Los músculos y los huesos están a merced del buen funcionamiento de lo que a simple vista no son más que unas “cuerdas” que tiran de los huesos y que reciben el nombre de tendones. Músculos y huesos están unidos gracias a ellos. “cordones gruesos” que transmiten a los huesos la energía que los músculos han fabricado para mover una articulación. El talón de Aquiles es uno de los tendones que mueven nuestro cuerpo, un cordón muy resistente que se extiende desde los músculos de la pantorrilla hasta el talón y que es fundamental para que el pie pueda moverse con libertad. Como cualquier tendón puede inflamarse y de hecho es uno de los que con más facilidad acaban padeciendo una tendinitis.

Por encima del hueso del talón, aproximadamente a cinco centímetros, el tendón se vuelve redondeado y estrecho y es ahí precisamente donde suele aparecer lo que se conoce como tendinitis del tendón de Aquiles o tendinitis aquílea. Abuso, sobrecarga o mal uso de la articulación del tobillo suelen ser los responsables de su aparición debido a que la presión ejercida sobre el tendón es mayor que la resistencia del propio tendón.

Causas

Correr, especialmente largas distancias y con pendientes, tanto cuesta arriba como cuesta abajo, practicar deportes o ejercicios que exigen parar y arrancar bruscamente, como el tenis, o en los que se salte con frecuencia, como el baloncesto, no estirar bien, prescindir del calentamiento antes de hacer ejercicio físico y entrenar en superficies duras son algunas de las prácticas que predisponen su aparición. De hecho, es una dolencia bien conocida por los deportistas, aunque no exclusiva de este colectivo. La artritis puede producir esta lesión en personas de mediana edad y ancianos. también puede que tras la inflamación del tendón haya un traumatismo o una infección. Aún así, centraremos nuestra atención en el mundo del deporte.

Muchas veces el calzado que se utiliza a la hora de hacer deporte tiene la culpa, como un calzado rígido demasiado ceñido (las botas de esquí son un buen ejemplo), una talonera blanda o una suela rígida. De hecho, la aparición de nuevo calzado deportivo, orientado más al rendimiento que a la protección frente a las lesiones, ha aumentado la incidencia de esta lesión entre los deportistas de alto nivel.

En otras ocasiones hay que echar un vistazo al propio “movimiento” de las personas para encontrar la causa, pues ciertos requisitos de nuestra anatomía facilitan la tendinitis. Si rota excesivamente el pie hacia dentro, si utiliza demasiado el extremo posterior del talón, si tiene las piernas arqueadas o una tensión excesiva de los músculos de la pantorrilla, si sus arcos del pie son muy pronunciados, los tendones de Aquiles están demasiados tensos y los talones deformados tiene más probabilidades de acabar padeciendo este problema.

Síntomas y diagnóstico

El síntoma “estrella” de la tendinitis es un dolor que aparece a primera hora de la mañana, con los primeros pasos, y que desaparece poco a poco, a medida que se camina. Pero no esfuma del todo. Tras la actividad o durante la misma regresa con más fuerza y conforme pasa el tiempo se vuelve más constante, incluso puede llegar a ser permanente, convirtiéndose en un obstáculo insalvable para hacer deporte. Si siente este dolor, estará obligado a andar con el pie plano para evitar flexionarlo. Es posible que la piel que lo cubre esté hinchada y caliente, con lo que usar calzado se vuelve difícil, y con frecuencia el talón duele con el simple tacto.

Normalmente al médico le basta con unas preguntas y una exploración para diagnosticar la tendinitis, pero en algunos casos tiene que recurrir a una ecografía o a una resonancia magnética. Durante la exploración, el médico pinzará a lo largo del talón en busca del punto más doloroso y de posibles nódulos que lo engrosen. Para mayor seguridad, puede repetir la prueba mientras el paciente realiza movimientos de contracción muscular y de flexo-extensión del pie, es decir, en los que lo dobla y lo estira.

Tratamiento y prevención

Reposo, hielo y antiinflamatorios no esteroideos, como aspirina e ibuprofeno, suelen ser el tratamiento de referencia frente a la tendinitis aquílea. Además, se debe limitar cualquier actividad que empeore los síntomas. En algunos casos hay que inmovilizar el talón y mantenerlo en alto para permitir que la inflamación disminuya y evitar que empeore. Cuando se observe cierta mejoría se puede utilizar la fisioterapia para acelerar la recuperación, con masajes para estirar el tejido y aumentar el riego sanguíneo. Técnicas como la ultratermia y el ultrasonido también mejoran el ritmo de la recuperación. Si con el tratamiento la situación no mejora, es posible que sea necesaria la cirugía.

La prevención es posible y muy importante, por lo que cuando vuelva al campo de juego no olvide corregir los “vicios” o hábitos inadecuados en su actividad deportiva.

FUENTES: Servicios Médicos Sanitas- Real Madrid, MedlinePlus.