La Federación de Asociaciones de Inspección de Servicios Sanitarios (FAISS) ha trasladado al Ministerio de Sanidad la necesidad de homogeneizar y actualizar la situación que, en la actualidad, afecta a un importante número de productos sanitarios que requieren de visado para su dispensación. Dicha actualización debe pasar por la exclusión de determinados productos de la obligatoriedad del visado, así como de la actualización de la normativa sobre el visado con carácter generalista que apliquen en todas las regiones.

Esta petición se hizo patente en la reunión mantenida entre los directivos de la organización con el subdirector General de Recursos Humano, Alta Inspección y Cohesión del Sistema Nacional de Salud (SNS), Ángel Guirao. Al responsable ministerial le expusieron las conclusiones de una mesa de trabajo titulada “El visado como elemento de seguridad del paciente: tendencias y futuro” que se celebró en el último congreso de FAISS, celebrado en Madrid.

El visado de inspección es una herramienta diseñada para contribuir al uso racional del medicamento, a la sostenibilidad del SNS y a la seguridad de los pacientes. Siguiendo esa premisa, en su día se incluyeron determinados productos cuyas circunstancias han cambiado y deberían ser reevaluados dado que no se justifica la necesidad de visado, como ocurre con los absorbentes, las bolsas de recogida de orina o los apósitos. Una situación similar ocurre con algunos medicamentos cuyo uso se ha generalizado y su coste se ha reducido (es el caso de los antitrombóticos, por ejemplo), o bien aquellos tan específicos como la insulina o los espesantes que “no parece sensato que nadie vaya a utilizarlos sin ser necesarios”, explican desde la Federación.

“Hablamos de productos o medicamentos que, hoy en día, solo se utilizan para lo que se dispensan, no existe ningún tipo de desviación en su uso ni supone un ahorro para el sistema, por lo que el visado lo único que genera es un retraso en la adquisición de ese producto por parte del paciente”, subraya Rocío García Valriberas, vicepresidenta de FAISS.

De hecho, en el caso de los anticoagulantes, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) ya pidió, hace unos meses, la libre prescripción de estos fármacos en los centros de salud ya que consideran que un tercio de los pacientes con indicación clara de anticoagulación no los están recibiendo a causa de esta necesidad técnica.

Actualización de la norma

Otro de los caballos de batalla que la entidad reclama es la actualización de la normativa que regula los medicamentos y productos sometidos al visado farmacéutico. Se trata del Real Decreto 618/2007 de 11 de mayo por el que se regula el procedimiento para el establecimiento, mediante visado, de reservas singulares a las condiciones de prescripción y dispensación de los medicamentos.

Esta legislación establece el origen del visado como un sistema de control sobre determinados medicamentos con carácter previo a su dispensación con cargo al Sistema Nacional de Salud (SNS), atendiendo a criterios de tipo económico fundamentalmente. Con la transferencia de las competencias sanitarias a las Comunidades Autónomas, el visado farmacéutico sigue sometiendo a la prestación farmacéutica a las premisas de seguridad, sostenibilidad del SNS y equidad en el acceso a la prestación.

Sin embargo, la realidad es que la norma se ha quedado anticuada, ya que los sistemas de prescripción han evolucionado, y cada región ha desarrollado procedimientos diversos a la hora de implementarla. “Sería deseable repensar la legislación existente y darle una perspectiva más acorde a la realidad que vivimos para crear un marco de actuación que rija a todas las autonomías”, destaca García Valriberas.

Homogeneidad en las CC.AA.

En este escenario, la aplicación de las normas sobre visado ha generado una gran variabilidad entre las regiones e, incluso, dentro de la misma Comunidad Autónoma, por lo que las tasas de rechazo para un mismo producto tienen un rango de variación muy amplio. Una situación que genera inequidad en el acceso a la financiación de los medicamentos.

En la misma línea, desde FAISS consideran que se deben “normalizar los procedimientos con el objetivo de garantizar la equidad y la eficiencia”. Hay zonas en las que el visado se realiza de forma manual, en otras se integra en la receta electrónica, otros centros lo tienen automatizado en Atención Primaria… en unas zonas es responsabilidad de los inspectores farmacéuticos, en otras de los farmacéuticos de AP o de los subinspectores enfermeros supervisados, etcétera.

Una diversidad que provoca malestar entre los facultativos, los pacientes y los propios inspectores generando, a su vez, una falta de entendimiento y comunicación entre profesionales que hace del visado un problema de gestión y asistencial.

Una posible solución apuntada desde la Federación de inspectores son los modelos basados en el autovisado, donde es el propio prescriptor quien certifica de modo responsable que se cumplen las condiciones para el visado, con el soporte de sistemas de prescripción inteligentes. “Son procedimientos que ya están funcionando con éxito en algunas comunidades como Castilla-La Mancha, son admisibles y pueden constituir una referencia para mejorar el proceso de visado en otras Comunidades Autónomas”, indican.

Desde FAISS se ofrecen a colaborar con el Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas para aportar soluciones a los problemas detectados, y esperan que sus propuestas sean tenidas en cuenta con el fin de mejorar la actual situación del visado y, en definitiva, la calidad asistencial que recibe el paciente.