La Asociación Mexicana de Industrias de Investigación Farmacéutica (AMIIF) coordinó el tercer AMIIF Lab para discutir diferentes enfoques sobre la investigación de tratamientos para COVID-19, donde se contó con la participación de las empresas Takeda, Boehringer Ingelheim y Roche. Estas expusieron estatus y retos sobre sus procesos de evaluación y desarrollo de terapias nuevas y ya existentes.

La respuesta para encontrar una solución a la pandemia por COVID-19 no se enfoca solo en desarrollar una vacuna, sino que pasa por múltiples enfoques de tratamientos que son igualmente necesarios porque todavía hay mucho que aprender sobre el virus SARS-Cov-2 y la enfermedad COVID-19. Esto significa que a medida que se descubren más datos e información, es necesario continuar investigando tratamientos nuevos y existentes que podrían ser efectivos.

Desde el comienzo de la pandemia, las compañías biofarmacéuticas de investigación y desarrollo examinaron su pipeline y sus bibliotecas de moléculas para identificar posibles tratamientos y llevar a cabo numerosos ensayos clínicos para probar terapias nuevas y existentes. Actualmente, hay más 250 terapias en investigación y, al 22 de julio, ClinicalsTrials.gov reportaba 2,734 estudios clínicos sobre COVID-19, 46 de ellos en México.

Beneficios de la globulina en COVID-19

La doctora Carla Amigo, Head of Medical Affairs de Takeda para la región SAM, explicó que la globulina hiperinmune es un tratamiento potencial para personas en riesgo de sufrir complicaciones graves derivadas de la COVID-19. Se genera con plasma obtenido de pacientes recuperados de esa enfermedad, y que es mezclado y procesado en centros de fabricación para eliminar o inactivar los virus y concentrar anticuerpos. Su efectividad potencial deriva de que contiene alta concentración de anticuerpos debido al proceso de producción y a que proviene de múltiples donaciones.

Este trabajo lo hacen de la mano de la CoVIg-19 Plasma Alliance que permite acelerar el proceso de investigación con la participación de 10 empresas involucradas, además de que con los datos de todas ellas se puede hacer más eficaz el desarrollo y fabricación del producto. Una vez que se compruebe su eficacia y seguridad para el paciente, podrá estimarse su aplicación, por ejemplo, a profesionales de la salud que encuentran en alto riesgo de contagio.

‘CoVIg-19’

El objetivo es trabajar de forma colaborativa para desarrollar un posible medicamento con globulina hiperinmune (H-Ig), denominado “CoVIg-19”, el cual requiere de plasma donado de pacientes que se hayan recuperado completamente de COVID-19, ya que contiene anticuerpos contra el virus. La iniciativa está dirigida por las empresas expertas en plasma más importantes del mundo conformada por Takeda, Biotest, BPL, CSL Behring, LFB, Octapharma, ADMA Biologics, BioPharma Plasma, GC Pharma y Sanquin. La Bill & Melinda Gates Foundation brinda asesoramiento, y Microsoft aporta tecnología, como la herramienta Bot de plasma para la incorporación de donantes.

Se han estipulado las diferencias entre usar como terapia H-Ig y usar transfusión de plasma de convaleciente. Algunas ventajas del H-Ig son: posee mayor concentración de anticuerpos y la administración a los pacientes es más rápida; tiene una mayor vida útil (24 a 36 meses) y eso permite almacenarla. Y se ha demostrado la eficacia de las terapias como H-Ig en el tratamiento de infecciones respiratorias virales graves. La labor de esta alianza es determinar si también representan una posible opción terapéutica para tratar pacientes con riesgo de complicaciones graves causadas por la COVID-19.

Plataforma ‘opnME’

Por su parte, la doctora Guillermina Muñoz, directora médica de Boehringer Ingelheim México, Centroamérica y el Caribe, explicó la plataforma “opnMe”, una biblioteca de compuestos o colecciones de moléculas (reales, virtuales y compuestos teóricamente posibles) ordenados por: blancos terapéuticos, moléculas que ya fueron probadas, y síntesis orientadas a la diversidad que están esperando que se encuentre una aplicación.

La biblioteca de Boehringer Ingelheim cuenta con más de un millón de compuestos, además de un formato “Research Beyond Borders” que desde 2018 permite, de forma abierta y gratuita, usar información para hipótesis de investigación con la academia, biotecnologías y otras empresas farmacéuticas. Gran parte de la investigación sobre moléculas para uso médico alrededor del mundo se realiza a través de alianzas, más aún en el contexto de COVID-19; por lo que las instancias que suelen usar este tipo de herramientas son organismos multinacionales público-privados, como la Iniciativa de Medicinas Innovadoras (IMI) de la Comisión Europea.

Otros esfuerzos similares son la biblioteca de compuestos (Plataforma ‘opnMe’) disponibles para detección de alto rendimiento de la Escuela de Medicina de la Universidad Stanford, con más de 130,000 compuestos, y la biblioteca del Centro para Descubrimientos Moleculares de la Universidad Yale, que tiene 300,000 moléculas pequeñas y 18,000 prototipos genómicos como blanco potencial para SARS-CoV-2. Para más información: https://opnme.com/

Estudios en marcha para COVID-19

El doctor Jorge Tanaka, director de Asuntos Corporativos y Acceso a Mercados de Roche, comentó que la empresa trabaja en diversos tratamientos, algunos que ya se encontraban en planeación de desarrollo y otros de reciente investigación. Expuso que esto se debe a que otro de los acercamientos a una solución para la COVID-19 ha sido explorar potenciales nuevos usos de medicamentos existentes; lo cual se dice fácil pero la complejidad involucrada en ello es enorme: desde la selección de qué medicamentos deben probarse, pasando por la definición del estadio de la enfermedad que puede ser susceptible a mostrar mejora, diseñar los estudios clínicos y toda una serie de rigurosos pasos que deben seguirse.

  • COVASTIL, que se encuentra en Fase II de investigación clínica y que está conformado por dos compuestos, uno dirigido a atender procesos hiper inflamatorios y otro a proteger las células que pueden ser dañadas en dichos procesos.
  • EMPACTA, el cual está estudiando una molécula ya utilizada como tratamiento para enfermedades reumáticas, y ahora se busca estimar su eficacia y seguridad ante efectos inflamatorios de la COVID-19.

A manera de conclusión del evento se comentó que, en la medida que se aprenda más sobre el virus y sus mecanismos de acción, se tendrán más oportunidades para desarrollar intervenciones. No hay un enfoque mejor que otro. Algunos podrán proporcionar una primera línea de defensa, especialmente a adultos mayores o que tienen un mayor riesgo de complicaciones. Otros podrán llegar a un mayor número de pacientes; mientras que otros podrán ser más efectivos en determinadas etapas de la enfermedad. Y una vacuna, por supuesto, podría retrasar o detener la transmisión.  Al final son necesarios todos.