La población española actual que supera los 55 años es de 11 millones. De ellos, superan los 65 años de edad alrededor 8.000.000 de personas, de los cuales casi 2.000.000 viven solos, alrededor de 1.300.000 son analfabetos y cerca de 2 millones han pedido acogerse a la Ley de Dependencia. Muchos de ellos con pluripatología debido al envejecimiento fisiológico natural que sufre el organismo y la fragilidad del mismo. A nivel de centros geriátricos, están institucionalizados cerca de medio millón de personas mayores de 65 años de edad en España. Por consiguiente, con un cúmulo mayor de procesos patológicos al estar concentrados en unas instalaciones el mayor número de ellas, sin olvidarnos de los discapacitados psíquicos y físicos que disponen de otro tipo de instalaciones.

Cuando se habla de Sanidad, se comenta la existencia de dos grandes niveles asistenciales, el primero que está suscrito por AP (Atención Primaria) y el segundo por hospitales, pero se olvidan mencionar el “nivel asistencial intermedio”, ya que ese es el nivel donde se encuentran los centros geriátricos, a caballo entre la Atención Primaria y los hospitales. Por consiguiente tiene una cabida muy importante dentro del SNS (Sistema Nacional de Salud), cuando hablamos de saturación de urgencias hospitalarias y desburocratizadoras de la AP, pues no debemos olvidar que el mayor presupuesto asistencial en nuestro país se lo llevan los hospitales, y casi el 70 por ciento de sus ingresos hospitalarios son de las personas que se encuentran en la edad geriátrica. Así, los mencionados centros se pueden convertir en unidades de apoyo.

Para un mejor desarrollo de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (conocida popularmente como Ley de Dependencia), Asuntos Sociales y Sanidad deben de ir de la mano, tal y como viene recogido en la propia Ley, y tal y como ha hecho el propio Ministerio y algunas autonomías, para lograr una mayor y mejor atención al dependiente (en su más amplio contexto), y mejorar las condiciones de los profesionales y centros que los atienden, haciéndose extensiva la medida a los médicos de Atención Primaria (MAP) y estructura de los hospitales. Es decir, se requiere de una buena y correcta coordinación entre estos tres sistemas de atención asistencial, pues se complementan. Y no debemos olvidar que la puerta de entrada al sistema de salud y a las prestaciones de estas personas es por Sanidad y más concretamente desde Atención Primaria. Por ello que se creo el Plan Nacional sobre la Atención al Paciente Crónico, a nivel nacional, en septiembre de 2012, donde participaron diferentes entidades, asociaciones, sociedades médicas, autonomías, etc, involucradas en la atención al paciente crónico, buscando precisamente ese mejor aprovechamiento de los recursos socioasistenciales que no deben ir separados.

El 22 de mayo de 2013 fue publicado a nivel nacional, en un importante medio del sector de la Sanidad, un  artículo que habla de un estudio realizado en Estados Unidos (EE.UU.) sobre el incremento de las admisiones en urgencias, y que la coordinación con residencias y AP permite el descenso de las mismas. En España vamos por delante de EE.UU., aunque es triste que tengamos que escuchar de un medio de difusión nacional esta noticia y que no se recoja que ya alguna otra sociedad científica lo lleva reivindicando y además dando soluciones desde hace más de siete años en nuestro país. Ya que no se trata solamente de una buena coordinación entre los tres niveles asistenciales (hospital, residencia geriátrica y AP), sino también de una adecuada continuidad asistencial,  que deben ir juntas, pues de lo contrario se vería abocado al fracaso.

Estas experiencias realizadas con una correcta coordinación y continuidad asistencial han venido a demostrar su viabilidad, y valga de ejemplo la siguiente cifra, que es facilitada por un importante hospital español con el que colaboramos conjuntamente y de reconocido prestigio internacional, como es el 12 de Octubre en Madrid. Tratando un mismo proceso patológico en 72 personas de características muy similares, sin aplicar el protocolo propuesto de coordinación-continuidad asistencial, el coste es 381.000 ” y aplicando el protocolo de 23.000 “. El ahorro es sorprendente pero cierto, obteniendo los mismos resultados terapéuticos, mejorando la calidad de vida del anciano y con un índice de satisfacción del 92 por ciento. Todo esto lo convierte en un proyecto sostenible que poco a poco se puede ir haciendo extensivo por otros hospitales y a AP. Está demostrado que con una buena coordinación existe una buena continuidad asistencial, y simplemente con mostrar buenas voluntades por parte de todas las personas involucradas en la atención socioasistencial en aplicar el proyecto, éste sale adelante, permitiendo con los mismos recursos sacar un mejor provecho y rendimiento.

