El rey del verano es, sin duda, el sol. Ha conseguido hipnotizar con su atractivo a muchas personas que no se plantean los posibles riesgos que la exposición al sol puede acarrear para la salud. Inmersos en la moda del ‘bronceado’ inician cada verano con la fiebre de conseguir eliminar el tono blanco que cubre su piel y alcanzar ese bronceado que, a su parecer, le regalará la belleza que necesita para lucir ‘palmito’ en esta época del año. Todo vale para conseguirlo: pasar horas y horas ‘vuelta y vuelta’ tumbados en la playa o en la piscina y hacerlo sin ninguna protección o con la mínima posible, a los pies del falso mito que dice que el fotoprotector impide que la piel se broncee.

Se autoengañan con frases que caen por su propio peso, como que la piel morena ya está curtida para hacer frente al sol o que por una vez que se quemen no pasa nada. No se dan cuenta de que el astro rey ataca tanto a blancos como a morenos, aunque es cierto que las personas con ojos claros, cabellos rubios o pelirrojos, de piel blanca y/o pecosa corren más riesgo de padecer cáncer de piel si no toman las precauciones adecuadas, y que cuando ‘Lorenzo’ calienta y logra quemar la piel deja su sello de por vida. Quizás el tiempo consiga que nuestro cerebro lo olvide, pero la piel no lo hace y cada peca, cada lunar, cada mancha o cada melanoma que aparezca en el futuro es el recuerdo de una quemadura solar de hace quince o veinte años. Y entonces ya no hay marcha atrás. Por todo ello, aprenda a disfrutar del sol sólo en la dosis justa y con la protección adecuada para que su cuerpo se beneficie de sus maravillosas virtudes, no en vano, nos ayuda, por ejemplo, a crecer de niños y a que nuestro organismo funcione mejor. Y si tiene hijos, enséñeles lo importante que es cuidar su envoltorio natural, ya que estudios recientes han demostrado que el riesgo de desarrollar cáncer de piel puede reducirse en un 75% si durante los primeros 18 años de vida se siguen hábitos adecuados en fotoprotección.

Proteja su piel no sólo cuando vaya a la playa, sino también en el campo, en la montaña o en la ciudad. Este verano protéjase cada día con una crema solar que tenga, como mínimo, un factor de protección de 20, tal y como asegura el presidente de la Academia Española de Dermatología (AEDV), el doctor Julián Sánchez Conejo-Mir. Aunque parezca mucho, no lo es, y poniéndose sólo un 6 o un 8, como hacen muchos, lo único que se consigue es hacer el “paripé”. Y es que, “si un 50 filtra en la práctica la mitad, imagínese si se pone un 4”, asegura.

Las radiaciones ultravioleta

Antes de mostrarles cómo han de protegerse han de saber a qué se enfrentan. El sol emite tres tipos de radiación ultravioleta (UVA, UVB y UVC, siendo estas últimas las más dañinas), pero por suerte la capa de ozono absorbe las radiaciones ultravioleta C en su totalidad y el 90% de las UVB, algo sumamente importante pues estas radiaciones son muy peligrosas para la vida de los seres que poblamos la Tierra. La capa de ozono es nuestro escudo más importante frente a las radiaciones, pero como cada día gana nuevas grietas poco a poco permite el paso de mayor cantidad de radiación UVB y nos expone más y más al poder nocivo del sol.

En resumen, de los tres grandes enemigos la piel sólo ha de hacer frente a los UVA y, de momento, a una pequeña parte de las UVB. Los primeros son responsables del envejecimiento de la piel y del melanoma y los segundos de las quemaduras solares. Pero no siempre el peligro es el mismo, por lo que le vendrá bien conocer unos pequeños trucos para saber cuando está más expuesto a la amenaza solar.

Como no podía ser de otra manera, en las horas centrales del día la cantidad de radiación ultravioleta que alcanza la tierra es máxima; además, a mayor altitud mayor es la cantidad de radiación que ataca nuestra piel. Cuanto más se acerque al Ecuador más riesgo corre, al igual que si se encuentra en aquellas zonas del planeta en las que el grosor de la capa de ozono es menor. No se descuide ni en otoño ni en invierno. Aunque en menor cantidad que en primavera y verano, la radiación también llega a la superficie de la tierra. Con todos estos factores, se elabora el Índice Ultravioleta (UVI), una escala, que va del 0 al 16 y que indica, en cada lugar del mundo, los niveles de radiación ultravioleta que se esperan que lleguen a la Tierra al mediodía y en ausencia de nubes. Cuanto más alta sea esta cifra más riesgo corremos de que los rayos ultravioleta perjudiquen la piel y los ojos y menos tiempo tardarán en conseguirlo.

Tenga en cuenta además que parte de las radiaciones se reflejan en alguna superficie. Es decir, inciden primero en el agua, la hierba o el asfalto y de ahí rebotan a la piel. Pues bien, si ese primer lugar es la hierba o la arena, estas reflejan entre un 15 y un 25% y si es la nieve, hasta un 80%, de ahí que los esquiadores deban tener mucho cuidado con el sol y que una sombrilla en la playa no sea suficiente para protegerse.

