Europa se ha mostrado dispuesta a discutir sobre la posible suspensión de las patentes de las vacunas contra la COVID-19. Una decisión que Farmaindustria considera “errónea, porque no es la solución al acceso de todos los países a las vacunas de forma rápida y equitativa”.

En un comunicado, la patronal de la industria farmacéutica señala que “el actual sistema de patentes genera un marco de protección y confianza al desarrollador de las vacunas”.

Además, suspender las patentes, aunque solo sea temporalmente, apuntan desde Farmaindustria, podría hacer que fábricas desconocidas sin experiencia en vacunas o con escasos controles de producción y calidad pudieran entrar a competir por materias primas escasas, causando disrupciones en la cadena de suministro e incrementando el riesgo de falsificaciones.

Más de 270 acuerdos

En abril se contabilizaban ya más de 270 acuerdos de colaboración entre compañías para la producción de vacunas contra la COVID, que implicaban a un centenar de empresas y una treintena de países. “Las compañías desarrolladoras de vacunas son las primeras interesadas en suministrar la mayor cantidad posible en el menor tiempo posible”, señala Farmaindustria en el comunicado.

Estos acuerdos de colaboración están permitiendo triplicar la capacidad de producción mundial y alcanzar los 12.000 millones de dosis anuales, que es lo que se precisa para lograr la inmunidad de grupo en todo el planeta.

Y, recuerda, que es un hito sin precedentes que las compañías farmacéuticas hayan sido capaces en menos de un año de poner a disposición de la humanidad unas vacunas que son las que pondrán fin a esta tragedia sanitaria, económica y social provocada por el coronavirus. Y, en este sentido, apuntan que las patentes contribuyen también al conocimiento científico.

“La protección de la industria a través de las patentes es crítica para garantizar que en el próximo futuro dispongamos de nuevos medicamentos“, recalca.

Por último, la patronal considera que habrá vacunas para todos.  “La iniciativa COVAX, liderada por la Organización Mundial de la Salud y respaldada por gobiernos, industria farmacéutica y otras organizaciones sociales, podrá bien ser el instrumento para conseguirlo”.