Parece ser que el problema más importante, cuando hablamos de gasto sanitario, son los medicamentos y su coste. Lo único valorable, y nos olvidamos de la estancia hospitalaria, pruebas diagnósticas, traslados, sobredimensión del personal para control del gasto, que se contradice con la no contratación de profesionales socioasistenciales, presión asistencial…

Corren momentos difíciles en nuestra economía, pero no es excusa para emprender mejoras y planificar retos/objetivos, optimizando los recursos, y ser conocedores de lo que disponemos, evitando estancias prolongadas en los hospitales y sus urgencias, así como la sobrecarga de los centros de salud, haciendo con ello cumplimiento de la Ley de Dependencia, el desarrollo de unidades de pluripatologías, existentes en  la actualidad, en algún hospital e incluso centro de salud y que tengan  línea directa con sus centros geriátricos de referencia, pues estos últimos disponen de recursos infrautilizados. Todo se traduce en una mayor agilidad, mejor calidad asistencial y aprovechamiento de los recursos existentes, sin olvidarnos de la Sanidad concertada de gestión privada, como es el caso de las mutualidades, y de la Sanidad penitenciaria que atienden cerca de 100.000 personas.

El futuro de la atención socioasistencial está en la formación, investigación, innovación y dotación de recursos necesarios para atender a la población, para lo cual, y ahora más que nunca, hay que hacer una correcta coordinación entre los tres niveles asistenciales que repercutiría muy favorablemente en el mejor aprovechamiento de los mismos dentro del Sistema Nacional de Salud. Sería una respuesta muy buena a las necesidades actuales que demanda nuestro SNS (hospitales y Atención Primaria) y a las particulares de los usuarios, que en definitiva somos todos/as, así como la promoción y prevención de la salud que, no cabe duda, debe pasar, de una vez por todas, por un gran pacto por la Sanidad y en la propia Ley de Dependencia, donde intervengan todas las esferas sociales, laborales, políticas, sanitarias, sociedades científicas, colegios profesionales… que son el conjunto que representa la sociedad.

Todos los planes de atención socioasistencial pasan por unos planes adecuados de prevención y promoción de la salud desde el vientre materno, pues hay conductas y comportamientos que se adquieren desde el desarrollo embrionario, donde la madre debe adoptar unas normas de higiene y transmitirlas tras el nacimiento. Era realmente lo que enseñaban nuestros abuelos o personas mayores con experiencia de la vida, es lo que hoy en día se llama “educación para la salud”. Hábitos y normas de higiene fundamentales como el lavado de las manos, comer despacio y no a deshoras, no acostarse inmediatamente después de una comida y más si ha sido copiosa, no tomar bebidas excesivamente frías, no llevarse a la boca objetos que hayan pasado previamente por otra o haber estado en lugares poco aconsejables, no exponerte al sol en las horas cercanas al mediodía… y se podría enumerar un sinfín de consejos que hoy en día se están dando mediante cursos, charlas o campañas, éstas últimas con cierto coste (campañas antitabaco, combatir enfermedades de transmisión sexual, alcoholismo…). Muchas veces la población interpreta que sólo es durante la campaña, por lo que algo está fallando y pudiera ser la poca o mala información que se da desde la niñez y/o en los colegios. Así, pudiera interpretarse que los efectos de la Medicina preventiva o promocional no se ven a corto plazo, pero sí a medio y largo plazo, y contribuiría no sólo a dar una muy buena calidad de vida, sino también a una sostenibilidad importante del Sistema Nacional de Salud. Prueba de ello es la viruela, si se hubiera dejado de vacunar no estaría erradicada, o la poliomielitis, con la enorme repercusión socioasistencial que conllevan sus complicaciones.

El coste que supone el tratamiento de determinadas patologías, sin haber invertido lo necesario para prevención y promoción de la salud, es muy contradictorio, pues si no fuera así, por qué están aumentando las ETS o los embarazos no deseados o las enfermedades infecciosas o las toxicomanías, cuando realmente esa inversión es menor si analizamos sus resultados a medio/largo plazo, que es lo realmente interesante, ya que se llega a disminuir considerablemente la enfermedad que esto es lo realmente costoso desde el punto de vista socioasistencial. Precisamente para eso se crearon los centros de salud con sus Equipos de Atención Primaria, cuyos resultados debieron de ser palpables de una forma notoria desde 1995. Y debemos de hacer una reflexión seria en ello, para lo cual debe haber y de una vez por todas un consenso entre todas las fuerzas políticas, sociales y sanitarias a este respecto, pues la Sanidad tiene una única  bandera, con unas bases sólidas donde debe prevalecer la verdadera filosofía de la prevención primaria y la promoción de la salud, para lo cual se requiere una dirección de técnicos sanitarios especialistas, sin olvidarse de la parte política y económica

