Cada vez que hay una crisis humanitaria, la sociedad española se vuelca donando cuanto sea necesario. El problema con los fármacos es que no todo vale. Y a veces, esa buena intención puede ser contraproducente si no se siguen una serie de pautas. Por eso, Farmamundi ha elaborado una guía con explicaciones acerca de la caducidad, el idioma o la autorización que van a tener. La hicieron en 2020, en pandemia, pero ahora, con la guerra de Ucrania, esos materiales vuelven a cobrar todo el sentido.

"Una donación no puede ser una persona individual, tiene que ser una organización o colectivo autorizado para ello. A través de todas estas demandas de la población vimos la necesidad de crear materiales y de hacer cursos de sensibilización con este material", explica Nuria Llurba, farmacéutica y una de las coordinadoras de estas guías de Farmamundi.

La guía "sigue siendo muy válida y realmente útil para concienciar a las personas, para hacer un buen uso del medicamento y para plantearnos la solidaridad desde un punto de vista justo", asegura. Son materiales que les piden, sobre todo, las oficinas de farmacia, que quieren saber cómo explicar a la sociedad la forma de hacer donaciones. También los laboratorios.

Respuesta solidaria

Llurba recalca lo "loable  que es toda la solidaridad de las personas cuando hay una situación de emergencia". "Pasa habitualmente. En Farmamundi vamos recibiendo distintas llamadas de personas que quieren donar medicamentos en cuanto un familiar fallece. Y hay mucha medicación que parece que puede ser utilizada, porque a veces su uso no es todo lo racional que debería ser y se acumulan en casa", explica.

El problema es que, "lamentablemente, una vez salen del circuito farmacéutico, del hospital o de la oficina de farmacia, no se pueden donar porque no podemos asegurar las garantías de estos medicamentos. Para hacernos una idea, aunque tengamos muy buena voluntad, no sabemos sus condiciones de temperatura y humedad, aunque no se haya utilizado ni hayamos sacado un comprimido del blíster", explica.

Imagen

"También muchas personas -prosigue- creen que los medicamentos, aunque estén caducados, sirven en países que estén en una situación desfavorecida. Porque es mejor eso que nada. Pero volvemos a la misma situación. La legislación está hecha para que los fármacos nos acerquen al derecho a la salud. Si no podemos garantizar la salud de las personas aquí, tampoco podemos garantizar la salud de las personas allí".

Los medicamentos, una vez salen de la oficina de farmacia o del servicio de Farmacia Hospitalaria de un hospital, se hayan usado o no, deben depositarse en un punto SIGRE. "No se reciclan, sino que se destruyen adecuadamente cumpliendo con la normativa", indica.

Problemas con su destrucción o idioma

Los propios países que las recibirán normalmente publican listas con lo que necesitan. Otras veces son organizaciones que están trabajando en el terreno. El problema cuando se hacen donaciones inadecuadas, como ya ha ocurrido en varias ocasiones, es que se quedan toneladas de medicamentos en las fronteras.

"Cuando no se siguen las listas publicadas, la medicación queda en aduanas. Pero hay que destruirlas de cualquier manera, con la consecuencia que eso tiene en la contaminación del medio ambiente, tanto en aire, como agua o tierra. También ha pasado que creemos que nuestro idioma es global y no es así. Deben mandarse en un idioma que sea comprensible para el personal sanitario del país receptor. Como mínimo, deben estar en la denominación común internacional, y luego adaptado al país", indica.

Señala que muchas veces ha ocurrido que el país utiliza un alfabeto distinto, por lo que no se puede entender.  "Ha habido casos de intoxicaciones o con efectos secundarios por haber suministrado medicamentos no adecuados porque los profesionales sanitarios no han sabido entender los prospectos", afirma.

Gasto económico para el país receptor

También ha habido casos de fármacos caducados o que, en el transcurso de toda la crisis, lo han hecho porque la fecha de caducidad era  muy temprana. Eso provoca otra acumulación de medicamentos que no se han podido utilizar, o que se han usado cuando no eran adecuadas a la población.

Gestionar todos esos errores puede suponer un gasto económico para el país que está en crisis humanitaria "que no debería asumir un país en esta situación".

En la sede central de Farmamundi tienen un almacén donde los medicamentos que se compran se guardan en botes grandes para reducir el volumen a la hora de hacer una donación. También cuentan con el etiquetado con la denominación común internacional. Y se garantiza que la caducidad es superior a 15 meses.

"Hay toda una serie de normativas que se deben cumplir para que un medicamento llegue en condiciones adecuadas y que la población que lo reciba tenga esa garantía de salud y de efectividad de la medicación", concluye la representante de la ONG.