La presión arterial  inadecuada es la principal causa de mortalidad mundial, responsable de 7,1 millones de muertes al año. El  63,4 por ciento de los hipertensos son conscientes de su enfermedad y de estos el 45,3 por ciento está con tratamiento y cerca del  29,3 por ciento consiguen valores de PAS/PAD por debajo de 140/90 mmHg, según explica Gregorio Tibeiro López, de Pamplona, quien añade que para alcanzar el objetivo es probable que gran parte de los pacientes requieran un tratamiento combinado con más de un fármaco.

En este contexto, Félix Javier Robles Alonso señala que el control de la hipertensión debe individualizarse en función del riesgo cardiovascular de cada paciente, teniendo en cuenta si es diabético, si existe enfermedad cardiovascular conocida y función renal adecuada o alterada, entre otros factores. Pero como norma general, el especialista indica que las cifras objetivo deben se 140/90 mmHg, aunque se valora reducirla en determinados casos.

Por su parte, el médico general Javier Uría Ibarguengoitia apunta a que para un buen control de las cifras tensionales se deben combinar las lecturas de la consulta con las de fuera de la consulta; AMPA y MAPA. De esta forma, siguiendo la guía de la ESH/ESC se podría clasificar en la consulta en óptima con cifras de 120/80 mmHg; normal, 120-129/80-84 mmHg; normal alta, 130-139/85-89 mmHg; HTA grado 1, 140-159/90-99 mmHg; HTA grado 2,  160-179/100-109 mmHg; HTA grado 3, 180/110 mmHg y HTA sistólica aislada <90 mmHG. Si es en función de los valores en consulta o fuera de ella sería: PA en consulta 140/90 mmHg; diurna con el paciente despierto, 135/85 mmHg; nocturna durante el descanso 120/70 mmHg, PA de 24 horas 130/80 mmHg y PA en el domicilio 135/85 mmHg.

Determinaciones

Para Ana Puchalt Cervello, el control de la hipertensión debe hacerse mediante tomas periódicas de la tensión arterial, ya que no todos los pacientes son conscientes de sus riesgos.

En esta misma línea se manifiesta Francisco Javier Monfort Ferrara, quien señala que el control de la HTA se lleva a cabo con el seguimiento de las determinaciones. Así, para el registro con AMPA se entrega a los pacientes las normas para que lo puedan hacer y se eligen dispositivos que están validados y calibrados regularmente.

También se puede recurrir a la medición en diferentes ocasiones en la consulta por parte del personal de enfermería para reducir el impacto del efecto de la bata blanca y, en algunos casos, se aconseja recurrir a la MAPA, según el riesgo global del hipertenso. Además, hay que valorar el riesgo cardiovascular del paciente y si hay lesiones en órganos diana. El especialista añade que, evidentemente, los pacientes no son conscientes del riesgo que tienen, por lo que conviene indicárselo utilizando algunas tablas. No obstante, en los últimos años se ha mejorado en la evaluación desde que se dispone de sistema informáticos de prescripción, mientras que en el cumplimiento terapéutico hay que hacer hincapié en los pacientes que tienen una menor adherencia.

Iniciar el tratamiento farmacológico

El inicio del tratamiento farmacológico debe considerarse cuando la HTA mantiene cifras por encima de 140/90mmHg y se han tomado ya las medidas higiénico-dietéticas correspondientes, como explica Eduardo Escrigas Galán, de La Coruña.

Javier Uría Ibarguengoitia añade que no se recomienda iniciar el tratamiento antihipertensivo en pacientes con presión arterial normal alta ni en las personas jóvenes con elevación de la presión arterial braquial, aunque requieren vigilancia estrecha y recomendaciones sobre el estilo de vida.

Siguiendo con la línea terapéutica, Félix Javier Robles Alonso indica que para el paciente hipertenso sin otra patología adicional, en principio, es adecuado cualquier fármaco de los diversos grupos antihipertensivos. No obstante, según su opinión, la mayoría precisa al menos dos fármacos para el control de la presión y recomienda iniciar el tratamiento con un ARA II asociados a un diurético en dosis bajas.

Si el paciente además es diabético, en el tratamiento inicial hay que incluir un ARA II o un IECA y en el paciente con enfermedad coronaria un betabloqueante.