con flexibilidad” y destaca como importante “la división de la Urgencia en dos circuitos aislados, uno para COVID-19 y el otro para pacientes no COVID-19 para una mejor atención y organización y garantizar la seguridad de los pacientes frente a la infección”.

Medicina Intensiva

Respecto a la adaptación de los servicios de Medicina Intensiva, Miguel Sánchez García explica que “en el caso de Madrid, hubo un aumento aproximadamente del 300% de la capacidad habitual, pasando de 600 a 1.800 camas de UCI. Ello se consiguió instalando camas de este tipo en áreas de recuperación quirúrgica y de procedimientos con sedación, como endoscopias, unidades de cuidados intermedios, quirófanos, unidades coronarias y áreas no sanitarias, mediante la contratación de personal sanitario e incorporación de profesionales de otras especialidades, con la compra de equipamiento (respiradores), de fungible/ consumible (EPI, tubuladoras) y con el uso de medicaciones off-label, como antirretrovirales y cloroquina”.

No obstante, según este experto, “si bien las dimensiones de la pandemia superan la capacidad de respuesta de cualquier sistema sanitario, la adaptación realizada ha tenido un componente demasiado grande de improvisación, destacando como tareas pendientes la predicción y preparación para el siguiente brote o pandemia, así como la investigación en fisiopatología y manejo de la infección”.

Pacientes no COVID

Pero la pandemia ha conllevado muchas dificultades también en la atención sanitaria a pacientes no COVID-19, para lo que los profesionales se han tenido que adaptar igualmente. Para Pedro Jaén, presidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), “la pandemia ha supuesto demora en la asistencia a los pacientes no COVID-19, dudas en la gestión adecuada de recursos, necesidad de mejora en la eficiencia del sistema, reticencias para acudir a los centros por temor a la infección, diagnósticos tardíos y aumento de pacientes con mal pronóstico”.

Como ejemplo, el presidente de la AEDV destaca el caso del melanoma: “Mientras que la supervivencia al melanoma está por encima del 85%, estimando que detectarlo 30 días más tarde la supervivencia se reduce al 79% a los cinco años y al 71% a los 10 años, podemos considerar que el efecto de la pandemia sobre esta ha sido muy considerable”.

En esta adaptación, en este sentido, la telemedicina debe suponer una herramienta eficiente. En el caso de las patologías dermatológicas, la teledermatología supone una herramienta importante de interconsulta entre Atención Primaria y Especializada y seguimiento de pacientes en estos tiempos de pandemia.

Grupos de riesgo

Por otra parte, pacientes con ciertas patologías se han visto más afectados por el COVID-19, suponiendo grupos de riesgo importante. Es el caso de las patologías hematológicas, “de forma que en la primera ola de la pandemia un tercio de pacientes hematológicos fallecieron a consecuencia del COVID-19, una tasa de mortalidad por encima de lo registrado en otro tipo de enfermedades”, afirma Ramón García Sanz, presidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH). “En la segunda ola, no obstante, se ha conseguido una menor tasa de contagios en estos pacientes”.

Para la seguridad de estos pacientes, Ramón García Sanz, que es jefe del Laboratorio de Histocompatibilidad y Biología Molecular del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario de Salamanca, hace hincapié en la importancia que tiene la separación de circuitos en el Servicio de Hematología y Hemoterapia, tal y como se llevó a cabo en su centro: “dividimos a pacientes en COVID-19 y no COVID-19, a través de conocer si había síntomas o no en el primer momento, cuando a penas disponíamos de test, y a través de PCR después. Igualmente, tuvimos especial cuidado en la identificación de la infección en los profesionales del Servicio, para evitar el contagio en el Hospital”.

La importancia de los traslados en la pandemia

Con la saturación de muchos hospitales, los traslados entre centros fueron fundamentales en la primera ola de la pandemia. En el caso de la Urgencia, Luis Díaz Izquierdo explica que “hubo un antes y un después con la posibilidad de derivar pacientes al Hospital de IFEMA, habiendo trasladado incluso 50 al día”. En cuanto al traslado de una UCI de un hospital a otro, Miguel Sánchez García destaca “que cuanto más tarda un paciente COVID-19 en recibir los cuidados intensivos que requiere peor es el pronóstico, por lo que en la Comunidad de Madrid se coordinaron estos traslados entre centros mediante un servicio de mensajería instantánea entre el grupo de jefes de Servicio, de Sección y médicos adjuntos, de forma que se hacía la solicitud al Grupo, denominado Madrid COVID Tétrix, se realizaba oferta de cama por parte del hospital que contaba con ella y se enviaba un mensaje al SUMMA para llevar a cabo el traslado cuanto antes”.

Para ello, el trabajo realizado por el SUMMA fue crucial. “Traslados que eran muy complicados, pues el 86% de los pacientes trasladados llevaba ventilación mecánica y, aunque se registraron incidencias durante los traslados en el 30,6% de los pacientes, éstos fueron leves y sin repercusión en el pronóstico. La tasa de mortalidad en pacientes COVID-19 trasladados y no trasladados ha sido la misma”, explica Miguel Sánchez García. En total, durante la primera ola de la pandemia fueron trasladados en la Comunidad de Madrid un total de 196 pacientes UCI.

La labor de las sociedades científicas, fundamental

En el encuentro se ha puesto también de manifiesto que la formación y la publicación de recomendaciones han sido dos de las funciones clave que las sociedades científicas han cubierto durante la pandemia. El presidente de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH) destacaba, además, “la colaboración entre sociedades científicas de diferentes especialidades” y ha puesto como ejemplos, entre otros, “el Congreso Nacional COVID-19 en el que participaron 55 sociedades, la publicación de posicionamientos conjuntos y el proyecto que la SEHH está llevando a cabo en colaboración con otras organizaciones para cuantificar el impacto que ha tenido en pacientes con cáncer en cuanto a diagnóstico, tratamiento y seguimiento”.