E.P.- Los autores de un nuevo estudio, publicado esta semana en la última edición de la revista The Lancet (Lancet 2003; 361: 717-25) y dirigido por especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), describen los principales factores personales y de salud pública que deberían abordarse para lograr una reducción a la mitad del problema global de las afecciones cardiovasculares.

Una presión sanguínea sistólica por encima de los 115 mmHg supone dos tercios de los casos de infarto cerebral y casi la mitad de las enfermedades por infarto isquémico. El colesterol elevado es otro factor principal de riesgo: en concentraciones superiores a los 146,68 mg/dL, constituye alrededor de 18 por ciento de los infartos cerebrales y un 55 por ciento de las afecciones debidas a infarto isquémico.

Los autores del nuevo trabajo evaluaron la rentabilidad de implementar intervenciones a gran escala para reducir la muerte y la discapacidad producidas por las enfermedades cardiovasculares en el mundo.

En total, se evaluaron 17 factores personales y no personales, que podrían afectar a la reducción de las enfermedades cardiovasculares. Las intervenciones sanitarias no personales, incluyen campañas educativas en los medios de comunicación masivos, centradas en la reducción de la presión sanguínea, el colesterol y el peso corporal, e incluso acuerdos voluntarios de reducción en contenidos de sal y una adecuada información sobre el contenido en sal de los productos de los alimentos procesados.

En las intervenciones personales se incluyen la detección y tratamiento de personas con altas concentraciones de colesterol, el tratamiento de personas con hipertensión sistólica, el tratamiento tanto de la elevada presión sanguínea y el colesterol alto y el tratamiento de individuos según su riesgo absoluto de un evento cardiovascular en los próximos 10 años.