Los pacientes en hemodiálisis con enfermedad renal avanzada pueden llegar a sufrir graves problemas metabólicos y nutricionales. Estos implican pérdidas en las reservas de músculo y grasa, conocido como síndrome de Desgaste Proteico-Energético. Se calcula que afecta a alrededor del 45 por ciento de los pacientes en hemodiálisis.

A finales de este año estará disponible un nuevo documento con recomendaciones prácticas sobre la Nutrición Parenteral Intradialítica (NPID). El mismo estará elaborado por un panel científico de los principales líderes europeos en medicina renal. El objetivo es proporcionar recomendaciones prácticas sobre la NPID para permitir su uso óptimo en la práctica clínica. Asimismo, se busca prestar más atención a la necesidad de la nutrición clínica en los pacientes en hemodiálisis.

Nutrición de los pacientes en hemodiálisis

Los expertos reconocen la importancia de contar con protocolos y recomendaciones prácticas adecuadas para utilizar la NPID. “La desnutrición supone una complicación muy frecuente en los pacientes con una insuficiencia renal en hemodiálisis” afirma el Pablo Molina, nefrólogo del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia. Según el experto la malnutrición de estos pacientes empobrece el pronóstico, de ahí la importancia de la concienciación y la prestación de la NPID entre la comunidad nefrológica.

A este respecto aporta más información Juan-Jesús Carrero, catedrático de Epidemiología Médica y Bioestadística en el Karolinska Institutet en Estocolmo, Suecia. “Los pacientes en hemodiálisis se ven afectados por la malnutrición y el hipercatabolismo debido a los efectos de la insuficiencia renal. También por el propio tratamiento de diálisis. Esto se convierte en un arma de doble filo desde una perspectiva clínica y necesita un enfoque de tratamiento integral”.

Cabe destacar que el desgaste proteico-energético en estos pacientes se asocia con un incremento en la morbilidad y mortalidad. También con un deterioro del estado funcional, de la calidad de vida y de la salud física y mental. Todo ello deriva a un mayor riesgo y duración de hospitalización.