En los últimos años numerosos estudios, tanto en adultos como en población infantil, sugieren una conexión entre la obesidad y el asma. De hecho, ambos representan un problema de salud pública por la probabilidad de muerte temprana y discapacidad en un gran número de pacientes.

Según el Dr. Jorge Iván Rodríguez Martínez, neumólogo pediatra de la Clínica Valoración Médica Metropolitana, 5 de cada 10 infantes con obesidad tienen alta probabilidad de desarrollar asma, por lo cual, en el marco del Día Mundial contra la Obesidad, que se conmemora cada 12 de noviembre, expuso la necesidad de que, además de llevar un tratamiento médico adecuado, cuya piedra angular es la terapia inhalada con broncodilatadores de acción prolongada, se integre a los pacientes a un programa de control de peso.

Recordó que la obesidad está estrechamente ligada a un estilo de vida donde hay poca actividad física y una inadecuada alimentación, lo que ha generado que a nivel mundial existan más de 340 millones de niños y adolescentes (de 5 a 19 años) con sobrepeso u obesidad.

El asma, por su parte, es una enfermedad heterogénea, que se caracteriza por inflamación y obstrucción de las vías aéreas como consecuencia de factores genéticos y estímulos desencadenantes que provoca síntomas como tos, sibilancias, falta de aire u opresión en el pecho, los cuales sin un control adecuado pueden agravarse dando lugar a las crisis o exacerbaciones, que son el principal motivo de urgencias, hospitalización, ausentismo y bajo rendimiento escolar.

¿Por qué se relaciona el asma con la obesidad?

El Dr. Rodríguez Martínez expuso que se desconoce la causa exacta que relaciona asma con obesidad. Sin embargo, se sabe que en ambas enfermedades hay una interacción compleja entre genes, factores inmunológicos e inflamatorios, hormonales y nutricionales, cuya expresión visible es el fenotipo. La obesidad, por ejemplo, no solo está relacionada con el desarrollo de alteraciones ortopédicas, gastrointestinales, hipertensión y diabetes mellitus tipo 2, entre otras, sino que también afecta el funcionamiento de los pulmones. Por tanto, es un factor de riesgo importante para el desarrollo de asma”.

Asimismo, el aumento de peso en una persona que vive con dicha enfermedad respiratoria empeora los síntomas, dificulta el control y afecta la respuesta a los medicamentos. “Esto, justifica la adición de la obesidad a la lista de fenotipos ya conocidos que incluyen: asma alérgica, ocupacional, inducida por el ejercicio, nocturna, sensible a medicamentos y grave”.

El especialista subrayó que el asma en los niños con sobrepeso suele ser más grave, con más dificultad respiratoria, más crisis agudas y necesidad de medicinas para tratar los síntomas, por lo que no es raro que 5 de cada 10 infantes en edad escolar no estén bien controlados a pesar de que reciben corticoides inhalados o un agonista ßeta2 de acción prolongada.  “En muchos casos, incrementar la dosis de alguno de ellos no es lo más recomendable. Y es que la medicación habitual alivia la inflamación de las vías respiratorias y el broncoespasmo pero no da una solución definitiva, de ahí que este grupo siga presentando exacerbaciones”.

Señaló que un buen tratamiento farmacológico no solo es aquel que controla las manifestaciones clínicas de la enfermedad, la estabilidad funcional y reduce la utilización de medicamentos de rescate frente a las crisis, sino que también prevé recaídas futuras.