En un momento como el actual en que coinciden varios motores de cambio nos encontramos con la insatisfacción de los diferentes agentes por el acceso de la innovación, “nos debemos preguntar si el sistema para la asignación de recursos que tenemos está dando resultados”, indica Cristina Avendaño, de la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME).

Así arrancaba la mesa de debate celebrada en la segunda jornada del Foro de Alto Nivel, organizada por Farmaindustria y que ha llevado por título: ‘El medicamento y el valor social de invertir en Sanidad’. Ampliar los criterios de evaluación del medicamento incorporando la visión del paciente es una de las ideas destacables en las que han coincidido todos los participantes.

“Hoy en día evaluamos los medicamentos con visión de silo donde solo se tiene en cuenta una visión parcial y sesgada a la que es preciso incorporar la perspectiva social y tener una visión más integral”. Con estas palabras el profesor Álvaro Hidalgo ha reivindicado la necesidad de romper esos silos y apostar por una visión más amplia, integral y holística.

Resultados de calidad de vida

El presidente de la Fundación Weber y profesor de Análisis Económicos en la Universidad de Castilla-La Mancha se ha centrado en el valor diferencial que aportan los distintos agentes porque “la innovación genera beneficios en muchos ámbitos”.

En su discurso ha destacado tres motores que participan en ese valor a medir: la contribución económica, la optimización de los recursos y los resultados en salud y calidad de vida. “Son la palancas que a veces no se cuantifican de la manera más adecuada”. En ese sentido, ha ejemplificado que si en los ensayos clínicos no se tiene en cuenta ese valor que el medicamento tiene para el paciente, cuando el fármaco está listo, ese valor ya no se puede cuantificar, asegura.

Por otro lado, el profesor ha aludido al potencial ahorro en costes que generan los fármacos: los directos sanitarios, los directos que no son sanitarios y los indirectos. Y también a la aportación de la innovación al tejido productivo. “Son variables que se analizan por separado y debemos hacerlo de forma conjunta con una visitón integral que incorpore los intangibles”.

Juntos pero no revueltos

Para Marta Trapero, profesora e investigadora de Economía de la Universidad de Lleida, también es esencial mantener la evaluación económica y sanitaria del medicamento, pero “preservando la rendición de cuentas por separado”. Sin aclarar si considera que los actuales Informes de Posicionamiento Terapéutico (IPTs) están bien elaborados, ha destacado que existe un malestar general con ellos que achaca a que se mezclan los conceptos.

“La evaluación económica y sanitaria deben ir de la mano, no pueden separarse, pero no pueden estar revueltas”, ha puntualizado. Trapero considera que el problema está en la información que se incluye y en cómo se presenta “que parece que está todo mezclado”.

Al mismo tiempo, ha destacado que deberíamos preguntarnos si actualmente se está evaluando todo el valor que aporta la innovación. Según sus palabras, la innovación necesita generar valor en salud, un valor que debe ser medido con un sistema que contemple unos indicadores definidos. “No se trata tanto de coger los datos, sino de saber qué estamos midiendo con esos datos y cómo hacerlo correctamente”.

Tener en cuenta las externalidades

Por su parte, Pedro Luis Sánchez, director del departamento de Estudios de Farmaindustria, ha aludido a la necesaria regulación del sector farmacéutico en aras de garantizar la eficiencia en el funcionamiento del mercado. No obstante, ha señalado que otro objetivo de esa regulación tiene que ver con asegurar que se conoce todo el valor aportado, en este caso del medicamento.

“Un todo que debe englobar la perspectiva social y que debe tener en cuenta las externalidades positivas derivadas del medicamento”, aduciendo a los efectos que tiene sobre los procesos, la reducción de costes y el incremento de la productividad.