Se sabe que fumar es mucho más común entre las personas con enfermedades mentales, especialmente la depresión y la esquizofrenia. Sin embargo, la mayoría de los estudios que han analizado esta asociación no han podido descifrar si se trata de una relación de causa y efecto y, de ser así, en qué dirección: ¿La enfermedad mental aumenta la probabilidad de fumar, o fumar es en sí mismo un factor de riesgo de enfermedad mental?

Científicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido), utilizaron datos del Biobanco del Reino Unido de 462.690 individuos de ascendencia europea, que comprenden el 8 por ciento actual fumadores y 22 por ciento exfumadores.

El equipo, que publica los resultados en la revista ‘Psychological Medicine‘, aplicó un enfoque analítico llamado aleatorización mendeliana, que utiliza variantes genéticas asociadas con una exposición (por ejemplo, fumar) para apoyar conclusiones más sólidas sobre las relaciones de causa y efecto.

Y encontraron evidencia de que el consumo de tabaco aumenta el riesgo de depresión y esquizofrenia, pero también de que la depresión y la esquizofrenia aumentan la probabilidad de fumar (aunque la evidencia fue más débil en esta dirección para la esquizofrenia).

El mismo grupo publicó un estudio similar en el ‘British Journal of Psychiatry‘ a principios de este año en colaboración con la Universidad de Amsterdam, que muestra evidencia de que fumar aumenta el riesgo de trastorno bipolar.

El grupo de trabajo de salud mental del gobierno del Reino Unido hizo la recomendación en su revisión de 2016 de que los hospitales psiquiátricos deberían estar libres de humo para 2018. Esta nueva evidencia agrega más peso para apoyar la implementación de políticas libres de humo.

No solo hay evidencia de que fumar puede ser perjudicial para la salud mental, sino que gran parte del exceso de mortalidad asociado con la enfermedad mental se debe al hábito de fumar.

La doctora Robyn Wootton, autora principal del estudio, señala que “las personas con enfermedades mentales a menudo son ignoradas en nuestros esfuerzos por reducir la prevalencia del tabaquismo, lo que lleva a desigualdades en la salud”.

“Nuestro trabajo muestra que deberíamos estar haciendo todos los esfuerzos para prevenir el inicio del hábito de fumar y alentar a dejar de fumar debido a las consecuencias para la salud mental y la salud física”, añade.

Por su parte, Marcus Munafò, profesor de Psicología Biológica en la Facultad de Ciencias Psicológicas de Bristol y autor principal del estudio, agrega que “la creciente disponibilidad de datos genéticos en grandes estudios, junto con la identificación de variantes genéticas asociadas con una variedad de comportamientos y resultados de salud, está transformando nuestra capacidad de usar técnicas como la aleatorización mendeliana para comprender las vías causales”.

“Lo que esto demuestra es que los estudios genéticos pueden decirnos tanto sobre las influencias ambientales, en este caso los efectos del tabaquismo sobre la salud mental, como sobre la biología subyacente”, concluye.