Los beneficios del tratamiento con Inhibidores de la Bomba de Protones (IBP), tanto a corto como a largo plazo, superan los posibles riesgos o efectos secundarios, siempre y cuando la indicación clínica además de la dosis y la duración del tratamiento sean adecuados, según el Posicionamiento sobre Efectos Adversos de los IBP, un documento recientemente publicado por la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) en su revista científica REED (Revista Española de Enfermedades Digestivas).

El consumo de IBP -omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, rabreprazol y esomeprazol- en España ha aumentado de forma considerable en los últimos años, pasando de 21,8 dosis diarias definidas por cada mil habitantes en el año 2000, a 96,57 dosis diarias definidas por mil habitantes en el año 2008.

“En los últimos años hemos pasado de una situación en que todo el mundo tomaba IBP y en la que hemos tenido incluso un problema de automedicación, a una situación inversa, en el que un número considerable de personas se acercan a las consultas de Atención Primaria demandando mayor nivel de información sobre IBP o de pacientes que estando correctamente tratados con IBP quieren abandonar el tratamiento por temor a sus consecuencias”, explica Cristóbal de la Coba, especialista en Aparato Digestivo y uno de los autores del posicionamiento.

“Desde la SEPD, creemos que se deben destinar esfuerzos a evitar la prescripción inadecuada, especialmente en las personas ancianas polimedicadas y las personas dadas de alta tras una estancia hospitalaria, y es fundamental informar a los pacientes de la duración adecuada de su tratamiento y de cómo evitar otros factores de riesgo asociados a estos efectos adversos”, afirma De la Coba.

Administración de IBP a largo plazo

En relación a los efectos secundarios potencialmente graves que se han relacionado con la administración continuada y a largo plazo de los IBP, cabe destacar: déficit de vitamina B12, y magnesio, efectos neurológicos, aumento del riesgo de fracturas óseas, especialmente de cadera en personas mayores, mayor riesgo de enfermedades entéricas y neumonía, complicaciones en pacientes con cirrosis hepática o la interacción con algunos medicamentos que inhiben la formación de coágulos en enfermedades coronarias y cerebrovasculares. Respecto a estos efectos secundarios, De  la Coba considera: “la evidencia científica que hemos revisado en el documento de posicionamiento no tiene el suficiente peso y plantea sobre la causa final de estos efectos adversos” y llama a la prudencia y a estar alertas para evitar el desarrollo de estas complicaciones en los pacientes con mayor riesgo de padecer estas enfermedades