La innovación biomédica constituye, junto a la digitalización y la transición ecológica, uno de los motores de la sociedad del futuro. Esa es la idea que ha querido recalcarse desde el ‘XIX Encuentro de la Industria Farmacéutica Española’ por parte de Farmaindustria. En palabras del presidente de la patronal, Martín Sellés, “estamos en medio de una revolución” y en este contexto, “España está en posición privilegiada por su estatus de referencia internacional en investigación clínica”. Aunque para ello, los expertos matizaban que hace falta un mayor impulso, que pasa por llegar a dedicar un 7 por ciento del PIB a nuestro sistema sanitario público, con lo que España estaría acercándose a los países de nuestro entorno. “Estamos convencidos de que España está en condiciones de ser uno de los líderes mundiales en investigación clínica, y ello puede suponer un salto adelante en otros ámbitos de la investigación biomédica”, aseguró Sellés, que sostiene que ha llegado el momento de convertir la I+D biomédica en una “estrategia de país”.

Asimismo, Sellés insistió en que es clave que todos los agentes implicados (administraciones, profesionales sanitarios, industria farmacéutica, pacientes…) sean capaces de llegar a acuerdos para fortalecer el sistema sanitario y la investigación biomédica y garantizar un acceso adecuado y rápido a las innovaciones. Para ello, el primer paso es considerar el medicamento innovador como una inversión, y no como un gasto, en la medida en que genera importantes ahorros sanitarios.

Compromiso con la sostenibilidad

Otra de las ideas que quiso matizar Sellés en este foro es  que hay que desterrar los argumentos falaces que sostienen que los medicamentos innovadores ponen en riesgo la sostenibilidad del sistema sanitario. Sobre esta cuestión, el presidente de Farmaindustria argumentó que está demostrado que las nuevas terapias suponen un importante ahorro en otras prestaciones sanitarias, a lo que cabe sumar los ahorros que proporcionan por la vía de la productividad, por ejemplo, con menos bajas laborales. Todo ello sin olvidar los mecanismos de control presupuestario, que van desde la regulación de la financiación y el precio en la entrada en el mercado de nuevos principios activos hasta la aplicación de los precios de referencia, que buscan la racionalización una vez ha expirado la patente.

Por último, Sellés remarcó que los nuevos medicamentos  solo representan el 30 por ciento del gasto total en fármacos, en una proporción que se mantiene estable desde hace años pese a la continua incorporación de novedades, algo en lo que “tienen mucho que ver las soluciones innovadoras para la financiación, como los acuerdos de riesgo compartido o los techos de gasto, fruto del diálogo entre administraciones y compañías farmacéuticas”, sin olvidar el Convenio entre la Administración y Farmaindustria en virtud del cual si el gasto público en medicamentos crece más que el PIB, la industria devuelve la diferencia.