La dura experiencia de la Covid-19 ha puesto de manifiesto que invertir en Sanidad no es tanto un gasto cuanto una inversión. “Y una inversión con retornos sanitarios, económicos y sociales”, tal y como ha manifestado el presidente de Farmaindustria, Jesús Ponce. Así lo explicaba en el Encuentro de Alto Nivel El medicamento y el valor social de invertir en Sanidad.

Sin embargo, aunque se haya comprobado durante la pandemia el impacto de esta invertir en Sanidad, estos retornos son difíciles de cuantificar, destacó Ponce. El mismo estuvo acompañado en la apertura del encuentro por el secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa, Gonzalo García Andrés. “Todos nos hemos visto afectados en alguna medida por esta terrible pandemia: hemos tenido familiares que han sufrido, o incluso que han fallecido; hemos tenido problemas en nuestras empresas; hemos padecido la obligación de quedarnos en casa o de salir con mascarilla y guardar distancias; hemos, en fin, experimentado el temor y la incertidumbre de enfrentarnos a lo desconocido. Pero ¿cómo se mide todo esto?”, planteó.

Por ejemplo, el PIB español cayó en 2020 un 11 por ciento, es decir, unos 150.000 millones de euros. “Pero, ¿y el coste de las vidas? ¿De las semanas y meses de ingresos hospitalarios? ¿De las largas recuperaciones de muchos afectados? ¿Y del miedo, de la angustia de una sociedad ante una experiencia que parecía de ciencia ficción?”, se preguntó el experto.

Invertir en Sanidad

Precisamente, para argumentar los retornos de invertir en Sanidad participaban en este foro diversos expertos. Entre ellos destacó la intervención del profesor de Economía de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, Frank Lichtenberg. El mismo abordó el tema de la innovación en medicamentos. Así, existe evidencia empírica de los incrementos en la esperanza de vida y los consiguientes beneficios en productividad y crecimiento económico de los países gracias a los nuevos medicamentos aparecidos en las últimas décadas. De hecho, recordó, ha mostrado que hasta el 73 por ciento del incremento en la esperanza de vida en los países desarrollados se debe a los medicamentos.