Problemas en la función sexual, infertilidad, más riesgo de osteoporosis e incluso, una posible incidencia en los factores de riesgo de cáncer de mama. Esas son las advertencias sobre la hiperprolactinemia iatrogénica que Ángel Luis Montejo, director científico de la Asociación Española de Sexualidad y Salud Mental (AESEXSAME) ponía de manifiesto en la presentación del "Consenso multidisciplinar sobre las recomendaciones terapéuticas para la hiperprolactinemia iatrogénica secundaria a antipsicóticos", que han firmado 15 psiquiatras, pero también otros especialistas como endocrinos, reumatólogos y oncólogos, con el aval científico de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y el apoyo de la Alianza Otsuka-Lundbeck.

Según  el consenso, la hiperprolactinemia inducida por antipsicóticos, es decir el aumento de los niveles de prolactina en sangre, debido al mecanismo de acción de inhibición de la dopamina de algunos fármacos,  es un problema que se observa hasta en un 90 por ciento de las mujeres y en un 70 por ciento de los hombres. Entre sus repercusiones a corto plazo destaca la amenorrea, la galactorrea, la ginecomastia o la disfunción sexual y a largo plazo la osteoporosis, prolactinoma y riesgo cardiovascular. Incluso, como exponía Juan Jesús Cruz, jefe de Servicio de Oncología en el Hospital Clínico Universitario de Salamanca, podría ser un factor de riesgo en el cáncer de mama, aunque los estudios aún son contradictorios al respecto.

Tal y como exponía María Teresa Mories, en el mismo centro, "la causa más frecuente de hiperprolactinemia es el uso de fármacos y entre ellos los antipsicóticos", por lo que es clave hacer un seguimiento del paciente, y en caso de que los niveles estén alterados en más de 50ng/ml tomar medidas. "Lo recomendable es medir los niveles de prolactina antes del tratamiento, y si estos se alteran, descartar casos de macroprolactina, embarazo, o hipotiroidismo".

En caso de que estos niveles estén alterados, el consenso propone hacer un cambio, siempre paulatino, del antipsicótico. En el caso de que el cambio no sea posible, se recomienda ajustar la dosis y considerar la adición de aripiprazol, que es uno de los antipsicóticos que menos se asocian a los aumentos de prolactina, incluso habiendo datos en los que reduce los niveles previos al tratamiento.

Pacientes jóvenes

Otra de las cuestiones que expresaba Ángel Luis Montejo es que existe un importante tabú en torno a la salud sexual de los pacientes de salud mental, especialmente los psicóticos. El experto recordaba que estos tratamientos se inician muchas veces en pacientes jóvenes por lo que "el 36 por ciento de los hombres y el 20 por ciento de las mujeres se hallan en riesgo de abandonar el tratamiento antipsicótico debido a la disfunción sexual".

Todo ello además, teniendo en cuenta que una parte importante de los pacientes sí declara tener vida sexual o que esta es importante para ellos, "lo que pasa es que generalmente su psiquiatra no aborda este tema", cuando según Montejo "es una parte importante en la evolución del paciente,  la idea de que puedan crear vínculos y cercanía con otras personas". Por lo que en estos casos, según el experto, es recomendable buscar como primera opción un tratamiento que no afecta a las funciones sexuales, para mejorar tanto la calidad de vida de los pacientes, como la adherencia.  En todo caso, según el experto, la clave está en mejorar la comunicación con el paciente y advertirle de los pros y los contras de cada tratamiento, para que sea parte activa en la elección del mismo.

Asimismo, Javier del Pino, reumatólogo en el Hospital Clínico Universitario de Salamanca insistía en que "hay datos de que existe pérdida mineral ósea en estos pacientes", lo que es especialmente preocupante en pacientes menores de 25 años que aún están formando hueso.