Los servicios médicos y todos los medios de UCI, reanimación y quirófanos han pasado a disposición de la atención de pacientes con COVID-19. Esto ha supuesto que gran parte de los hospitales hayan reducido la actividad quirúrgica a menos de la mitad. Así lo atestigua María Dolores Frutos, del Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia. “Nuestro trabajo ha pasado a ser sólo para atender urgencias quirúrgicas en las guardias, para dispensar consultas telemáticas y para ayudar al resto de especialidades médicas contra la COVID-19”.

Esto supone que muchos pacientes no se puedan operar, aumentando las complicaciones, empeorando el pronóstico y disminuyendo la supervivencia. A juicio de esta especialista, los gerentes hospitalarios hacen lo que pueden para mantener la actividad quirúrgica.  “Siguen los modelos de predicción para no colapsar el hospital, dejando camas, respiradores, quirófanos y salas de reanimación libres por el aumento de casos positivos. Aunque parece que la gravedad y mortalidad es algo inferior que en marzo”.

Actividad quirúrgica perjudicada

Si bien la reducción de la actividad quirúrgica afecta a casi todas las especialidades, hay algunas que se han visto más perjudicadas que otras.   Es el caso concreto de la cirugía bariátrica, según Andrés Sánchez-Pernaute, jefe de Sección de Cirugía Esófago Gástrica y de Obesidad Mórbida del Hospital Clínico San Carlos (Madrid). “La decisión en la mayor parte de los centros de comenzar la ralentización de la actividad quirúrgica prohibiendo la cirugía bariátrica resulta especialmente dramática”.

Por su elevada frecuencia, importancia e implicaciones clínicas, resulta especialmente paradigmático el retraso o la práctica paralización de las intervenciones quirúrgica. En concreto en pacientes obesos debido al COVID-19, sabiendo que la obesidad es un factor de riesgo independiente para una mayor gravedad de la enfermedad.  Es por ello que Frutos insiste en que “la cirugía bariátrica, pese a tratar una patología no-oncológica, no es un tratamiento demorable”.

Según una encuesta publicada por la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad (SECO) en 2018, unos 11.000 pacientes podrían estar en lista de espera para ser intervenidos de obesidad en estos momentos.