Desde hace años los profesionales de salud valoran la eficacia, y por tanto el éxito, del tratamiento antirretroviral (TAR) en función de dos parámetros. Por una parte, la carga viral (número de copias del VIH en sangre). Por otra, la recuperación del estado inmunológico.  Sin embargo, debido a que la mayoría de las pautas son efectivas, se hace necesario incluir otras medidas. En concreto, las relacionadas con las preferencias de los pacientes.

Así lo establece un nuevo estudio realizado por SEISIDA en colaboración con Gilead. El objetivo del mismo es comparar las opiniones de las personas que viven con el VIH (PVVIH) con las opiniones de los médicos especialistas en VIH. Todo para conocer las características deseables de un régimen de TAR ideal.

De esta forma, el trabajo destaca que comprender las características óptimas de los regímenes antirretrovirales, la satisfacción con el tratamiento y el bienestar es esencial para el éxito terapéutico y la atención centrada en el paciente.

Preferencias del paciente en el tratamiento antirretroviral

Para conocer las preferencias de los pacientes en el tratamiento antirretroviral se ha trabajado en colaboración con 18 centros (hospitales y ONGs) de toda España. Para ello, se realizaron dos encuestas en paralelo a 101 médicos de VIH y a 502 PVVIH durante 2020.

Tanto médicos como pacientes consideran que las características más relevantes del TAR son la eficacia y la baja toxicidad. Sin embargo, son más importantes para los médicos que para los pacientes. “La comparación de las perspectivas de los pacientes y los médicos revela numerosos síntomas continuos informados por los pacientes que los médicos no reconocen adecuadamente”. Así lo estima Mª José Fuster, directora de SEISIDA y también autora del trabajo.

Pese a ello, los pacientes estaban más satisfechos con su tratamiento de TAR de lo que los médicos estimaron inicialmente, también reportaron un mayor número de síntomas que se asociaban negativamente con su satisfacción con el TAR. Siendo así, se concluye que los médicos subestimaron el porcentaje de pacientes con síntomas en comparación con las respuestas de los pacientes. Además, estos informaron de una mayor cantidad de síntomas molestos (ansiedad, tristeza y fatiga) de lo que estimaron los médicos.