Explorar las nuevas posibilidades que abre el ARN mensajero para tratar patologías previamente intratables y el futuro y posibilidad que brinda la medicina personalizada, los biomarcadores y el estudio de la genómica, han sido los temas centrales de debate de la primera edición de ‘Esto es ciencia, no ficción’, iniciativa impulsada por Pfizer.

No obstante, la crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha supuesto un importante salto en el desarrollo de tratamientos médicos y científicos. Uno de ellos ha sido la creación de las vacunas de ARN mensajero para luchar contra el SARS-CoV-2. Sin embargo, su rápido desarrollo y lanzamiento no hubiera sido posible de no haber contado con años previos de investigación de esta nueva tecnología. De hecho, el ARN mensajero no solo es útil para la producción de vacunas, sino que presenta un amplio abanico de posibilidades para enfermedades raras, oncológicas e infecciosas.

Así lo ponía de manifiesto Ángel Carracedo, coordinador del Grupo de Medicina Genómica de la Universidad de Santiago de Compostela. Según el mismo, la medicina personalizada tendrá una gran implicación en la medicina preventiva del futuro. En concreto, permitiendo identificar a aquellos grupos de personas con más probabilidades de padecer una patología, normalmente crónica. De esta forma, será posible abordar estas enfermedades en sus estadios iniciales, o incluso antes de que lleguen a desarrollarse.

Posibilidades del ARN mensajero a corto plazo

En este evento participaba también Uwe Schoenbeck, director científico, External Research and Development Innovation y vicepresidente senior de Worldwide Research and Development de Pfizer. Según el mismo, las claves para la investigación y el desarrollo de nuevos abordajes terapéuticos con ARN mensajero pasan, en primer lugar, por seguir invirtiendo en investigación. Estos pueden ser claves en nuevas cepas de COVID-19, pero también es necesario expandir el portfolio de vacunas de ARN mensajero a otras enfermedades infecciosas. Es el caso de la gripe o el herpes zóster, entre otras. Sin embargo, también es posible el abordaje de otras áreas terapéuticas como, por ejemplo, las enfermedades raras genéticas.

“Esta tecnología es muy versátil y abre un gran abanico de posibilidades de tratamientos para muchas áreas terapéuticas: vacunas, oncología, enfermedades raras y,  potencialmente, en patologías más prevalentes como las enfermedades inflamatorias y cardiovasculares”, ha recalcado Schoenbeck.