Las resistencias a los antibióticos representan uno de los mayores problemas de salud, y prueba de ello es que los líderes mundiales reunidos en la Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre de 2016 se comprometieron a abordar la cuestión. “Es excepcional que la ONU trate cuestiones de salud, los precedentes anteriores fueron el VIH, las enfermedades no transmisibles y el Ébola”, ha recordado José Miguel Cisneros, presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Los datos respaldan la preocupación, ya que “cada año mueren en España más de 2.500 personas por causas relacionadas con las resistencias, 25.000 en la Unión Europea y 700.000 a nivel mundial, además de acarrear un coste por sobretratamientos de 1.500 millones de euros en la UE”, ha añadido Miguel Ángel Calleja, presidente de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH). Haciendo proyecciones de futuro, “en el año 2050, las resistencias antimicrobianas pueden ser la primera causa de muerte desplazando a las enfermedades cardiovasculares”, ha advertido el profesor Honorio Bando, académico de la Real Academia Nacional de Farmacia.

El abordaje de la cuestión es complejo y requiere la implicación de la población, los profesionales de la salud, la industria farmacéutica, gobiernos e instituciones, como ha quedado de manifiesto en la Jornada Antimicrobial Stewarship. Importancia del uso adecuado de los antimicrobianos en el sistema sanitario, celebrada en la Academia de Farmacia con el patrocinio de MSD.

José María Molero, del grupo de Enfermedades Infecciosas de semFYC, ha apuntado que el 80% de los antimicrobianos se consume en la comunidad, y a partir de aquí, “el origen del problema no obedece a una causa única. Todo es una cadena, que incluye la petición del paciente, la prescripción del médico y la dispensación del fármaco. Existe falta de información por parte de todos y es necesaria mayor formación”, una opinión que comparte el presidente de SEIMC, para quien “España es uno de los países con mayor consumo de antibióticos por un déficit de formación. El modelo de formación continuada a los médicos ha fracasado y por eso se necesitan iniciativas como el Programa de Optimización de Uso de Antimicrobianos (PROA), aunque también son precisos más infectólogos”. La necesidad de formación también incluye a la ciudadanía, por eso Ana Molinero, vicepresidenta a la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC), ha defendido que “la formación tiene que empezar en la escuela para enseñar a los ciudadanos para qué sirve un antibiótico”.

Test rápidos

Mejorar la prescripción también pasa por introducir áreas de mejora, como es incorporar los test de detección rápida en las consultas que, para Molero, son muy útiles para “rebajar la incertidumbre sobre si una infección es vírica o bacteriana y ayudan a reducir la prescripción de antibióticos”. Molinero ha defendido el uso de este tipo de test también en la oficina de farmacia para faringoamigdalitis y en función del resultado orientar al paciente hacia la consulta del médico o hacia otra recomendación terapéutica. Una vez que se tiene la sospecha firme de la etiología bacteriana, Calleja ha resaltado la conveniencia de comenzar el tratamiento de forma “rápida y ágil”.

Respecto a la población, los participantes han recordado que el consumo inadecuado, la automedicación y el almacenamiento de antimicrobianos en los hogares son habituales y también exigen una acción para acabar con estas prácticas. Los representantes de semFYC y SEFAC han coincidido en la necesidad de actuar conjuntamente y de concienciar a los usuarios de que “el antibiótico ha de tomarse en su justa medida, bajo prescripción médica y desechar el sobrante”.

PROA para hospitales y Primaria

Los profesionales son conscientes de que para reducir el riesgo de resistencias necesitan formación, y una prueba de ese interés es la alta demanda de participación en el Programa AMS-PROA Excelencia, ha resaltado Pilar Muñoz, directora de formación de proyectos de Fundación UNED, un curso con un enfoque ‘tridimensional’ (farmacéutico, microbiólogo y clínico), donde los alumnos (médicos que están completando su formación) aprendan a aplicar el programa PROA al día siguiente de concluir el curso. Un aspecto en el que insiste el programa es en la individualización del tratamiento y en la monitorizacióndel antibiótico que se está usando y, para ello, hay que trabajar conjuntamente con el servicio de farmacia y no olvidar la interacción del antimicrobiano con otros medicamentos. En opinión de Calleja, “es una formación transformadora, con evaluación y un trabajo de campo que cambiará a los servicios y también a los hospitales”.

El programa está orientado a la atención hospitalaria, si bien José Miguel Cisneros piensa que “un PROA de Atención Primaria sería fantástico porque el 80% de los antibióticos se consumen en este nivel asistencial”.

Además de lo descrito, los participantes han recordado que hay que aumentar la inversión (pública) y promover colaboraciones público/privadas y con la industria farmacéutica para favorecer el paso del laboratorio a la clínica. “El objetivo es ir por delante para afrontar cualquier emergencia”, ha concluido Mariano Esteban, presidente dela Real Academia Nacional de Farmacia.