Antonio Morente. Sevilla.- El gerente es la cabeza visible de un hospital desde la que se marcan las directrices para alcanzar unos resultados, un cargo singular que, en consonancia, debe contar con un sistema de incentivos también singular. Al hilo de esta afirmación, el Departamento de Economía de la Empresa de la Universidad Autónoma de Barcelona ha diseñado un modelo de incentivos a la gestión hospitalaria que pasa por la comparativa con una serie de hospitales de referencia, elaborándose una media en cuanto a objetivos a cumplir que debe alcanzar el gerente de cada centro.

Los autores del estudio (Diego Prior y Jordi Surroca) definen el modelo de una manera muy sencilla: "la remuneración de un gerente concreto se establece en función de las diferencias de resultados existentes entre el hospital al que éste pertenece y los hospitales más eficientes del sistema". El trabajo que han elaborado proporciona una herramienta basada en el análisis envolvente de datos que sirve para negociar el establecimiento de objetivos de eficiencia.

La clave del sistema está en la negociación que debe establecerse entre la autoridad sanitaria y los gerentes hospitalarios para determinar cuáles son los objetivos a alcanzar, lo que se traduce en establecer qué hospitales pueden servir de referencia para establecer los incentivos o cuál es la "frontera razonable". El modelo diseñado por Prior y Surroca permite la identificación de una frontera que facilita este acuerdo porque "plantea unos objetivos razonables, cuya propiedad más destacable es que no son sensibles a la presencia de ningún hospital concreto".

Este mecanismo, en definitiva, remunera a los agentes en función de la distancia que separa a sus decisiones de las que situarían al hospital que gestionan sobre una frontera superior a la que se encuentran en función de sus resultados, aunque el problema radica en que pueden pertenecer a dicha frontera de comparación hospitales difícilmente alcanzables por cuestiones como capacidad tecnológica o singularidad geográfica. "Esto podría tener un efecto perverso sobre los incentivos del agente: anticipando que no puede alcanzar los objetivos de esfuerzo definidos por el principal (la autoridad sanitaria) el agente acaba esforzándose poco", por lo que "el resultado del proceso de negociación entre principal y agente consiste en consensuar una frontera razonable a la cual no deben pertenecer hospitales inalcanzables".

Para elaborar el modelo, los autores no tuvieron en cuenta ni hospitales especializados ni de larga estancia, centrándose sólo en centros generales con más de 200 camas, de los que se tomaron como referencia 137 integrados en el Sistema Nacional de Salud. En el análisis se diagnosticó la presencia de 18 observaciones influyentes que fueron excluidas de la frontera para no distorsionar al alza el indicador de eficiencia, y se puso además de manifiesto que propuestas anteriores no detectan aproximadamente un 10 por ciento de observaciones que, siendo muy influyentes, inicialmente eran calificadas como ineficientes, pues quedaban enmascaradas por otras.

El modelo tiene también en cuenta que el grado de consecución de los productos dependerá del conflicto de intereses que emerge entre el gerente y la autoridad sanitaria, "y de la capacidad de los mecanismos de incentivos y control para evitar que las decisiones de los gerentes resulten sesgadas hacia sus propios intereses". Finalmente, Prior y Surroca basan el sistema en una frontera razonable constituida por 26 hospitales, cuyos resultados son los que marcan los objetivos que debe cumplir cada centro para que su gerente consiga los incentivos pactados.