“Las limitaciones para la futura vacuna contra el COVID-19 vendrán por la capacidad de producción de unidades. ‘Moderna’, aunque esté en contacto con los Institutos de Salud tendrá una capacidad limitada; me imagino que cuando la tengan las primeras dosis las usarán en EE.UU. La esperanza es que también llegarán otras, como la de Oxford y la de China que están bastante avanzadas y que, de alguna manera, irán complementándose y ayudándonos un poco a todos, explica a EL MÉDICO INTERACTIVO Guillermo Quindós, catedrático de Microbiología de la Facultad de Medicina y Enfermería de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).

El investigador se refiere esperanzado a las vacunas que se desarrollan en España; las más avanzadas son las que se investigan en el Centro Nacional de Biotecnología. Ahí están Mariano Esteban e Isabel Sola, investigadores del Centro Nacional de Biotecnología adscrito al CSIC, cuyas vacunas empezarán a ensayarse con un poco de suerte en otoño. Las que se desarrollan en nuestro territorio las veo más completas que la de ‘Moderna’; esta utiliza un ARN sintético no patogénico, pero que lleva la información genética para sintetizar la proteína S que sería  ̒la llave’ que abre la cerradura para meterse en nuestras células. Lo que intentan con esta vacuna es que en las células infectadas con ese ARN se produzca esa proteína del virus provocando la respuesta inmunológica cuando nuestro sistema defensivo perciba que esa proteína es extraña y empiece a fabricar anticuerpos para neutralizarla como llave de entrada a la cerradura de nuestras células”, explica el investigador de la UPV-EHU.

“La estrategia de la de Mariano Esteban es diferente; utiliza un virus parecido al que se usaba para la viruela al que le han quitado la capacidad de producir la enfermedad y le han dejado como si fuera una especie de trasportín. En su interior meten información genética que tras inyectarse produce proteínas S modificadas que bloquean la entrada a la célula”.

En cuanto a la que investiga Isabel Sola, del mismo centro de investigación, que trabaja también a contrarreloj, explica Quindós, que es como si hubieran desmontado el coronavirus y volvieran a sintetizarlo, consiguiendo un virus reconstruido “con ARN, sus proteínas y envoltura con lípidos, montando un coronavirus similar, que no tiene capacidad de provocar infección, pero sí respuesta inmunológica”. ¿Qué es lo mejor de esta posible vacuna? “Que además de activar una respuesta que bloquee la llave que entra en la cerradura celular, también estimula otros niveles del sistema inmunitario capaces de eliminar a las células infectadas por virus en una reacción defensiva más completa”.

“Al final todo es cruzar los dedos, porque de las más de cien que están en investigación y desarrollo, igual nos quedamos con dos”, comenta el investigador, contundente, con la confianza de que esta tenga éxito “aunque sea parcial, porque probablemente sirva solo para algunos; podremos seguir diciendo que nos falta una definitiva, pero mientras tanto por lo menos esta nos ayudará a tejer un cordón sanitario; luego, tal vez se consiga otra que nos sirva para mayores, otra para niños… hasta llegar a una que sea eficaz y de amplio espectro. Ojalá vayamos pronto a esta universal, que nos sirva no solo para este coronavirus, sino para un montón de coronavirus similares más”, explica Guillermo Quindós.

En este sentido, señala estar bastante esperanzado, “porque existe un esfuerzo colectivo mundial inmenso para desarrollar vacunas que protejan y fármacos que nos ayuden a curar a las personas que están infectadas. Lo cierto es que se va a la carrera, como si se buscara una primera vacuna que sirva de barrera provisional o para evitar un problema brutal dentro de tres meses”, reconoce el investigador de la UPV-EHU.”

Prevenir el golpe antes de que se produzca

Quindós es contundente al señalar que no es sostenible el confinamiento en el tiempo. Porque paraliza todo el planeta. Hasta ahora, lo que hemos logrado es parar el primer golpazo, evitando que se sobrepase nuestra capacidad de reacción sanitaria”. En su opinión, los próximos pasos deben ir encaminados a prevenir el golpe antes de que se produzca. “Por eso, ha de reforzarse la atención primaria, para que si enfermamos por COVID-19 nos lo diagnostiquen cuanto antes e identifiquen rápidamente a las personas con las que hemos estado, para que les hagan las pruebas y seguimiento, controlando si están contagiadas o no. Será como hacer microcirugía sociosanitaria, añade.

La escasa inmunidad de grupo hasta la fecha es mala noticia, pero ¿será peor en octubre con el frío, con las posibles mutaciones víricas y la concomitancia con la gripe estacional? “Es mala y buena al mismo tiempo. Buena, porque sabemos que de tomar determinadas medidas, el confinamiento no será tan bestial; mala, porque todavía hay posibilidades de que nos infectemos más gente y que podamos estar en una situación inquietante. Aunque creo y confío en que no vaya a ser tan preocupante”, subraya.

Se lamenta de que todavía no dispongamos de ningún tratamiento específico para destruir al virus. “Hay muchos que están siendo evaluados y tal vez en los próximos dos meses tengamos los resultados de un estudio para decir cuál vale para las distintas situaciones de los pacientes. Tenemos muchas dianas y estamos muy esperanzados, pero hace falta más datos y más tiempo, explica el investigador.

Guillermo Quindós recalca que cada cierto tiempo tenemos un susto sanitario, aunque no tan grande como este. Por eso indica que lo primero que hay que tener es una buena medicina preventiva y mayor capacidad de respuesta hospitalaria. Otro aspecto muy destacable es lo que denominamos salud única para evitar pandemias. Porque el origen de la mayoría de estos sustos es de origen animal. Tendremos que aprender a tratar mejor al planeta, a consumir cosas que realmente necesitemos, cuidar a los animales de granja. Se nos tiene que meter en la cabeza el concepto de salud global, siendo respetuosos con el medio ambiente. Enfatiza esta prevención.

“El pasaporte serológico crearía confusión”

Sobre las aplicaciones para medir la fiebre y el pasaporte serológico, Quindós reconoce que algunas serán demasiado intrusivas y que habrá que buscar un equilibrio entre las que puedan ofrecer realmente una ayuda importante desde el punto de vista sanitario sin comprometer la libertad personal, pero con mucho cuidado, porque si solo tiene el dato la temperatura faltan muchas cosas. “En lo referente al pasaporte serológico, no lo veo, porque no tenemos información suficiente como para saber que está realmente inmunizada una persona que tenga anticuerpos. Creo que el pasaporte crearía más confusión que ayuda y sería discriminatorio, además de difícil encaje con la libertad personal. Hay que buscar las mejores herramientas técnicas que al tiempo supongan la menor intrusión en la privacidad y libertades personales”.

Sobre cómo espera que vuelva el COVID-19, si mutado, hibridado o más debilitado, Quindós apunta que con los datos disponibles no pueden sacar muchas cosas en claro. “La tendencia es que se adapte e intente multiplicarse, pero por la experiencia con otros virus, lo habitual en cualquiera que proceda de un animal, como es este caso, es que tienda a habituarse al hospedador, dañándolo lo menos posible y pasando más desapercibido. Creo que volverá más atenuado, pero no tengo la certeza absoluta, aunque basándonos en experiencias previas es lo que pensamos la mayoría”, explica esperanzado.