Las guías de tratamiento del asma son documentos con recomendaciones para el manejo de esta enfermedad que se actualizan de forma periódica. Sin embargo, no todos los profesionales sanitarios tiene la oportunidad de revisar todas las novedades que aportan lo que incide en la inercia terapéutica de los pacientes. Incrementar la formación de los profesionales en el manejo de la enfermedad parece ser la clave para terminar con la inercia terapéutica en el asma, tal como coinciden varios profesionales de Atención Primaria que han debatido al respecto.

Una formación que debería hacer hincapié, según la doctora Verónica Molina Bárcena, del Centro de Salud Las Fronteras, en Torrejón de Ardoz (Madrid), en el diagnóstico precoz de la enfermedad, en el tratamiento en sus diferentes estadios y en el correcto uso y manejo de los diferentes dispositivos  inhalatorios que se utilizan.

A juicio del doctor José Damián Garcés, médico de Familia del Centro de Salud General Ricardos, en Madrid, las estrategias para disminuir la inercia terapéutica pasa por educar al paciente y al médico, elegir el fármaco adecuado en función de los efectos adversos y la facilidad de administración, y mejorar la comunicación entre los niveles asistenciales.

Se trata de un problema que afecta a toda la Sanidad, como reconocen casi todos los médicos consultados, y que presenta una difícil solución, ya que requiere de mayor tiempo en el manejo de las consultas, descongestión de la sobrecarga asistencial e incentivación de los profesionales.

Más tiempo e incentivos

La inercia clínica fue definida en el año 2001 por Lawrence S. Phillips, de la división de Endocrinología de la Emory University School of Medicine de Atlanta, en Estados Unidos, como la falta de inicio en el tratamiento o la intensificación del mismo cuando están indicados. “Esta sencilla definición se aplica a la inercia terapéutica, si bien la clínica puede afectar otros elementos del proceso asistencial como el diagnóstico y el seguimiento”, indica el doctor Alfonso Migueláñez Valero, médico de Familia en el Centro de Salud de San Martín de la Vega (Madrid).

El doctor Carmelo Cepeda Barros, especialista de Atención Primaria en el Centro de Salud Aranjuez, en Madrid, apunta que para evitar esta inercia se debe implicar a todos los niveles: paciente, profesional y sistema sanitario. En el caso del asma, “se debe abordar la enfermedad desde una perspectiva multidisciplinar que garantice su diagnóstico precoz y su correcto seguimiento”.

En ese punto considera esencial la intervención de todos los profesionales sanitarios participantes en su manejo: médicos de Atención Primaria, profesionales de Enfermería, neumólogos, alergólogos y farmacéuticos.

Implementación de las guías

La adecuada formación sobre asma de estos estos especialistas, según la doctora Rebeca Mielgo Salvador, del Centro de Salud Los Yébenes, en Madrid, debe basarse en cinco pilares: generalidades de la terapia inhalada, el manejo de los dispositivos y los errores frecuentes, el tratamiento de las exacerbaciones, los protocolos de derivación y las recomendaciones de las guías de práctica clínica.

Las dos guías que se utilizan en el manejo del asma son GEMA (Guía Española para el Manejo del Asma) y GINA (Global Initiative for Asthma), dos documentos que presentan diferencias que pueden generar también dudas y preguntas que pueden llevar a conflictos, reconoce la doctora Mielgo.

De hecho, pese a disponer de guías de práctica clínica se sigue detectando un deficiente control del asma, dice el doctor Manuel Rodríguez Rodríguez, del Centro de Salud Adeslas, en Salamanca. “Múltiples estudios han demostrado la utilidad del entrenamiento específico del personal sanitario en el manejo de una guía de práctica clínica. Sin embargo, a pesar del beneficio potencial que podría aportar su seguimiento, no se utilizan de forma rutinaria o, al menos, no de forma extensiva”.

Este especialista señala que el grado de implementación de las guías es bastante alto con relación al empleo de medicación antiinflamatoria para el control del asma, así como en la valoración y manejo de la exacerbación; pero existen deficiencias en la implementación de los planes de autocuidado, evaluación del control de la enfermedad, educación de la terapia inhalada y el manejo de las comorbilidades del asma bronquial.

Guías GEMA y GINA

Tanto la guía GINA como GEMA son conocidas a nivel mundial y utilizadas en el diagnóstico y tratamiento del asma. Ambas establecen una clasificación de los tipos de asma y los escalones terapéuticos en función de la clínica del paciente, buscando el mejor control de la enfermedad y evitar posteriores complicaciones y exacerbaciones.

Las dos guías proponen un tratamiento escalonado con niveles en los que, según el nivel de control, se irá subiendo o bajando de tratamiento. Para el doctor Luis García Sánchez-Molina, del Centro de Salud Villa de Vallecas, en Madrid, ambas guías coinciden en el diagnóstico y criterios de control en la mayoría de los puntos, pero establecen dos grandes diferencias.

La primera tiene que ver con que la guía GEMA considera un estadio inicial de asma intermitente con síntomas esporádicos donde se pueden utilizar broncodilatadores de acción corta inhalada o la asociación budesonida/formoterol a demanda, mientras que GINA no reconoce este estadio.

La otra gran diferencia se refiere a la recomendación de uso de la combinación fija de agonistas beta de larga duración con corticoides inhalados (LABA + CI). “GEMA no recomienda como tratamiento de elección la combinación de LABA + CI hasta el tercer escalón terapéutico, mientras que la guía internacional lo hace desde el primer escalón para uso a demanda, y después progresivamente ir subiendo a dosis fijas ascendentes según el nivel de gravedad o descontrol de la enfermedad”, dice el experto. “La guía GINA apuesta por la introducción precoz de los glucocorticoides inhalados y de la broncodilatación de larga duración”.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: José Damián Garcés, José Ramón Salinero, Luis María Fernández-Pacheco, Manuel Rodríguez Rodríguez, Rebeca Mielgo Salvador, Alfonso Migueláñez Valero, Carmelo Cepeda Barros, Luis García Sánchez-Molina y Verónica Molina Bárcena.