La terapia inhalada es el tratamiento de elección en varias enfermedades respiratorias como puede ser el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Si bien la vida útil de la mayoría de los inhaladores suele ser similar, no todos son igual de sostenibles, por lo que esta característica también se debería tener en cuenta a la hora de prescribirlos.

Es unas de las principales consecuencias de un debate entre médicos de Atención Primaria sobre el manejo de enfermedades respiratorias. En ese escenario, el doctor Raúl Rodríguez Muños, del Centro de Salud Lucena II, en Córdoba, indica que el mayor impacto ecológico de los inhaladores que se utilizan habitualmente reside en los hidrofluorocarbonados que utilizan como propelente. Es decir, se trata de los gases en suspensión que se utilizan para activar su uso.

Sin embargo, esto solo se refiere a los dispositivos de cartucho presurizado de dosis medida, los denominados pMDI (Pressurized metered-dose inhalers) “y cuyo efecto invernadero es ampliamente superior a aquellos de polvo seco o Dry Powder Inhalers (DPI)”.

Se va teniendo más en cuenta

En palabras de la doctora María José Andújar Morales, del Centro de Salud Villanueva de los Infantes, en Ciudad Real, el conocimiento sobre la contaminación que producen los inhaladores es relativamente reciente si se compara con otros ámbitos en los que ha habido más exposición pública.

El doctor Javier Roquette Mateos, del Centro de Salud Baena, en Córdoba, considera que tanto los médicos de Atención Primaria como en la especialidad de Neumología deben estar más concienciados de la huella de carbono que ocasionan los inhaladores. Asimismo, dice que se debe intentar, desde el ámbito de la salud, reducir las emisiones hacia el medio ambiente del dióxido de carbono mejorando tanto la salud del planeta como la de la ciudadanía.

Este experto también incide en el papel fundamental que juegan la visita médica y los laboratorios al hacer, cada vez, más hincapié en este aspecto para que los médicos lo tengan presente.

Proyectos pioneros

Por su parte, el doctor Fernando Álvarez-Franco Cañas, reconoce que ha puesto en marcha un programa de implantación progresiva de inhaladores de polvo seco adecuándolo al perfil del tipo de paciente en función de sus características clínicas y epidemiológicas.

“En este momento, la terapia inhalatoria utilizada en el tratamiento de mis pacientes supone aproximadamente el 50 % de total de los broncodilatadores, especialmente, en los que lo usan como rescate para el tratamiento de los síntomas agudos”, apunta.

“En mi caso, el salbutamol con dispositivo pMDi es un fármaco que tiene una alta utilización todavía en muchos pacientes, aunque va disminuyendo próximamente a medida que se van incorporando las nuevas tecnologías de polvo seco”, agrega. Además, indica que lleva a cabo una labor informativa, implicando a Enfermería de Atención Primaria, explicando a los pacientes el efecto pernicioso a nivel atmosférico en salud medioambiental de los tratamientos con dispositivos inhalatorios antiguos.

Diferencias entre inhaladores

Lo cierto es que ya el protocolo de Montreal de 1987 contemplaba la eliminación de forma gradual de la producción y uso de gases clorofluorocarbonos (CFC) y su sustitución por gases hidrofluorocarbonados (HFC) que, aunque no dañan la capa de ozono, producen gases de efecto invernadero superior al CO2, tal como resumen varios doctores. Ahora se pone más el foco en el impacto en la huella de carbono que tienen los inhaladores presurizados.

Según los datos que maneja la doctora Andújar, en España se vendieron el pasado año cerca de 30 millones de inhaladores, la mitad de ellos pMDI (unos 14 millones), otros 13 millones fueron dispositivos de polvo seco y tres de niebla fina.

Los inhaladores pMDI contienen entre sus componentes gases licuados y comprimidos que actúan como propulsores 15para poder atomizar el fármaco que se administra y bombearlo al usuario.

Emisiones de dióxido de carbono

La doctora María Aránzazu Recio Úbeda, del Centro de Salud Priego, en Córdoba, alude a un estudio de unos investigadores suecos liderado por Christer Janson y publicado en la revista Thorax un artículo titulado Carbon foot print impact of the choice of inhalaer for asthma and COPD. Dicho estudio concluye que un inhalador pMDI genera una huella de carbono hasta 246 veces superior en fase de reciclaje suponiendo la emisión de 7,38 kilos netos de CO2 frente a los 30 gramos producidos por un inhalador de polvo seco.

“Estas cifras de emisiones de CO2 son extremadamente elevadas en la fase de uso (19,39 kilos netos de CO2 frente a cero emisiones de los inhaladores de polvo seco) y también son superiores durante su fase de manufactura (1,11 frente a 0,73)”, añade la especialista.

Considerando un uso medio de dos dosis por día durante un año, los inhaladores pMDI generan 205,0 kilos netos de CO2 frente a unas emisiones de sólo 9,5 kilos de los inhaladores de polvo seco, concluye.

El doctor Mauricio Amador Cabrera, del Centro de Salud de Granadilla, en Santa Cruz de Tenerife, pone un ejemplo más gráfico: “Los pMDI dejan una huella de carbono entre 20 y 30 veces superior respecto a los DPI, lo que equivaldría a recorrer en coche una distancia de 65 kilómetros mientras que el uso de un inhalador de polvo seco supondría recorrer 1 km en el mismo tipo de vehículo”.

Lo que dicen las sociedades científicas

Este experto destaca que son varias las sociedades, especialmente la de Neumología, las que están dando la voz de alarma sobre el efecto de los inhaladores tipo pMDI en el cambio climático, por lo que recomiendan su sustitución progresiva por inhaladores que no contengan propelentes halogenados.

En ese sentido, la doctora Andújar recuerda una campaña de la Sociedad Española de Neumología (SEPAR), en colaboración con el SIGRE, para concienciar sobre la necesidad de reciclar los inhaladores. “En ella se buscaba también la complicidad de los profesionales sanitarios para enseñar a utilizar los inhaladores correctamente y a reciclarlo una vez esté vacío el envase”, dice.

Por su parte, la última actualización de la Guía Española para el Manejo del Asma (GEMA), en relación con los inhaladores de cartucho presurizado (pMDI), señala que los propelentes hidrofluorocarbonados (HFC) que utilizan “contribuyen al calentamiento global como gases de efecto invernadero”. También indican que se están investigando nuevos propelentes HFC menos contaminantes, pero “hasta que estos no estén disponibles, podría ser preferible el uso de dispositivos de polvo seco o niebla en nuevos pacientes > 6 años o con flujo inspiratorio > 30 l/min”, recoge la guía.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores: Raúl Rodríguez Muñoz, Antonio Barca Romero, Julián Garrido Jiménez, Marcos Pardo Fernández, Mauricio Amador Cabrera, Fernando Álvarez-Franco Cañas, Francisco Javier Roquette Mateos, María Aránzazu Recio Úbeda y María José Andújar Morales.