Expertos de la Universidad de Nottingham, en colaboración con expertos de la Universidad de Keele, ambas en Reino Unido, han descubierto que el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares aumenta temporalmente en los cuatro meses posteriores a un brote de gota.

La investigación, publicada en la revista ‘JAMA’, ha demostrado que los pacientes con gota que sufrieron un ataque al corazón o un ictus tenían el doble de probabilidades de haber sufrido un brote de gota en los 60 días anteriores al suceso, y una vez y media más de tener un brote de gota en los 61-120 días anteriores.

Factor de riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular

En niveles elevados, el ácido úrico se deposita en las articulaciones y alrededor de ellas en forma de cristales de urato con forma de aguja. Una vez liberados de sus depósitos, estos cristales provocan una inflamación grave que se manifiesta con dolor, hinchazón, enrojecimiento y sensibilidad en las articulaciones, que suele durar entre una y dos semanas. Estos episodios, llamados ataques de gota, suelen repetirse. La inflamación es también un factor de riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular.

Las personas con gota tienden a tener más factores de riesgo cardiovascular, aunque no se han realizado estudios previos sobre si los brotes de gota están relacionados con un mayor riesgo de ataque cardíaco e ictus. En este estudio, los expertos examinaron si había un aumento temporal del riesgo de ataque cardíaco o accidente cerebrovascular después de un brote de gota.

Resultados del estudio

Descubrieron que los pacientes con gota que sufrían un ataque al corazón o un ictus tenían el doble de probabilidades de haber sufrido una crisis de gota en los 60 días anteriores al suceso, y una vez y media más de probabilidades de sufrir una crisis de gota en los 61-120 días anteriores.

Encontraron una tasa alta similar de ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares en los días 0-60 y 61-120 después de los brotes de gota en comparación con otros períodos de tiempo, cuando utilizaron la información de sólo los pacientes que consultaron por un brote de gota y también experimentaron un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular.

Esto reforzó aún más el hallazgo de que los brotes de gota se asocian con un aumento transitorio de los eventos cardiovasculares después de los brotes.

El aumento de las probabilidades y las tasas persistió cuando se excluyeron las personas con una enfermedad cardíaca o un accidente cerebrovascular preexistente antes de su diagnóstico de gota, y cuando se consideraron períodos de exposición más cortos, como los de 0 a 15 y 16 a 30 días antes del ataque cardíaco o el accidente cerebrovascular.

Los pacientes con gota que murieron por un ataque al corazón o un ictus tenían más de cuatro veces las probabilidades de sufrir un brote de gota en los 0-60 días anteriores y más del doble de probabilidades de sufrir un brote de gota en los 61-120 días anteriores.

"Los resultados muestran que, entre los pacientes con gota, los que sufrieron un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular tuvieron una probabilidad significativamente mayor de sufrir una crisis de gota durante los 120 días anteriores, en comparación con los pacientes que no sufrieron esos acontecimientos –explica–. Estos resultados sugieren que los brotes de gota se asocian con un aumento transitorio de los eventos cardiovasculares después de los brotes".

"Las personas con ataques de gota recurrentes deben ser consideradas para un tratamiento a largo plazo con tratamientos para reducir el urato, como el alopurinol –recomienda–. Se trata de una forma fiable de eliminar los depósitos de cristales de urato y de evitar los brotes de gota".

En su opinión, "también debe considerarse la posibilidad de que los pacientes reciban un tratamiento simultáneo con medicamentos antiinflamatorios, como la colchicina, durante los primeros meses, ya que los tratamientos para reducir el ácido úrico pueden desencadenar brotes de gota a corto plazo".