Los dos años de pandemia COVID-19 han supuesto un darse de bruces con las fortalezas y las debilidades del sistema sanitario. Son bastante bien conocidas las opiniones de la ciudadanía y de los medios, pero la de los profesionales es menos sabida y resulta ser crucial. Precisamente para conocer esta opinión profesional de sanitarios y directivos de Atención Primaria, se les ha preguntado en una encuesta de la Sociedad Española de Directivos de Atención Primaria (SEDAP), en colaboración con el MÉDICO INTERACTIVO bajo el patrocinio de la compañía farmacéutica Sanofi. Para los profesionales de la salud, la detección del primer problema que presenta nuestro sistema sanitario está bastante claro: la falta de inversión, como señalan un 56 por ciento de las respuestas; en segundo lugar, con un 23 por ciento, se citan las cuestiones estructurales y organizativas. Este 79 por ciento que resulta de sumar ambos grupos marca los intereses e inquietudes profesionales más acuciantes y relevantes de los encuestados, indicando el camino de posibles cambios y soluciones.

Desprestigio

Hay un 5,4 por ciento de los profesionales que cita un problema tan importante como delicado, el desprestigio de la AP. No menos importante es que casi un 5 por ciento de los profesionales crea que muchos de los “chirridos” de la AP se derivan del mal uso que se hace de ella. También es una llamada de atención a los dirigentes el que un 3 por ciento opine que la sanidad está excesivamente politizada.

Aunque es posible que algunos pensaran que la pandemia es “la culpable” de todos los males, en realidad tan solo un 4,5 por ciento de los profesionales encuestados ve en ella las razones de fondo de los problemas que acechan a la AP.

Falta de inversión y sus derivadas

Situados en ese altísimo porcentaje que pone la alerta en la falta de inversión, la encuesta realiza muy bien el diagnóstico al centrar y poner el foco en las situaciones problemáticas derivadas de esa escasa inversión: la falta de personal es destacada por un 56 por ciento, la precariedad laboral por un 23,2 por ciento y la falta de recursos materiales por un 20,8 por ciento.

Los encuestados no solo detectan las cuestiones problemáticas en la inversión y financiación, sino que marcan claramente las tres dianas y además en el orden de su preocupación profesional, destacando como de alta incidencia la falta de personal.

Precariedad

Más allá de manifestaciones, movilizaciones o huelgas en la sanidad pública los profesionales, especialmente en AP, remarcan en sus respuestas a la encuesta esa realidad de escasa inversión y de precariedad laboral.

Dentro de esta precariedad los encuestados afinan más: un 24,1 por ciento señala los sueldos insuficientes, un 13,8 por ciento los contratos precarios, los malos horarios un 6,9 por ciento; pero en realidad el eje de su queja como mal endémico es el elevado nivel de carga laboral, cuestión que cita el 55,1 por ciento de los encuestados.

Fallos estructurales organizativos

Tras la financiación, el segundo gran problema que ponen sobre la mesa son los fallos estructurales y organizativos. Para el 15,8 por ciento hay excesiva burocracia, un 26,3 por ciento enumeran problemas organizativos en general, tales como mala organización de los centros de AP, falta de trabajo en equipo y deficiente coordinación con hospitales, pero para el 57,9 por ciento de los encuestados el meollo del problema está en una política sanitaria errónea.

Teniendo en cuenta que estos resultados son de un estudio abierto y de un tamaño muestral suficientemente importante, aunque no aleatorio, el diagnóstico que hacen en sus respuestas los profesionales puede servir perfectamente para poder encarar una mejora y, quizás, una transformación profunda en los servicios sanitarios de AP.

Cambio de gestión

Para transformar la gestión que impulse los servicios de Atención Primaria (AP), el 62 por ciento de los encuestados empezaría por mejorar las circunstancias en el ejercicio profesional (adecuada dimensión de plazas, cupos y agendas), las condiciones laborales y retributivas y en alcanzar un verdadero liderazgo y autonomía en la gestión de equipos profesionales.

El 8,70 comenzaría por rediseñar competencias y potenciar nuevos roles profesionales, mientras que un 16,29 incrementaría el tiempo de consulta, así como la mejora en el liderazgo de AP y la profesionalización de la gestión de AP.

Acrecentar presupuestos y recursos a la AP, ampliar las actividades de promoción y prevención y eliminar la burocracia y tareas que no aportan valor es exigido por un 12 por ciento de los encuestados.

Para contabilizar los resultados del cambio de gestión, el 52 por ciento de los profesionales considera que debe hacerse midiendo la satisfacción de profesionales y pacientes y por los resultados en salud.

Las consejerías

Frente a los mensajes, dirigidos tanto a los profesionales como a la ciudadanía, de su apuesta decidida por la AP por parte de las diferentes Consejerías de Salud de las Comunidades autónomas, el 75,21 de los profesionales afirma que las consejerías tienen todavía un margen de mejora sustancial, qué podrían hacer más por ella y, sobre todo, que debieran de tenerla más presente en sus decisiones. Solo el 6,84 por ciento considera que los dineros destinados por su Comunidad a la AP son suficientes.