Redacción, Santiago de Compostela.- Los expertos que están presentes en Santiago de Compostela en la XLV Reunión Nacional de la Asociación Española de Hematología y Hemoterapia (AEHH) y el XIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH) han advertido "que se precisarán herramientas de hemovigilancia que ofrezcan una alerta rápida y conexión con Europa, puesto que los hospitales españoles se encuentran en una clara situación de inferioridad al no disponer de los canales adecuados para transmitir información sobre situaciones que requieren alerta rápida". En este sentido desde estas Sociedades Científicas, que celebran su reuniones congresuales conjuntamente desde 1997, recuerdan que España deberá contar en 2005 con un programa que garantice la seguridad transfusional, con respecto a diversos efectos secundarios, como obligan las Directivas europeas.

Desde estas entidades, explican que "tradicionalmente los bancos de sangre han recogido los datos de efectos adversos de la transfusión sanguínea, entre los que destacaba, por su importancia, la transmisión de enfermedades infecciosas." Sin embargo, tras la creación de los Centros de Transfusión y la aparición del sida con la aplicación de nuevas tecnologías para el diagnóstico e inactivación viral de componentes sanguíneos, puede asegurarse que en el medio hospitalario la seguridad transfusional es óptima, aunque estos avances no se han producido en otros efectos adversos de la transfusión, tales como la hemólisis por incompatibilidad o o por contaminación bacteriana.

Estas reacciones inmediatas adversas a la transfusión son la mayor causa de morbimortalidad asociada a transfusión, y estos aspectos "obligan" a la puesta en marcha de programas de hemovigilancia. Cuando se habla de esta vigilancia, las referencias básicas que justifican su implantación en España son la Directiva 2002/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27 de enero de 2003, por la que se establecen normas de calidad y de seguridad para la extracción, verificación, tratamiento, almacenamiento y distribución de sangre humana y sus componentes-, o de recomendación técnica, como la Guide to the preparation, use and quality assurance of blood components

Estos documentos vienen a consolidar algo que de manera precaria ya se venía realizando en los hospitales españoles, y es de suponer, según indican los expertos,que se dicte una norma española que desarrolle y consolide una práctica heterogénea en un sistema unificado de detección y análisis de incidencias que permita "aprender" de la experiencia y disponer de una base sólida de información como ayuda en la toma de decisiones.

La propia Directiva antes citada establece como elementos prioritarios de la hemovigilancia, la trazabilidad inequívoca, que garantice el seguimiento entre donante y receptor, y viceversa, de la extracción, productos elaborados, análisis efectuados, verificación, almacenamiento, distribución, y transfusión. Asegurar esta trazabilidad inequívoca provocará, sin duda, importantes modificaciones en los sistemas de identificación, información y organización de centros elaboradores y consumidores de componentes sanguíneos.

Por todo ello, recuerdan los expertos, "España debe disponer en un tiempo máximo de dos años de un Sistema de Hemovigilancia de eficacia similar al implantado en otros países europeos de nuestro entorno." Al margen de la obligatoriedad legal de su existencia, "los beneficios derivados de su implantación para la organización sanitaria han sido ampliamente admitidos en cuanto a fuente de información como elemento básico de la toma de decisiones,entre otros aspectos"