La llegada del otoño trae aparejado un descenso de las temperaturas y con los primeros fríos, a veces coincidiendo también con los primeros catarros o síntomas gripales, hacen acto de presencia las denominadas de modo genérico gastroenteritis. En el caso de los niños, y según la Asociación Española de Pediatría, en los climas templados, como es el caso de España, las gastroenteritis agudas por rotavirus se producen preferentemente en los meses fríos (de noviembre a abril), coincidiendo con las epidemias de bronquiolitis y gripe, durante las que los Servicios de Pediatría suelen estar saturados.

La gastroenteritis aguda o diarrea aguda se define como un cuadro de causa habitualmente infecciosa, que cursa con una pérdida excesiva de agua y electrolitos (sales y minerales) a través de tracto gastrointestinal. Esta circunstancia implica un aumento del número de deposiciones, que suelen ser de consistencia líquida y a veces acompañados de vómitos, fiebre y dolor abdominal tipo retortijón.

Rotavirus

En España, la mayoría de las gastroenteritis agudas tienen origen viral y, dentro de éstas, el agente más frecuente es el rotavirus. De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría, rotavirus es un virus que produce una infección gastrointestinal que cursa con diarreas, vómitos y fiebre. Es la causa más frecuente de gastroenteritis aguda grave en lactantes y niños pequeños, que corren un mayor riesgo de deshidratación y hospitalización debido a su escaso peso corporal. Es altamente contagioso y se transmite por vía fecal-oral a través de las manos, el agua y objetos contaminados. Es resistente a la mayoría de los desinfectantes y productos habituales de limpieza, propagándose con facilidad. Prácticamente todos los niños presentan al menos una infección por este virus antes de cumplir los 3 años. Cuando aparece precozmente, entre los 4 y los 24 meses, de vida, es muy grave.

Se calcula que al año produce 138 millones de episodios en menores de 5 años y que causa unas 600.000 muertes cada año, es decir, cada día fallecen 1.205 niños por enfermedad o complicaciones debidas a rotavirus o, lo que es lo mismo, cada minuto muere un niño en el mundo como consecuencia de gastroenteritis aguda debida a rotavirus. Esta situación ocurre principalmente en zonas en desarrollo, como la India, el Sudeste asiático, Africa subsahariana y América Latina.

Pero también en los países desarrollados la presencia de rotavirus constituye un importante problema de salud. En España el rotavirus produce cada año más de tres millones de gastroenteritis agudas, lo que da lugar a 500.000 consultas pediátricas, 60.000 hospitalizaciones y al menos 20 muertes. Como podemos ver contrastando cifras, aunque el rotavirus afecta por igual a todos los niños, independientemente del nivel de desarrollo de los distintos países, la trascendencia de esta infección es devastadora en los países en desarrollo.

Entorno familiar

Los síntomas por contagio de la gastroenteritis por rotavirus son vómitos, aletargamiento, fiebre elevada, orina de escasa cantidad, ausencia de lágrimas al llorar, piel seca, diarrea líquida y frecuente, ojeras, sequedad de boca y una sed intensa. Si un niño manifiesta estos síntomas hay que acudir de inmediato al pediatra.

Según indica la Asociación Española de Pediatría, la diseminación de rotavirus es frecuente dentro del entorno familiar. Se considera que el 30-50% de los adultos en contacto con un niño infectado también sufren la infección, aunque ésta cursa sin síntomas. Hay que tener en cuenta que rotavirus sobrevive bien en el ambiente y que se puede adquirir por contacto con superficies contaminadas. Incluso un escaso inóculo de partículas virales es suficiente para causar la infección.

La gastroenteritis aguda por rotavirus es especialmente frecuente en los niños que frecuentan las guarderías, donde el virus se extiende rápidamente. Los juguetes, mesas, utensilios utilizados en la preparación de los alimentos, etc. facilitan la diseminación de la infección. Una medida protectora es el lavado de manos frecuente con agua y jabón. Se han mostrado ineficaces los desinfectantes cutáneos como clorhexidina o lejía. Para desinfectar superficies presumiblemente infectadas, lo mejor es utilizar soluciones que contengan alcohol en concentración elevada.

Los niños, a lo largo de los primeros años de vida, sufren numerosas infecciones por rotavirus. La primera infección suele ser la más grave siendo las siguientes más leves e incluso asintomáticas, lo que indica que se desarrolla una inmunidad protectora frente a sucesivas reinfecciones. Además, la mayor parte de las madres tienen anticuerpos antirotavirus, como consecuencia de infecciones previas, que transmiten al feto a través de la placenta. De esta forma protegen al bebé que, en caso de infectarse, presenta una gastroenteritis aguda leve o incluso sin síntomas. Distinta es la situación de los recién nacidos pretérmino (antes de completar la gestación). Estos niños tienen un elevado riesgo de infección grave por rotavirus al no haber recibido, como consecuencia de su nacimiento prematuro, la protección transplacentaria de anticuerpos anti-rotavirus.

Deshidratación

La gastroenteritis aguda por rotavirus tiene un comienzo agudo con fiebre y vómitos que sigue 24-48 horas más tarde con diarrea acuosa. El niño presenta un elevado número de deposiciones (entre 10 y 20) que habitualmente no contienen sangre y que persisten de 3 a 8 días. La fiebre puede ser alta ocasionalmente, aunque lo habitual es que sea moderada. Los vómitos aparecen en el 80-90% de los niños y no suelen durar más de 24 horas. Además, la asociación de una diarrea profusa junto a los vómitos da lugar a una deshidratación más o menos grave en un elevado porcentaje de niños, especialmente en los lactantes más pequeños.

En estados de fiebre alta o de diarreas copiosas, el peligro de deshidratación es inminente, por lo que se recomienda prestar especial atención a zonas como los labios, los ojos y la piel, procurando mantenerlas húmedas.

Según el Dr. Jordi Serra, miembro del Servicio del Aparato Digestivo del Hospital Vall d´Hebrón de Barcelona y portavoz de la Sociedad Española de Patología Digestiva, para combatir la deshidratación se recomienda suministrar dieta líquida durante los primeros días, basada en agua y sueros orales que contribuyan a reponer las pérdidas de líquidos y sales que acompañan este proceso. El agua de zanahoria y el agua de arroz permiten reponer las pérdidas de líquido a la vez que tienen un efecto astringente que puede resultar beneficioso. En el caso de los niños más mayores que rehúsen tomar líquidos, los refrescos de cola pueden ser una eficaz alternativa. “Por supuesto, se deben evitar las comidas sólidas, ya que el intestino se muestra inflamado y, por lo tanto, agravaría la diarrea”, concluye el Dr. Serra.