Los fotoprotectores

La capa de ozono no es el único escudo con el que contamos. Siempre hemos de tener a mano nuestro particular kit de supervivencia: ropa, sombreros y gafas que impiden que las radiaciones lleguen a nuestra piel y a nuestros ojos. El organismo cuenta con sus propias defensas, como por ejemplo el bronceado, que en cierta medida protege a la piel frente a las quemaduras solares y al cáncer. Y la ciencia ha aportado su granito de arena con fotoprotectores químicos, productos (crema, gel, leche, etc.) que aplicados sobre la piel protegen de los efectos prejudiciales de las radiaciones UVA y UVB. Y todo gracias a que en su composición llevan unas sustancias que se conocen como filtros y que son capaces de frenar la acción de ambas.

A la hora de comprar estos productos ha de fijarse en dos índices: el FPS y el PPD. El primero es el factor de protección solar e indica el número de veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural de la piel frente al enrojecimiento. Por ejemplo, si una persona puede exponerse al sol diez minutos sin tener que lamentar ni enrojecimientos ni quemaduras en su piel, un FPS 15, utilizado correctamente, le protegerá del sol durante, más o menos, 150 minutos (10×15). El FPS es, en definitiva, el que marca el grado de protección frente a las radiaciones UVB. En función de él los fotoprotectores se clasifican en bajo, si el FPS es de 2, 4 ó 6, medio, si es de 8, 10 ó 12, alto, de 15, 20 ó 25 o muy alto de 30, 40 ó 50. La Unión Europea ha eliminado el termino ‘pantalla total’, pues tal y como ha informado el Colegio de Farmacéuticos de La Coruña “ninguno protege al 100% y daba origen a confusiones”. Además, se ha acabado con la expresión ‘ultra’ en la que hasta ahora se englobaba a todos los fotoprotectores con un FPS mayor de 50, dado que “a partir de 50 protegen prácticamente lo mismo, ponga 50 o ponga 90”, explica. Todos los fotoprotectores de protección muy alta se han unificado bajo el número 50.

El grado de protección frente a las radiaciones UVA viene determinado por el índice PPD, el cual significa capacidad de producir pigmentación duradera, y en función de su valor los fotoprotectores se clasifican en: bajo si el PPD es de 2, medio si es de 4, alto si es de 8 y muy alto cuando es de 14.

El fototipo

Pero no todos los fotoprotectores valen para todas las personas. Antes de decantarse por uno ha de saber cuál es su fototipo, es decir, el conjunto de características físicas con las que nace cada persona y que determinan su capacidad para broncearse. Existen seis fototipos diferentes, en función del color de pelo y de la piel y de lo fácil o difícil que se queme o se broncee cada cual. Lo normal es que las personas que le rodean y usted mismo encajen en uno de los cuatro primeros, por lo que son en los que nos vamos a centrar. Si usted es albino o pelirrojo, su piel es lechosa, se quema siempre y no se broncea nunca su fototipo es el I. Si es pelirrojo o rubio, su piel es clara, se broncea de forma muy ligera y se quema muy fácilmente su fototipo es el II. Pelo castaño claro, piel clara, bronceado ligero y tendencia a quemarse fácilmente son características que corresponden al fototipo III; pero si su pelo es castaño oscuro, tiene la piel morena, rara vez se quema y se broncea bastante su fototipo es el IV. Cuanto más clara sea su piel, o lo que es lo mismo, cuanto más bajo sea su fototipo, menor es la resistencia frente al sol y, por lo tanto, mayor el factor de protección solar (FPS) que necesita.

Los efectos nocivos

El sol es demasiado peligroso como para quedarse con los brazos cruzados. La piel se quema, envejece antes de tiempo o recibe la visita de un nefasto enemigo: el cáncer. Quemada por el sol, la piel se enrojece y, si la exposición ha sido muy intensa, puede que, a los pocos días, empiece a pelarse y hagan acto de presencia edemas y ampollas. Pero si no es un hecho aislado y resulta que su piel ha estado expuesta más de la cuenta al sol durante años no se extrañe si está amarillenta, su aspecto es seco y apergaminado y se dibujan en ella surcos o arrugas muy profundas. Está pasando por un envejecimiento prematuro.

Pero, desde luego, el peor trastorno que puede aparecer en su envoltorio natural es el cáncer de piel. Sólo el 5% de este tipo de cánceres responden al nombre de melanomas, pero su alta mortalidad y el hecho de que su curación dependa en gran parte de que se logre hacer un diagnóstico precoz le han hecho ocupar un importante lugar entre ellos. No olvide esto: las personas con pelo rubio o pelirrojo, de ojos y piel clara y con dificultad para broncearse tienen mayor riesgo de melanoma, sobre todo si han tenido tres o más quemaduras solares con ampollas antes de los 18 años de edad.

Para aplicar bien el fotoprotector

1. No escatime en cantidad. El protector solar debe cubrir toda la superficie del cuerpo. No olvide zonas como las orejas o el cuero cabelludo, en caso de calvicie o niños pequeños.

2. Aplíquelo siempre con la piel bien seca, pues las gotas de agua funcionan como una lupa y aumentan el riesgo de que se produzcan quemaduras.

3. Realice la primera aplicación al menos treinta minutos antes de exponerse al sol y siempre antes de salir de casa, nunca en la playa o en la piscina. Después de cada baño o cada dos horas vuelva a aplicárselo, pues el sudor, la toalla y el agua hacen que desaparezca.

FUENTES: Asociación Española Contra el Cáncer y Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona.