Ricard Ferrer lleva un año presidiendo la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc). Durante los meses de la pandemia los intensivistas han estado en primera línea y lo han podido hacer gracias a la actualización puntual de todo lo que se iba sabiendo de la COVID-19, tal y como afirma.

¿Qué balance hace del año que lleva presidiendo la Semicyuc?

Tenemos un plan estratégico que estamos implementando desde que era vicepresidente y lo estamos haciendo progresivamente. Una de las actividades que hemos promovido es la participación de los socios más jóvenes con la creación del grupo Semicyuc joven, que está dedicado a residentes y a adjuntos jóvenes para que tengan actividades propias en el congreso y se puedan desarrollar actividades más focalizadas en este grupo. Pretendemos que la sociedad sea más atractiva para ellos. También teníamos que acometer un cambio de sede y lo estamos haciendo, con un local más grande que reúne mejores condiciones para poder hacer más formación y reuniones adecuadas a las condiciones actuales.

La formación, ¿es un objetivo prioritario de su sociedad?

Es importantísimo. Mantenemos el congreso nacional, aunque este año hay que hacerlo en formato digital. También llevamos a cabo reuniones virtuales de los grupos de trabajo y hemos puesto en marcha una serie de webinar focalizadas en el tema pandemia que se han estado realizando durante abril, mayo y junio, para ofrecer formación continuada a nuestros socios.

¿España cuenta con el suficiente número de intensivistas?

En nuestro país hay 9 camas de cuidados intensivos por cada 100.00 habitantes y es claramente insuficiente. Estamos en el extremo opuesto a Alemania, donde hay 30 por 100.000. No llegaremos a esta cifra, pero deberíamos intentar tener una dotación estructural de cuidados intensivos mayor que la que tenemos, que es de las más bajas de Europa, para afrontar no solo situaciones de pandemia sino cualquier situación que comporte esta necesidad. No tenemos un suficiente cojín de camas de UCI y las UCI están siempre muy tensionadas, sobre todo en los meses de invierno cuando circulan los virus respiratorios estacionales. Sin estar en pandemia, la situación en invierno es complicada.

¿Cómo se podría solventar este déficit?

El primer reto sería dotar a los hospitales de un mayor número de camas de cuidados de intensivos, como mínimo 15 por 100.000 habitantes. La situación en España es heterogénea, hay zonas que tienen una ratio mayor y otras menor, por lo que sería bueno homogenizarlo, teniendo en cuenta factores como la complejidad del hospital, los programas específicos y la población a la que atiende.  A partir de ahí, las camas hay que equiparlas. La especialidad de intensivos es muy tecnificada, con respiradores, monitorización, bombas de infusión, etc.

Y, ¿los profesionales?

Además del equipamiento, hay que fijarnos en los profesionales. Tras la situación de pandemia no se ha incrementado prácticamente la oferta de plazas MIR para intensivistas. Hay que tener en cuenta que nuestra especialidad está madura, hay muchas jubilaciones cada año. Si no aumentamos las plazas para formar intensivistas será difícil tener los especialistas adecuados para aumentar el número de camas. Ahora mismo, no hay paro en nuestra especialidad. Es verdad, además, que algunos contratos pueden mejorarse, sobre todo los que están con contrato de guardia.

¿En qué porcentaje debería ampliarse las plazas de MIR?

Tenemos una especialidad de cinco años de MIR, estimamos que será como un 10 por ciento.

¿En esta ratio se incluyen las UCI pediátricas?

No, las atienden pediatras.

¿Tienen relación con ellos?

Sí que tenemos mucha relación con los pediatras intensivistas. La Sociedad Española de Cuidados Intensivos Pediátricos (SECIP) es una sociedad muy cercana, y cada tres años organizamos el congreso conjuntamente.

¿Con qué sociedades científicas tienen más contacto?

Con la mayoría y son muy buenas. Tenemos mucho contacto con la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica porque tenemos temas compartidos, con la Sociedad Española de Cardiología, de Medicina Interna… Nuestra sociedad es muy transversal y con las sociedades transversales tenemos más relación.

¿Qué papel tiene FACME en la relación con las distintas sociedades?

FACME es una federación de sociedades y lógicamente es importante estar bien representados para poder participar en todos los temas de discusión. Es un entorno para establecer colaboraciones. Por eso, el papel de FACME me parece positivo y adecuado.

¿Cómo valora la prohibición a la industria de financiar la formación de los profesionales sanitarios recogida en el Dictamen de la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica?

Esta situación pone en riesgo muchas actividades. En la formación, aunque se haga financiada por la industria, si se hace de la forma adecua siguiendo los códigos deontológicos establecidos, tanto por la industria como por las sociedades, la colaboración es muy positiva. Si estas actividades desaparecen, hay que tener claro quién va a hacer la formación continuada. Estamos en un entorno donde el empleador mayoritario es la Administración y, por lo tanto, es la que debería proveer de esta formación y, por ahora, no lo está haciendo. Tenemos dudas sobre si la Administración va a coger el rol de la formación del sistema sanitario público.

¿De donde saldrán los fondos para la formación de los profesionales sanitarios?

