El comienzo de la vacunación ante el coronavirus ha supuesto una gran noticia. Pero también un nuevo escenario que plantea nuevas incertidumbres. Entre ellas, la convivencia entre los no vacunados y del paciente inmunizado frente a SARS-COV-2. Ante las dudas expuestas por diferentes colegiados, el Comité Científico del ICOMEM sobre la COVID 19 ha elaborado un nuevo documento al respecto.

Pese a ello recuerdan que hay que seguir el problema de las reinfecciones a lo largo del tiempo.  Cabe esperar que estas vayan aumentando como consecuencia del declinar de la respuesta inmune. También por el impacto que puedan tener las nuevas variantes, aunque esto también debe ser confirmado.

Por otra parte, la necesidad de revacunación con la misma o nuevas vacunas es, en este momento, meramente especulativa. La información existente impide hacer cualquier precisión sobre este tema.

Experiencia en el paciente inmunizado

La evidencia científica y la experiencia llevan a afirmar que el riesgo de infección en el paciente inmunizado es baja. Tanto en los pacientes vacunados como en los que han pasado previamente la infección. Cuando ocurren infecciones de brecha, suelen ser asintomáticas o paucisintomáticas. Es por ello que, en principio, tendrían una menor capacidad de transmisión a otras personas.

De esta forma, el ICOMEM recomienda que el paciente inmunizado que tiene contacto con un paciente infectado por SARS-CoV-2 pueda evitar la cuarentena. Siempre y cuando se encuentre asintomático. Asimismo, habrá que tener en consideración la edad, la profesión, las variantes circulantes, el grado de contacto y el tiempo pasado desde la vacunación. Igualmente, se desaconseja la utilización de pruebas serológicas con carácter indiscriminado para el seguimiento de pacientes tras la infección natural o la vacunación. En este momento se ignora su significado clínico y sus consecuencias prácticas.

En la práctica clínica, el cribado con PCR de los pacientes que van a ser hospitalizados debería mantenerse por el momento. Todo en aras de evitar brotes nosocomiales, hasta que las tasas de transmisión comunitaria en nuestro entorno desciendan más. Por el contrario, podrían evitarse las pruebas de cribado en la actividad ambulatoria.  Sobre todo en aquellas en las que el contacto del paciente vacunado se restringe a personal sanitario, también vacunado.

Por último, la evidencia en países con una alta proporción de la población vacunada sugiere ya la posibilidad de que las personas plenamente vacunadas prescindan del uso de las mascarillas y del distanciamiento social en la mayoría de las circunstancias.