Mientras que las investigaciones han demostrado que una mala salud cardiovascular puede dañar el flujo sanguíneo al cerebro aumentando el riesgo de demencia, un nuevo estudio dirigido por la Universidad de California (UC San Francisco), en Estados Unidos, indica que una mala salud mental también puede pasar factura a la cognición.

La investigación, publicada en el ‘Journal of Alzheimer’s Disease’, se suma a un conjunto de pruebas que relacionan la depresión con la demencia, pero mientras la mayoría de los estudios han apuntado a su asociación en etapas posteriores de la vida, el estudio de la UCSF muestra que la depresión en los primeros años de la vida adulta puede conducir a una menor cognición 10 años después y a un deterioro cognitivo en la vejez.

Los resultados se ajustaron en función de los síntomas depresivos en otras etapas de la vida y de las diferencias de edad, sexo, raza, nivel educativo, índice de masa corporal, antecedentes de diabetes y hábito de fumar. En el caso de los síntomas depresivos en la mediana edad, los investigadores hallaron una asociación con el deterioro cognitivo, pero ésta se descartó cuando se ajustaron a la depresión en otras etapas de la vida.

“Varios mecanismos explican cómo la depresión puede aumentar el riesgo de demencia”, afirma la primera autora, Willa Brenowitz, doctora en Filosofía y Letras, del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la UCSF y del Instituto Weill de Neurociencias.

Efectos de las hormonas del estrés

“Entre ellas está que la hiperactividad del sistema central de respuesta al estrés aumenta la producción de las hormonas del estrés, los glucocorticoides, lo que provoca daños en el hipocampo, la parte del cerebro esencial para formar, organizar y almacenar nuevos recuerdos”, añade.

Otros estudios han vinculado la depresión con la atrofia del hipocampo, y un estudio ha demostrado tasas más rápidas de pérdida de volumen en las mujeres, subraya la investigadora.

Resultados del estudio

Los participantes fueron examinados en busca de depresión utilizando una herramienta llamada CESD-10, un cuestionario de 10 puntos que evalúa los síntomas en la última semana. Se encontraron síntomas depresivos moderados o altos en el 13 por ciento de los adultos jóvenes, el 26 por ciento de los adultos de mediana edad y el 34 por ciento de los participantes de mayor edad.A unos 1.277 participantes se les diagnosticó deterioro cognitivo tras la realización de pruebas neuropsicológicas, pruebas de deterioro global, uso documentado de una medicación para la demencia u hospitalización con demencia como diagnóstico principal o secundario.

“En general, descubrimos que cuanto mayor eran los síntomas depresivos, menor era la cognición y más rápidas eran las tasas de deterioro –expica Brenowitz, que también está afiliado al Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la UCSF–. Se descubrió que los adultos mayores que se estimaba que tenían síntomas depresivos moderados o altos en la edad adulta temprana experimentaban un descenso de la cognición a lo largo de 10 años”.

Dado que hasta el 20 por ciento de la población sufre depresión a lo largo de su vida, es importante reconocer su papel en el envejecimiento cognitivo, dijo la autora principal, la doctora Kristine Yaffe, de los departamentos de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento y de Epidemiología y Bioestadística de la UCSF.