Lo desconocemos. Queda claro que todas las actividades de formación que hacemos las sociedades científicas estarían en riesgo y una parte importante de la financiación de las sociedades científicas también. Si las SSCC no tienen financiación no podrán realizar sus tareas de compromiso social y de interlocutora con la Administración. Esta función de asesoría e interlocución con la Administración sería complicada porque quedaría comprometida a nivel financiero.

¿Cómo puede repercutir en la asistencia la limitación de la formación?

La repercusión es inmediata. Ha quedado claro durante la pandemia que las SSCC hemos sido capaces de ofrecer formación a nuestros socios en tiempo récord. Una enfermedad absolutamente desconocida la hemos actualizado a todos los socios en tiempo real. Hemos ido ofreciendo todo el conocimiento que se va generando. De tal forma, hemos podido ir adaptando la parte asistencial al conocimiento generado. Si las SSCC desaparecen, toda esta formación desaparece.  Si las sociedades no hubieran hecho el esfuerzo de ser formadoras y divulgadoras ahora nuestros socios tendrían dificultades para saber cuál es el tratamiento óptimo para pacientes COVID-19.

¿Qué se ha aprendido en estos meses para afrontar lo que puede venir?

Los pacientes COVID-19 que tenemos ahora es una actividad añadida a lo que hacíamos rutinariamente. Si hablamos de una UCI con 10 pacientes COVID-19, son 10 camas más de UCI de las que teníamos el año pasado. Ahora la COVID no está sustituyendo a ninguna actividad. Durante la pandemia, muchos de los pacientes habituales como politraumatismos, grandes quemados, trasplantes, cirugía mayor… no llegaron al hospital, bien por el confinamiento o por la falta de actividad. Ahora mantenemos actividad COVID, pero hemos restaurado toda la actividad no COIVD.

¿Qué supone esto?

Es un incremento de actividad muy importante que requiere camas estructurales, equipamiento y profesionales. Es un esfuerzo enorme, ya que es una actividad adicional, por encima de la que se realizaba habitualmente.

¿Qué pasará cuando empiece a circular la gripe?

Es una incógnita. La información disponible en el hemisferio sur es que, debido al uso de mascarillas, la distancia social y el incremento de la higiene, los virus respiratorios habituales están circulando menos. Realmente, nos encontraremos con COVID-19, pero la presión asistencial por los virus estacionales puede descender. Además, esperemos que las campañas de vacunación de la gripe sean campañas intensas que permitan disminuir la presión. Si somos capaces de incrementar la vacunación de la gripe, sobre todo en el personal sanitario, junto con las medidas antiCOVID-19 podremos conseguir que las UCI tengan la presión del COVID, pero tengan menos presión por los otros virus.

¿Qué retos laborales se plantean en esta situación?

En el personal sanitario, tanto médicos como enfermeras, va a tener un impacto importante en la aplicación de cuarentenas. Con la apertura de los colegios, cada niño positivo puede generar dentro de su grupo burbuja unas 20 cuarentenas, que impactarán sobre todo en los padres si no encuentran alternativas para el cuidado de sus hijos. Estas cuarentenas pueden generar bajas y absentismo. Son los retos que deberemos afrontar en hospitales.

¿Cómo se van a hacer frente?

Estamos poniendo en marcha desde Semicyuc con la Sociedad Europea de Cuidados Intensivos, financiados por la Unión Europea, un programa de formación para no intensivistas. El programa no pretende formar especialistas, porque nuestra especialidad tiene una formación de 5 años, pero sí que permite dotar de algunas competencias clave para que algunas especialidades más cercanas puedan, en caso de necesidad, incorporarse a trabajar en equipos multidisciplinares de UCI, coordinados por intensivistas. No podrán incorporarse como intensivistas, pero sí en los equipos.

¿Cuáles son las especialidades más cercanas?

Una es Anestesia, pero no se puede incorporar si no se detienen los programas quirúrgicos; otras son Neumología, Cardiología, Pediatría, Medicina Interna… especialidades muy hospitalarias que con programas formativos se pueden integrar en equipos multidisciplinares.

¿Cómo valora el papel de los intensivistas en la pandemia?

Los intensivistas españoles han sido primera línea de batalla. Donde ha estado la máxima tensión ha sido en las UCI. Sin el compromiso que han tenido los intensivistas, que se han dejado la piel y han hecho un gran esfuerzo, no estaríamos en la situación que estamos. Podemos decir que se ha podido atender a todos los pacientes que lo han necesitado y es gracias al esfuerzo de los profesionales. Se han extendido las UCI al 300% y eso ha sido gracias a ellos. Han estado trabajando tres meses todos los días de la semana, hay intensivistas que no han descansado. Creo que hemos dado una asistencia de gran calidad y hemos salvado muchas vidas gracias al esfuerzo personal y a la dedicación de muchos intensivistas, que trabajaron en condiciones complicadas. También tengo que decir que muchos jubilados dejaron la jubilación y se incorporaron a trabajar, sabiendo que eran personas de riesgo, por el compromiso social de su trabajo. Ha sido ejemplar. La respuesta ha sido unánime y de máximo compromiso. Ahora el foco debería estar en Primaria