Todos nos sentimos tristes en un momento concreto de nuestra vida. Un desengaño amoroso, un bache económico, un despido imprevisto, la muerte de una persona cercana o simplemente una vida demasiado ajetreada pueden hacer que suframos cierta incapacidad para disfrutar de las cosas. Esta reacción es normal. El problema llega cuando esta situación se alarga en el tiempo y lo que hasta ahora era un hecho puntual se convierte en ‘lo habitual’, entonces se produce lo que la medicina denomina anhedonia o incapacidad para disfrutar de las cosas agradables de la vida y sentir placer.

Pero no siempre la anhedonia lo domina todo. Aunque hay personas que presentan esta actitud sea cual sea la circunstancia, en otras la anhedonia se hace presente sólo en un aspecto concreto de sus vidas que antes les resultaba placentero, como la comida, el sexo, el ocio o las relaciones sociales. Además no todas las personas viven esta circunstancia de la misma forma; mientras que unos sufren una incapacidad total para disfrutar de las cosas agradables y experimentar placer, otras son sólo menos capaces de hacerlo, en mayor o menor medida.

Algo que es importante aclarar es que la anhedonia no es ningún trastorno sino un síntoma que revela la presencia de un problema. Los esquizofrénicos o los adictos al alcohol o a otras drogas la padecen durante el síndrome de abstinencia. Pero, sin duda, el principal trastorno que está detrás de la anhedonia es la depresión, una de las lacras de nuestra era. Cuando una persona sufre una depresión profunda se queda ‘congelada emocionalmente’ y nada ni nadie es capaz de hacerla disfrutar; ni siquiera las personas que más quiere o las aficiones que antes le apasionaban.

Cuando la depresión, e incluso la ansiedad, entran en escena, las cosas que antes hacían disfrutar dejan de importar, las relaciones sociales se convierten en una carga y no se sale del círculo más cercano. Sin duda, con estos trastornos, las satisfacciones de ‘tipo social’ son las que más se resienten.

Las causas

El porqué de la anhedonia reside en el cerebro cuando se trata de situaciones como la abstinencia a las drogas, la depresión y la esquizofrenia. Y es que, en situaciones depresivas o de un gran estrés o ansiedad, el cerebro se bloquea y deja de fabricar dopamina, una sustancia química responsable de las sensaciones placenteras.

Cuando la anhedonia no domina toda la vida de la persona sino que se centra en un aspecto concreto se pueden buscar otras causas. Así, es posible que ciertos tipos de medicamentos, como algunos que se utilizan para tratar la depresión o la esquizofrenia, sean los responsables de la pérdida del placer sexual o del gusto por la comida.

Tratamiento

Uno mismo no puede plantar cara a este trastorno. Es necesario que un especialista confirme que lo que le está pasando no es una respuesta normal a uno de los tantos contratiempos que tiene la vida sino un síntoma que delata la presencia de un problema. Desvelar cuál es este problema y sentar las bases de su tratamiento es el comienzo de la recuperación.

Como se trata de un síntoma, no se puede tratar directamente y sólo se puede poner freno a la anhedonia si se conoce la causa y se lucha contra ésta con el tratamiento adecuado. Así, si tras la falta de placer hay una enfermedad, ya sea una depresión, un trastorno de ansiedad, una esquizofrenia o una adicción, habrá que esperar a que ésta mejore para ser testigo de cómo la anhedonia remite poco a poco. Si el desencadenante es la medicación, basta con modificar la dosis, retirarla o cambiarla por otra para ver cómo la persona mejora.

FUENTES: NetDoctor y Puleva Salud.