La dislipemia es la alteración de los niveles de cualquier componente del perfil lipídico de un paciente, tanto por exceso como por defecto. Se pueden clasificar en dislipemias primarias, secundarias o asociadas a una enfermedad subyacente, y mixtas, que son consecuencia de la interacción entre la predisposición genética del individuo y los factores ambientales.

Entre las primeras está la hipercolesterolemia, que puede ser poligénica, familiar monogénica (homocigota o heterocigota), familiar combinada, apolipoproteína B-100 defectuosa familiar.

También se encuentra en este grupo las hipertrigliceridemias, bien familiares o esporádica, disbetalipoproteinemia familiar o hiperlipoproteinemia de tipo III, deficiencia familiar liproteinlipasa y Apo CII.

Entre las dislipemias mixtas, hay que citar la hiperlipemia familiar combinada, hiperlipemia mixta esporádica, disbetalipoproteinemia familiar o hiperlipoproteinemia de tipo III.

Detectar la dislipemia

Es recomendable la búsqueda activa de pacientes con dislipemia de forma oportunista, aprovechando cualquier contacto del paciente con los servicios sanitarios.

Las concentraciones de colesterol total, de colesterol de las LDL, de colesterol de las HDL y de triglicéridos (perfil lipídico) se miden mediante un análisis de sangre. Puesto que el consumo de alimentos o de bebidas puede aumentar temporalmente la concentración de triglicéridos, se debe ayunar al menos durante las 12 horas anteriores a la extracción de la muestra de sangre.

Cuando el nivel de lípidos en la sangre es muy alto, se realizan otros más específicos para identificar el trastorno subyacente. Entre estos se pueden encontrar varios trastornos hereditarios (dislipidemias primarias) que generan diferentes anomalías lipídicas y que presentan distintos riesgos.

Se suele realizar esta prueba cada 5 años a partir de los 20 años de edad como parte de la evaluación del riesgo que presenta la persona afectada de sufrir enfermedad de la arteria coronaria.

Cribados

Además de medir las concentraciones de lípidos, también se efectúa un cribado de otros factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, como presión arterial elevada (hipertensión), diabetes o antecedentes familiares de concentraciones elevadas de lípidos.

En niños y adolescentes se recomienda hacer un cribado utilizando un perfil lipídico en ayunas entre los 2 y los 8 años de edad si el niño presenta factores de riesgo, como tener un familiar con dislipidemia grave o que ha desarrollado una arteriopatía coronaria a una edad temprana.

Los que no tengan factores de riesgo deben someterse a un cribado mediante un perfil de lípidos sin ayunar. S suele realizar antes de que el niño alcance la pubertad, generalmente entre los 9 y los 11 años, y luego entre los 17 y los 21 años de edad.

Prevención

La principal indicación para el tratamiento de la dislipemia es la prevención de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica, que incluye el síndrome coronario agudo, el ataque isquémico transitorio y la enfermedad arterial periférica. El tratamiento se indica para todos los pacientes con enfermedad cardiovascular aterosclerótica, prevención secundaria, y para los que no tienen enfermedad según su riesgo cardiovascular.

Los valores de LDL-C están relacionados con enfermedad cardiovascular ateroesclerótica y la reducción de las partículas de LDL y otras lipoproteínas que contienen ApoB reduce los eventos cardiovasculares. Por eso, cuanto más bajo, mejor. Un descenso de 39 mg/dl (1mmol/l) de LDL-C consigue una reducción de un 20% de la enfermedad coronaria.

Estilo de vida

La primera actividad dentro del plan terapéutico es la modificación del estilo de vida y la educación del paciente. El tratamiento farmacológico se inicia en los casos en los que estas medidas no sean suficientes para alcanzar los objetivos terapéuticos o en situaciones clínicas concretas. Se ha observado que con las modificaciones del estilo de vida del paciente se pueden conseguir reducciones de entre el 5 % y el 15 % de los niveles de cLDL.

En cuanto al tratamiento farmacológico, se debe elegir la estatina adecuada para alcanzar la meta terapéutica. Debe ajustarse la dosis hasta la máxima recomendada o tolerable hasta alcanzar el objetivo terapéutico antes de añadir otros fármacos, como ezetimiba o inhibidores de la proteína convertasa subtilisina/kexina de tipo 9 (PCSK9). En caso de intolerancia a las estatinas, la ezetimiba es de elección y si no se alcanza el objetivo terapéutico se puede valorar añadir un inhibidor de la PCSK9.

Adherencia

En el control de las dislipemias es importante la adherencia terapéutica. Una combinación fija que permita reducir el número de comprimidos tiene un impacto positivo en el cumplimiento de la prescripción, que asegura obtener el resultado esperado. La terapia combinada de estatinas con ezetimiba es efectiva teniendo en cuenta los mecanismos de acción complementarios y consigue importantes reducciones de cLDL sin aumentar los efectos secundarios.

La administración combinada de rosuvastatina con ezetimiba reduce los niveles de LDL entre el 40 y 60%. Se ha aprobado para el tratamiento de la hipercolesterolemia primaria, hiperlipidemia combinada y la hipercolesterolemia familiar heterocigótica.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina Familiar Carmen Lires Rodríguez, del Centro de Salud Porto do Son; José Rubén Blanco Rodríguez, del Centro de Salud Lousame; Manuel Lado Lado, del Centro de Salud Vite; Germán Allut Vidal, del Centro de Salud Rianxo, y José Manuel Rodríguez Leis, Manuel Antonio Sánchez Díaz, Javier Luño Comps, Fernando Urtasun Brito, Julián Andrés Tamayo Serrato, Ricardo Moya Medina, Patricia Carrión Maroto, Manuel Gil Marrero, Javier Legrá Rodríguez, Mabel Tavarez Durán, Jorge Oriuhuela de la Cal, Marcelino López Álamo, Salvador Rey Suarez, Rafael Rodríguez González, Francisco Antonio Cofan Sabas, Jordi Reguart Aransay.