Hematólogos, cardiólogos, internistas y neurólogos han analizado la relación entre trombosis y COVID-19 en el IV Foro Debate Multidisciplinar en trombosis’. Esta edición ha tenido como título ‘COVID-19 y trombosis: ¿Qué sabemos y qué desconocemos?’. Las impulsoras de este proyecto han sido las Sociedades Españolas de Trombosis y Hemostasia (SETH), Neurología (SEN), Cardiología (SEC) y Medicina Interna (SEMI).

Los coordinadores del Foro han sido Raquel Barba Martín, María del Mar Castellanos Rodrigo, José Antonio Páramo Fernández e Inmaculada Roldán Rabadán.

Infarto y COVID-19

¿Hay casos de infarto por alguna de las vacunas contra la COVID-19? La respuesta de Luis David Vivas Balcones, especialista en Cardiología, ha sido categórica: “Realmente, no. No hay ninguna relación entre el aumento de la incidencia de un infarto de miocardio y cualquier tipo de vacuna de cualquier marca comercial. No se han descrito”.

Según ha añadido, es mucho más frecuente que una persona que esté vacunada tenga un infarto por motivos naturales a que sea debido al mecanismo fisiopatológico de ponerse cualquier vacuna.

Tratamiento del síndrome post-COVID-19

Luis David Vivas, especialista del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, es también coordinador nacional del Grupo de Trombosis Cardiovascular de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). En su intervención, ha hablado del tratamiento del síndrome post-COVID-19. “Lógicamente, van a empezar a aparecer muchos datos en los próximos meses. Por la experiencia de mi hospital, sabemos que la mayoría de estos pacientes se han recuperado sin precisar ningún tipo de tratamiento”.

Infección asintomática

Dolores Joya Seijo, jefe asociado de Medicina Interna del Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Madrid, ha recordado que “la infección por la COVID-19 suele ser asintomática, pero el 20% de los pacientes ingresan en un hospital”. “Se trata de una enfermedad fundamentalmente respiratoria, y también produce alteraciones de la coagulación y complicaciones trombóticas”. Por ello, Dolores Joya ha destacado la necesidad de revisar la enfermedad tromboembólica venosa y la hipercoagulabilidad asociada a la enfermedad.

También José Antonio Rueda Camino, especialista del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid, ha aportado la visión de la Medicina Interna. Entre otros aspectos, se ha referido al dímero D. En su opinión, “no existe un punto de corte claro con un buen valor predictivo positivo que permita identificar, en base al dímero D, los pacientes que se benefician de prueba de imagen”.

Trombosis y COVID-19

La relación entre la COVID-19 y la trombosis ha sido uno de los temas que más ha preocupado a los especialistas en los últimos meses. Una de las profesionales que ha hablado de este vínculo ha sido María del Mar Castellanos, jefa del Departamento de Neurología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña.

Según ha indicado, la mayor predisposición a la trombosis en relación con la infección por COVID-19 es responsable de “formas de afectación muy grave”. “Condiciona la posible aparición de afectación cardiaca y neurológica. También favorece la aparición de embolismo a nivel pulmonar y trombosis venosas en otras localizaciones”, ha comentado.

Efectos secundarios de la vacuna COVID-19

De los efectos secundarios de la vacuna COVID-19 ha hablado José Antonio Páramo Fernández, consultor del Servicio de Hematología de la Clínica Universidad de Navarra y expresidente de la SETH.

“Determinados tipos de vacunas, sobre todo las adenovirales (AstraZeneca y Janssen), se han asociado de una manera muy infrecuente con la aparición de una trombosis muy inusual”. “Recibe el nombre de trombosis de seno venoso cerebral, con la característica de que cuando aparece lo hace asociada a un descenso de la cifra de plaquetas”.

Trombosis y COVID-19

Entre el quinto y el 20º día tras la administración de la vacuna, el paciente puede acudir a la consulta con una cefalea intensa en un lado del cerebro que no se va con analgésicos convencionales. Esta cefalea duele más al acostarse, va acompañada de síntomas neurológicos, incluso vómitos y trastornos de conciencia, en algunos casos.

Este cuadro de trombosis venoso-cerebral, y a veces también abdominal, es el más relevante asociado a estas vacunas. “Es una rareza”, como ha recalcado el Dr. Páramo. Ocurre en, aproximadamente, 1 de cada 100.000 vacunados. “El beneficio de la vacunación es mayor que el riesgo. Uno de cada cinco pacientes hospitalizados con COVID grave desarrolla trombosis, frente a 1 de cada 100.000 que la pueden desarrollar con la vacuna. Si comparamos ambas estadísticas, es evidente que el beneficio supera al riesgo”, ha comentado.

Secuelas neurológicas

De las posibles secuelas neurológicas de las personas que han superado la COVID-19 ha hablado Tomás Segura Martín, jefe de Servicio de Neurología del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete. Entre otros aspectos, ha hablado de los aspectos neuropsiquiátricos post-COVID.

“En nuestra consulta estamos teniendo un auténtico aluvión de consultas con sintomatología de este nuevo síndrome post-COVID o COVID persistente. Realmente, lo que domina el cuadro clínico es la sintomatología neurológica. El 80% de los pacientes se queja por problemas neurológicos”. Por ello, en el Hospital de Albacete se ha abierto una consulta específica para atender a pacientes con síndrome post-COVID.

Control de la respuesta inflamatoria

Respecto a la prevención secundaria en los pacientes contagiados por el SARS-CoV-2, José Ramón González Porras, hematólogo del Complejo Asistencial de Salamanca, ha comentado que todavía no hay conclusiones determinantes. “En la COVID-19 entiendo mejor el concepto de inmunotrombosis que tromboinflamación. Es fundamental atacar la respuesta inflamatoria exagerada, pero todavía no hemos conseguido controlar bien esta fase en algunos pacientes”.

Respecto a las posibilidades terapéuticas, ha apuntado los resultados con la heparina. “Queda por dilucidar a qué dosis, pero sí parece que la heparina a dosis alta, utilizada precozmente, puede mejorar el proceso inflamatorio”. En cualquier caso, ha añadido González Porras, “es difícil definir qué agente antitrombótico resulta mejor en cada escenario”.