La popularmente conocida como Ley de Dependencia, aprobada el 30 de noviembre del 2006 en el Congreso de los Diputados, comienza diciendo: “Ley de Promoción de la Autonomía Personal…” pero desde qué edades. Es obvio que si realmente queremos que se note en un futuro no muy lejano, el inicio debe ser como su palabra indica desde edades muy tempranas de la vida, y si ya no existen los consejos de las personas mayores, somos todos los profesionales de la salud los que debemos impartirlas, desde los propios centros de salud y otros lugares como el trabajo, colegios, asociaciones. Con esa intención se creó la filosofía asistencial de los Equipos de Atención Primaria (EAP), dentro de un mismo centro de salud, donde atendiesen unas zonas básicas de salud, en todos sus aspectos socioasistenciales, aplicando planes preventivos y promocionales de la salud y no solamente los asistenciales. Quizás sea por la poca formación que se recibe precisamente en aprender a trabajar en equipo o en grupo interdisciplinar, no hay que rellenar formularios para cumplir con objetivos, hay que aunar esfuerzos desde la base, con todos los medios al alcance en el lugar de trabajo y todas las fuerzas socioasistenciales disponibles en la zona, sean públicas o privadas. El objetivo es llevar a buen puerto las enseñanzas que nos daban nuestros mayores y que redundarán muy favorablemente en la buena calidad de vida y una buena sostenibilidad de nuestro SNS, que adquiere precisamente su denominación con la creación de la Ley General de Sanidad en 1986.

Lo fácil es pedir nuevas tecnologías, acceso a pruebas complementarias de gama alta, y nos olvidamos de establecer una buena relación médico-paciente, empleando precisamente las nuevas tecnologías de la comunicación de las que disponemos en las consultas y que servirían como medio de consulta con otras especialidades mediante videoconferencia, email, etc. Estas tecnologías pueden ayudar en tiempo real u offline a resolver dudas diagnósticas o terapéuticas sin necesidad de sobrecargar otras consultas y sin desplazamientos innecesarios de los pacientes, dando una mayor agilidad. Pero aún sería más práctica  la posibilidad de un contacto directo mediante estas tecnologías entre médico y pacientes, tanto para el seguimiento de una determinada patología como para una consulta que no requiere acudir físicamente al médico, lo que conlleva la no masificación de la consulta médica y un descenso del absentismo laboral. Cabe añadir que esto no supondría una sobrecarga al trabajo del profesional, al no tratarse de actuaciones urgentes. Y en el caso de los crónicos, permitiría atender a más pacientes por esta vía y resolver avisos domiciliarios. Incluso es una vía de seguimiento para la adherencia al tratamiento, paliativos…

Se van incrementando el número de asociaciones de pacientes en diferentes patologías, buscando un mayor acercamiento a la enfermedad que representan y con el objetivo de reclamar las verdaderas necesidades de la misma, para lo cual deben ir juntos los profesionales y los pacientes, que a su vez son una escuela de educación para la salud. Ello permitiría una mayor detección precoz de las enfermedades, así como un mejor desarrollo de los planes preventivos y promocionales de la salud para ese tipo de patologías que representan. Estas medidas se deben desarrollar conjuntamente y estar adaptadas a la realidad del momento presente y futuro, usando como referencia el pasado.

La administración sanitaria, tanto central como autonómica, está fomentando la creación de planes de actuación estratégicos para combatir algunas enfermedades más demandadas (EPOC, ICTUS…), así como por especialidades. Evidentemente sin una intervención interdisciplinar se verán abocadas al fracaso, pues ¿qué enfermedad o especialidad no se ve intervenida en su conjunto por otras especialidades u otros síntomas? Valga de ejemplo la gripe. Para combatirla interviene la prevención, la promoción de la salud, médicos de AP, otras especialidades, incluyendo la epidemiológica. En definitiva, un equipo interdisciplinar, donde debe existir una correcta coordinación, y con ello lograremos una mayor formación, investigación, innovación y dotación de recursos necesarios para continuar ejercitando una buena labor socioasistencial en el presente y futuro.

Con una buena coordinación hay una correcta continuidad asistencial, y todo nos conduce a una sostenibilidad estable de nuestro SNS, actual y futuro. Es cuestión de buenas voluntades por parte de todos los usuarios del Sistema Nacional de Salud, profesionalidad y técnicos preparados que sepan realmente gestionar.